El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo
The Volcanoes! | El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla

Jorge Méndez Blake

The Volcanoes!

Período3 Siglo XXI
Período Siglo XXI
Año 2015
Técnica Lápiz de color sobre papel
No. registro 2015.C.0111
Ubicación Bóveda. Colección de Arte Contemporáneo
Investigador

Inscripciones y/o leyendas

(…) Buscaba un aeroplano en dirección errónea; zumbando apareció éste cual guión en el azul abismal. Flotaba el trueno en la atmósfera, y a su espalda, en alguna parte, agitábase un hormigueo eléctrico.

Repitió el toro su vuelta al ruedo con paso que, si bien ligeramente más rápido, seguía conservando su constante mesura, y sólo se desvió una vez cuando un inquieto perrito le ladró y le hizo olvidar adónde iba.

Irguióse Yvonne, se quitó el sombrero y comenzó a polvearse la nariz atisbando por el traidor espejo de la polvera esmaltada. Éste le recordó que apenas hacía cinco minutos había estado llorando, y logró ver, por encima de su hombro, el Popocatépetl.

¡Los volcanes! ¡Qué sentimental podía uno ponerse con ellos! Ahora se trataba del “volcán”; porque en cualquier posición que colocara el espejo, no podía ver al pobre Ixta, el cual, eclipsado, había desaparecido, mientras que el Popocatépetl, al reflejarse en el espejo, parecía más bello aún en su cúspide que brillaba contra un fondo de nubes apiñadas. Yvonne pasó un dedo sobre su mejilla y bajo uno de sus párpados. También había sido estúpido llorar frente a aquel hombrecillo que, ante la puerta de ‘Las Novedades’, le había dicho que eran, “según el reloj, las tres y media”, y luego que era imposible telefonear porque el doctor Figueroa se había ido a Xiutepec… —A la maldita arena, pues—había dicho el Cónsul con furia, e Yvonne había llorado. Lo cual resultaba casi tan estúpido como haber vuelto la espalda esa tarde, no al ver sangre, sino ante la simple sospecha de que existiese. Sin embargo, su debilidad consistía en eso, y recordaba aquel perro que yacía agonizante en una calle de Honolulú en medio de riachuelos de sangre que listaban el pavimento, y había deseado ayudarlo, pero en vez de ello, se desmayó, aunque sólo por un minuto y, como luego fue tal su desánimo al encontrarse allí, recostada y solo en la acera —¿qué tal si alguien la había visto?— se marchó rápidamente sin decir nada, sólo para verse perseguida por el recuerdo de la infeliz criatura abandonada, así que en una ocasión… pero, ¿para qué pensar en aquello? Además, ¿no había hecho cuanto le fue posible? No era —claro está— como si hubiesen entrado al jaripeo sin asegurarse antes de que no había teléfono. ¡Y aunque lo hubiese habido!
Según lo pudo entender (…)

                 Malcom Lowry, Bajo el volcán, Traducción: Raúl Ortiz y Ortiz, México, ERA, 1964.

(…) Buscaba un aeroplano en dirección errónea; zumbando apareció éste cual guión en el azul abismal. Flotaba el trueno en la atmósfera, y a su espalda, en alguna parte, agitábase un hormigueo eléctrico.

Jorge Méndez Blake acude a la literatura para cuestionar el conocimiento aceptado, en una operación que contempla asimismo una lectura libre y abierta de los textos, para los cuales genera nuevas interpretaciones que aparecen en soportes y medios diversos. En sus proyectos, la imaginación tiene un papel protagónico que pone en entredicho la línea divisoria entre la realidad y la ficción.

Tomando como punto de partida el papel que los volcanes han jugado como símbolos e íconos del discurso identitario y paisajístico de México, así como la novela Bajo el volcán (1947), del escritor inglés Malcolm Lowry, Méndez Blake entreteje en este proyecto una serie de piezas que funcionan como indicios que se mueven entre el ámbito de la arquitectura, la literatura y la arqueología, y que operan como los elementos que dan pie a una nueva narrativa histórica y un estudio del paisaje.

El escenario donde acontece el proyecto concebido por el artista no tiene lugar en Cuernavaca –como la novela de Lowry– sino en las faldas del Ceboruco, el único volcán activo en la zona noroeste del eje volcánico de la Sierra Madre Occidental, ubicado Nayarit, y cuyas erupciones en los últimos tres mil años –siendo la más reciente en 1870– han creado un alucinante e hipnótico entorno de roca volcánica.

Al recorrer esa zona, Méndez Blake se encontró con una pequeña edificación pintada en rojo y azul. A partir de este encuentro fortuito, el artista construyó la historia de una civilización extinta, cuyos restos se encontrarían debajo del magma volcánico petrificado. Las obras que integran Ceboruco dan forma a los vestigios de esa civilización imposible y registran el estado actual del terreno. Las piezas se mueven entre el romanticismo y el registro científico, y sirven como un umbral para penetrar el paisaje agreste que se ubica bajo el volcán.

            El proyecto Ceboruco se despliega a manera de una instalación conformada por varios elementos: una impresión que documenta la estructura original que da origen al proyecto; un dibujo y un óleo que retratan el entorno rocoso que caracteriza al paisaje; un mural efímero y un dibujo que funcionan como estudios de color de la desaparecida civilización; fragmentos de un piso conformado por bloques hexagonales y una pared realizada con bloques de cemento, intervenida con dibujos, que dan cuenta de la arquitectura de esta cultura extinta; una maqueta que recrea un pabellón de función desconocida; así como un dibujo de gran formato que reproduce una página de la novela de Lowry y donde se resalta una línea que opera como un guiño a todo el proyecto de Méndez Blake: “The volcanoes! How sentimental one could become about them!” (“¡Los volcanes! ¡Qué sentimental puede ponerse uno con ellos!”).

A partir de esta serie de esculturas, dibujos y pinturas –elementos que dan pie a una investigación arqueológica– y de una exploración del paisaje mexicano visto desde la perspectiva de una novela emblemática de mediados del siglo XX, el artista subvierte y se apropia de los mecanismos con los que se legitima y conforma la investigación arqueológica, geográfica e histórica.

EKA, septiembre del 2020

https://www.youtube.com/watch?v=TYNQN9RlQaQ&ab_channel=MuseoMARCO

http://www.mendezblake.com/volcan-ceboruco/

http://www.mendezblake.com/ceboruco

http://es.artealdia.com/International/Contenidos/Resenas/Jorge_Mendez_Blake2

https://www.proceso.com.mx/306010/ceboruco-una-exposicion-de-mendez-blake

https://revistacodigo.com/arte/ceboruco-y-x-no-es-la-nueva-y-lozano-hemmer-y-mendez-blake-en-galeria-omr/

Piezas que conforman la instalación:

 

 

 

Bajo el volcán III, 2012

Lápiz de color sobre papel

200 x 150 cm

 

Volcán Ceboruco, 2012

Óleo sobre tela

70 x 46 cm

 

Volcán Ceboruco. Piso I, 2012

Cemento y esmalte

Dimensiones variables

 

Volcán Ceboruco. Estructura I, 2012

Blocks de concreto y lápiz de color

Dimensiones variables

 

Volcán Ceboruco. Reconstrucción de pabellón, 2012

MDF laqueado

39 x 149 x 99 cm

 

Volcán Ceboruco. Estructura I, 2013

Piezografía

30 x 45 cm

 

Volcán Ceboruco. Estudio de color III, 2015

Lápiz de color sobre papel

200x150 cm

 

The volcanoes!, 2015

Lápiz de color sobre papel

150 x 100 cm

 

Volcán Ceboruco. Estudio de color en estructura II, 2015

Acrílico sobre muro

Dimensiones variables

Jorge Méndez Blake acude a la literatura para cuestionar el conocimiento aceptado, en una operación que contempla asimismo una lectura libre y abierta de los textos, para los cuales genera nuevas interpretaciones que aparecen en soportes y medios diversos. En sus proyectos, la imaginación tiene un papel protagónico que pone en entredicho la línea divisoria entre la realidad y la ficción.

Obras de la sala

El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo