El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
El Bicivocho | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Período Siglo XXI
Año 2001
Técnica Fragmento de auto, 2 máscaras anti-smog, kit de primeros auxilios, tanque de oxígeno portátil, bandera, bicicleta, botella de agua, periscopio y caja de metal pintada
Medidas

196 x 153 x 410 cm

Ubicación Vestíbulo y patios
Investigador

Descripción

Helen Escobedo es reconocida en México como una de las primeras artistas preocupada por la relación entre arte y medio ambiente. A lo largo de su carrera –ya fuera a partir de instalaciones, ambientaciones u obras de carácter público– produjo distintas piezas comprometidas con la sociedad y desarrolló varias maneras de relacionar su producción artística con problemas de la vida cotidiana. Como afirma Graciela Schmilchuk, estudiosa de su trabajo, “la triada ciudad-gente-naturaleza que aparece en su obra, en los sitios donde las realiza y en sus acciones, expresa también preocupaciones concretas sobre la calidad de la vida. A la contaminación, enfermedad, soledad o miseria, responde con un afán constructivo funcional, con crítica política, con poética de la libertad, con humor y esperanza, con luz y color”.[1]

En el año 2001, Escobedo materializó una escultura móvil que funciona como una propuesta de movilidad para la Ciudad de México. Ante el caos y la gran contaminación que imperan en la capital del país, la artista imaginó El bicivocho, una obra que a la par de ser un prototipo de transporte público completamente funcional, señala con humor e ironía algunos de los problemas más graves que aquejan a esta ciudad.

A inicios del nuevo milenio, los taxis de la Ciudad de México aún eran en su mayoría vehículos de la marca Volkswagen Sedán, conocidos en el país popularmente como “vochos”. El bicivocho está constituido por la parte trasera de uno de estos automóviles, así como por una bicicleta que lo remolca.

Esta mezcla entre un taxi convencional y un bicitaxi incluye diferentes aditamentos. Entre otros: un periscopio para que el conductor pueda ver por encima de los demás automóviles; una botella de agua para quien lo conduce; mascarillas contra el smog e incluso un tanque de oxígeno portátil; un botiquín de primeros auxilios en caso de cualquier accidente; una bandera nacional; una cobija que recubre los asientos; y, finalmente, una caja para guardar el dinero que alerta sobre el hecho de que el conductor no tiene acceso a este depósito –por lo que no vale la pena asaltarlo. En una entrevista, Escobedo señaló que la obra era mucho más segura que los bicitaxis y apuntó que sería interesante hacer una flotilla de prueba que circulara por la ciudad.

A partir de esta pieza móvil, que entrelaza su producción artística con preocupaciones ambientales, la cultura pop y el imaginario chilango, la artista señala y ofrece algunas soluciones a varios de los problemas más graves de la ciudad –como la contaminación, el tráfico y la delincuencia– además de confort, eficacia y un impacto ecológico responsable.

 

EKA, septiembre del 2020

https://www.jornada.com.mx/2000/12/10/sem-helen.html

Graciela Schmilchuk, Helen Escobedo: Pasos en la arena, México, Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes / Difusión Cultural UNAM / Turner / G.D.E Ediciones, 2001, p. 271.


[1] Graciela Schmilchuk, Helen Escobedo: Pasos en la arena, México, Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes / Difusión Cultural UNAM / Turner / G.D.E Ediciones, 2001, p. 70.

Helen Escobedo es reconocida en México como una de las primeras artistas preocupada por la relación entre arte y medio ambiente. A lo largo de su carrera –ya fuera a partir de instalaciones, ambientaciones u obras de carácter público– produjo distintas piezas comprometidas con la sociedad y desarrolló varias maneras de relacionar su producción artística con problemas de la vida cotidiana. Como afirma Graciela Schmilchuk, estudiosa de su trabajo, “la triada ciudad-gente-naturaleza que aparece en su obra, en los sitios donde las realiza y en sus acciones, expresa también preocupaciones concretas sobre la calidad de la vida. A la contaminación, enfermedad, soledad o miseria, responde con un afán constructivo funcional, con crítica política, con poética de la libertad, con humor y esperanza, con luz y color”.[1]

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