Olla azteca III | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla azteca III | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla azteca III | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla azteca III | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Mexica
Estilo Azteca III
Región Valle de México
Período Posclásico tardío
Año 1250-1521 d.C.
Técnica

Anaranjado monocromo. Barro modelado con engobe anaranjado.

Medidas 8   cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 265
Investigador

Descripción

Entre las creaciones más comunes de la humanidad se encuentran las ollas. Este implemento se halla en todas partes del mundo y tienen la misma finalidad: contener o guardar líquidos o alimentos. Estos objetos además poseen una forma semejante, un cuerpo esférico de donde se abre una sección que da paso a un cuello. Pese a esta sencillez, es posible en distintas partes del mundo ver como las diferentes culturas crearon una versión propia de este objeto y, en el caso del México prehispánico, estas particularidades no fueron la excepción. Así, podemos distinguir las ollas con cuerpo en forma de calabaza y un gran cuello curvo-divergente creadas en Teotihuacan o, sólo, para poner un ejemplo más, las ollas aztecas con su cuerpo curvo-convergente y sus paredes rectas.

            A pesar de ello, la dificultad de distinguir entre un tipo u otro es enorme, ya que las variaciones muchas veces son tan sutiles y los materiales que tenemos para identificarlos han llegado tan fragmentados que, si no contienen algún elemento identitario, muchas veces esta identificación puede ser una tarea que lleve toda una vida.

En el caso de la pieza 265 podemos apreciar una olla con las paredes cubiertas por un engobe anaranjado muy saturado. Fue pulido con movimientos horizontales, tanto en el cuerpo como en el cuello, generando una superficie lisa. La vasija consta de una base convexa, con paredes curvo-convergentes y un cuello recto-divergente que crea una boca circular con un borde redondeado. En la parte superior se encuentran dos fracturas, percibiéndose apenas el desplante de un asa sólida de estribo. La pieza fue elaborada a partir de cuatro formas: dos platos curvo-convergentes crearon el cuerpo de la pieza, el cuello se realizó con otras piezas y el asa se colocó por pastillaje al final. Esta elaboración aún se distingue por medio de las uniones que se hicieron de las piezas.

Las ollas, entre los mexicas, tenían distintas funciones, y éstas, en buena medida determinaban su forma. Existían piezas de gran tamaño que debieron de servir para almacenar granos; otras, que presentan marcas de hollín por su constante exposición al fuego, se usaban para la cocción de alimentos; también había piezas que se utilizaban para fermentar el aguamiel e incluso, nos cuentan las fuentes, que en el lago de México había vendedores de agua que pasaban en canoas llenas de este preciado líquido y la gente salía de sus casas con ollas para que se las llenaran con agua potable. Incluso este objeto sirvió como un medio de comunicación con lo sobrenatural y podemos ver ollas lujosamente decoradas como ofrendas en algunos edificios mexicas, como las del Templo Mayor. También González Rul menciona que en Tlatelolco se han encontrado ollas como parte de las ofrendas, ya sea con esqueletos en el interior, cenizas, navajas, telas, puntas de proyectil, entre otros objetos, todo ello perteneciente al ajuar funerario.

La función de la pieza 265 no se puede relacionar ni con el almacenaje de granos, por su tamaño, ni con la preparación de alimentos, ya que no tiene muestras visibles de exposición al fuego. Por lo tanto, pudo servir para almacenar alguno otro alimento más delicado o participaba en prácticas rituales, aunque, la falta de un contexto nos impide decir más al respecto.

Entre las creaciones más comunes de la humanidad se encuentran las ollas. Este implemento se halla en todas partes del mundo y tienen la misma finalidad: contener o guardar líquidos o alimentos. Estos objetos además poseen una forma semejante, un cuerpo esférico de donde se abre una sección que da paso a un cuello. Pese a esta sencillez, es posible en distintas partes del mundo ver como las diferentes culturas crearon una versión propia de este objeto y, en el caso del México prehispánico, estas particularidades no fueron la excepción. Así, podemos distinguir las ollas con cuerpo en forma de calabaza y un gran cuello curvo-divergente creadas en Teotihuacan o, sólo, para poner un ejemplo más, las ollas aztecas con su cuerpo curvo-convergente y sus paredes rectas.

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