Tecomate con forma de pato | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Tecomate con forma de pato | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Tecomate con forma de pato | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Tecomate con forma de pato | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Tecomate con forma de pato | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato
Período Preclásico tardío
Año 600-100 a.C.
Técnica Barro modelado e inciso
Ubicación Salas de Arte Contemporáneo. Piezas Prehispánicas
Investigador

Descripción

La frecuencia con que encontramos el pato dentro del repertorio iconográfico del arte cerámico de la cultura Chupícuaro revela su importancia para esta sociedad, que al habitar en un territorio con ríos y lagos convivió habitualmente con dicho animal.

En el Museo Amparo es posible ver otra vasija con apariencia de un pato en vuelo en una modalidad estilística diferente a la que vemos ahora; testimonio del énfasis que los creativos ceramistas pusieron en la diversidad de sus representaciones. En esta pieza la cabeza del ave, incluso con las fosas nasales incisas, resulta realista. En los “hombros” del cuerpo del recipiente sobresalen las alas como si estuvieran desplegadas y atrás la cola. A la par de los elementos figurativos es notable la silueta compuesta del recipiente.

En la alfarería, el término de forma compuesta indica que el contenedor no puede describirse con referencia a un sólo volumen geométrico elemental, sino que involucra dos o más. El cuerpo de nuestro pato es un tecomate, o recipiente semiesférico con la boca restringida, con un agudo punto de intersección entre las partes superior e inferior –los hombros –, ahí es donde se ubican las alas y la cola. Desde luego, lo más llamativo son los tres soportes semiesféricos; se trata de formas huecas y tanto en el interior como en la base se distinguen sus uniones.

En Mesoamérica, a los animales se les atribuían valores religiosos y cosmológicos. Como se sabe, un componente fundamental de la cosmovisión de una sociedad es el conocimiento profundo de la naturaleza, y en conjunción con mitos, historias y conceptos culturales diversos, es que la fauna se empleó para hacer referencia a la estructura del cosmos. Por su condición de ave acuática, los patos se asocian primordialmente con el nivel inferior o inframundano. Éste se concibe como una entidad acuática, un gran mar u océano primigenio que se asoma al estrato terrestre a través de los ríos, lagunas y otros cuerpos de agua.

Tal como lo ha explicado Gabriel Espinosa en relación con las culturas antiguas del Altiplano Central de México, siendo el agua una sustancia del inframundo, se le identifica subiendo desde abajo, aún las nubes vienen desde ese nivel, y lo mismo ocurre con el viento, que asciende a lo alto para soplar las nubes.

En tal orden de ideas, se plantean analogías con las aves acuáticas, entre ellas los patos, que pueden volar y nadar – incluso algunas especies son hábiles buceadoras –, y en cambio, son poco hábiles para caminar sobre la tierra. Con base en estas nociones, los patos simbolizan el contacto entre el inframundo y el nivel celeste, conducen el agua hacia arriba, por ello se encuentran entre los atributos principales de las deidades del viento.

La frecuencia con que encontramos el pato dentro del repertorio iconográfico del arte cerámico de la cultura Chupícuaro revela su importancia para esta sociedad, que al habitar en un territorio con ríos y lagos convivió habitualmente con dicho animal.

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