El arte africano y el arte clásico occidental, que Léopold Senghor llamó helénico, despliegan dos visiones diferentes del mundo: el arte helénico es realizado, inicialmente, para contemplar de manera estática una representación mimética del mundo; el arte antiguo africano busca involucrar al espectador física y emocionalmente. Éste último se activa a través del cuerpo y del movimiento que va de la obra hacia el espectador y del espectador hacia la obra. En esta pieza, que consta de un conjunto de máscaras hechas de madera y recubiertas por teselas de espejo, Attia alude al modo en que la angulación libre evoca a la poligonía de las antiguas obras de arte africanas; Picasso y otros artistas vanguardistas observaron en ellas su deseo de multiplicar los puntos de fuga en la pintura. Al mirar la máscara, el espectador encuentra su reflejo fragmentado y los destellos de luz introducen su cuerpo en una multitud de puntos de fuga.
El arte africano y el arte clásico occidental, que Léopold Senghor llamó helénico, despliegan dos visiones diferentes del mundo: el arte helénico es realizado, inicialmente, para contemplar de manera estática una representación mimética del mundo; el arte antiguo africano busca involucrar al espectador física y emocionalmente. Éste último se activa a través del cuerpo y del movimiento que va de la obra hacia el espectador y del espectador hacia la obra. En esta pieza, que consta de un conjunto de máscaras hechas de madera y recubiertas por teselas de espejo, Attia alude al modo en que la angulación libre evoca a la poligonía de las antiguas obras de arte africanas; Picasso y otros artistas vanguardistas observaron en ellas su deseo de multiplicar los puntos de fuga en la pintura. Al mirar la máscara, el espectador encuentra su reflejo fragmentado y los destellos de luz introducen su cuerpo en una multitud de puntos de fuga.