El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo
Canasta con dos hombres montando un perro | El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Canasta con dos hombres montando un perro

Región Occidente de México
Período Preclásico tardío
Año 100 a.C.- 200 d.C.
Técnica Barro modelado, con alisado, pellizcado, pastillaje y puntillado.
Medidas 23   x 10.5  cm
Ubicación Salas de Arte Contemporáneo. Piezas Prehispánicas
Investigador

Dentro del el arte mesoamericano las piezas desarrolladas en occidente se encuentran, sin lugar a duda, entre las más originales. Estas destacan de una forma excepcional por la mezcla y deformación de los objetos, de los humanos y los animales, lo cual produce una pieza que, aún el día de hoy, no deja de sorprendernos e inquietarnos.

            A diferencia de otras culturas, la gran mayoría de las piezas de occidente provienen de un contexto funerario. Las tumbas de esta región tenían una característica particular, ya que se realizaban bajo tierra, donde se excavaban cámaras con un tiro o un gran orificio que podía llegar a tener hasta 20 metros de profundidad desde la superficie a la cámara. En estos lugares se depositaban los cuerpos y se les colocaban ofrendas de vasijas o figurillas, muchas de ellas representando escenas de la vida cotidiana, la actividad del difunto o elementos rituales que le ayudaban en su tránsito al otro mundo. Entre este ajuar, una de las piezas más extrañas y fascinantes son las canastas, las cuales se componen por un animal que carga en su lomo a dos personajes que se funden formando un recipiente de donde sale, la mayoría de las veces, un asa con serpientes.

            El caso de la pieza 1694 de la colección del Museo Amparo se caracteriza por tres partes: la primera es una figura zoomorfa cuadrúpeda; sobre ella se encuentran dos personajes hombres que se funden por la espalda y forman una vasija; la tercera parte, que falta en la pieza, era un asa de canasta cilíndrica sólida con esferas aplicadas al pastillaje y una serpiente descendiendo hacia la figura frontal.

            La figura zoomorfa tiene un cuerpo tubular y con cilindros se elaboran las cuatro patas y la cola. La cabeza, que es modelada en la arcilla, tiene una gran boca abierta con cuatro colmillos triangulares en cada mandíbula. En la inferior sale una banda con el extremo redondeado simulando la lengua. La boca es delimitada por tiras colocadas al pastillaje, mismo procedimiento que se ocupa en los ojos, al crearse el perímetro de dos formas circulares. La cabeza se completa con dos orificios en el centro de la boca, los que simulan la nariz, y dos triángulos en la parte superior para marcar las orejas.

Las figuras superiores forma entre sí una vasija de paredes curvo divergentes con borde redondeado. Una de las figuras mira al frente, hacia la cabeza del animal y la otra hacia atrás, a la cola del cuadrúpedo. En las figuras no se distinguen las extremidades inferiores, ya que éstas se funden con el lomo del animal. La figura frontal tiene un torso recto y del lado derecho surge una forma tubular para representar el brazo, con una banda a la altura del bíceps como adorno. El elemento que más destaca de esta sección es una protuberancia que tiene en la parte inferior, con dos esferas, simulando el pene y los testículos del hombre.

La cabeza es la sección más llamativa. Ésta es de forma triangular, tiene a cada extremo dos orejeras con una perforación en el centro y desde ahí surgen formas oblongas que representan plumas. En medio se localiza otra figura semicircular enmarcada por formas oblongas, que debió tener la cabeza de una serpiente, pero se encuentra fracturada en la actualidad. El rostro está compuesto por facciones sencillas, pero muy llamativas. Los ojos son dos círculos incisos. La nariz, colocada al pastillaje, es muy prominente y tiene una forma aguileña; mientras que los labios apenas son simulados con dos bandas horizontales, creándose con ello un rostro inexpresivo. Además, se encuentran seis perforaciones debajo del tocado y dos más en la barbilla.

El personaje sentado en la parte posterior del jaguar tenía rasgos semejantes, solamente que por la intemperización de la pieza se han ido borrando. De esta figura se distinguen las piernas que se integran al torso del animal y de ahí se desprende el cuerpo del personaje. El brazo derecho, en este caso, se dobla hacia la espalda y sostiene con su mano (simulada únicamente con dos líneas incisas) el torso del hombre que está al frente del animal. Asimismo, aunque la figura se ha deteriorado, queda marcado muy claramente el pene y los testículos del personaje, simulados como un pequeño cono con dos círculos colocados al pastillaje.

La cabeza mantiene la forma triangular, pero en este caso la boca y los ojos se han borrado, quedando únicamente restos de las formas oblongas que simulaban las plumas del tocado y la prominente nariz aguileña en el centro del rostro.

El gran faltante de la pieza es el asa cilíndrica sólida de la canasta, la cual, por analogía con otras piezas, debió tener en la parte externa esferas colocadas al pastillaje que recorrían toda el asa. Del centro debió surgir una forma serpentiforme que llegaba hasta el remate del tocado del personaje frontal, donde estaba la cabeza de la serpiente con un vistoso tocado.

El significado de estas piezas aún está por estudiarse a profundidad. Pero, hay algunas cosas que pueden afirmarse al respecto. En primer lugar, queda claro su carácter ritual y funerario, al encontrarse únicamente en tumbas de tiro. Asimismo, la relación del animal cuadrúpedo, con las orejas puntiagudas, los dientes afilados y una marcada lengua que le cuelga, puede relacionarse con una xoloitzcuincle, animal que ayudaba en el tránsito hacia la región de la muerte en las culturas prehispánicas; aunque también se ha interpretado la presencia de animales en las tumbas de tiro como las posibles figuraciones de los nahuales. Incluso, algunas culturas indígenas piensan que las personas tenemos más de un nahual y que la muerte de uno de ellos afecta a la persona de manera directa y, en cambio, el fallecimiento del individuo repercutía en los nahuales y, posiblemente, causaba también la desaparición de estas entidades.

La representación de los hombres sobre el animal lleva a pensar irremediablemente en el transporte. Llama la atención también la unión de los personajes, los cuales se funden en una misma figura, uno con rasgos más marcados, el otro con sus facciones desapareciendo, mostrando quizá, la doble esencia del humano. Por otra parte, la serpiente que descendía puede estar relacionada con el tránsito, ya que su asociación con el viento, más que vincularse con la brisa que sopla en el mundo, puede ligarse con una fuerza divina que hace que los astros, las nubes y los dioses se muevan.  Por último, faltaría explicar la presencia fálica de la pieza. Una de las interpretaciones de este reptil sostiene que, en un momento primigenio, la serpiente o los troncos del árbol (ambos con un carácter fálico) se enterraron en la tierra, fecundándola y creando la vida. Este acto originario originó el mundo y generó una vía por donde fluían las fuerzas de la naturaleza. Por ello, no es descabellado pensar que la forma fálica representa el carácter creador, fértil y regenerador de la vida, lo cual, sumándole los elementos que se vinculan con el tránsito de la persona, podrían explicar la idea de la muerte, el traslado y la resurrección del difunto, convirtiéndose la pieza en una impresionante síntesis de los sucesos que ocurrirían después de la muerte.

Dentro del el arte mesoamericano las piezas desarrolladas en occidente se encuentran, sin lugar a duda, entre las más originales. Estas destacan de una forma excepcional por la mezcla y deformación de los objetos, de los humanos y los animales, lo cual produce una pieza que, aún el día de hoy, no deja de sorprendernos e inquietarnos.

Obras de la sala

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