Anillos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Anillos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Anillos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Desconocida
Región Desconocida
Período Clásico temprano
Año 300-600 d.C.
Técnica

Hueso tallado, calado y pulido, con figuras incisas

Piezas por lote 3
Medidas

1.7 x 2.5 x 2.7 cm | 1.2 x 2.3 x 2.6 cm | 1.3 x 2.1 x 2.2 cm

Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1691
Investigador

Descripción

Probablemente encontrados en una misma tumba, se trata de tres anillos fabricados en hueso y de los cuales dos conservan adherido cantidades discretas de un polvo rojo que podría ser identificado como cinabrio, cuando se realicen los exámenes de laboratorio pertinentes. Con todo, no siempre se utilizó este mineral de color bermellón compuesto de mercurio en los rituales funerarios de antaño, muchas veces se substituyó por óxidos de hierro que resultan ser mucho más abundantes en el territorio.

En el caso del primero, se extraía en la Sierra Gorda de Querétaro y de allí era distribuido a lo largo y ancho de Mesoamérica. Ambos minerales se usaron frecuentemente como pigmentos, aunque fue más común en el caso de los óxidos de hierro. En múltiples ocasiones se esparcieron a modo de una capa de polvo rojo en el interior de las tumbas de aquellos individuos pertenecientes a las clases privilegiadas de la sociedad.

Nuestros anillos claramente estuvieron en contacto con ella y los residuos de estos minerales son los que ahora aparecen entre sus incisiones adheridos a las piezas por intermediación de una sustancia consolidante de aplicación moderna. Junto con el polvo de color se observan restos de la tierra que los recubrió en el pasado y cuyas características físicas podrían corresponder con las que son típicas de los suelos de las planicies costeras del país.

Los tres anillos fueron tallados en pequeñas secciones transversales de huesos largos tomados del cuerpo de algún mamífero. Son particularmente consistentes en cuanto a técnica de manufactura y estilo artístico. Aunque debieron encontrarse junto con los anillos registrados con los números de inventario 1689 y 1690, asumiendo que estas semejanzas contribuyen a revelar su participación en un mismo evento funerario, estos tres no sólo comparten motivos decorativos sino que parecieran ser la obra de un mismo artesano. Los rasgos del rostro, la misma hechura de los ojos y la nariz sugiere la presencia del mismo conjunto de hábitos artesanales. El tipo y la profundidad de las incisiones, siempre iguales, están como testigos de una obra dotada de características personales que se repite en la forma de rostros humanos.

Si bien es cierto que son similares, uno de estos anillos -el que conserva la mayor cantidad de pigmento rojo- muestra una cara de frente que viste un suntuoso tocado compuesto por volutas y los perfiles de dos cabezas de serpientes. Se alcanza a ver el cabello recortado sobre la frente y mechones de pelo que bajan a cada lado del rostro. Los elementos que sirven a su figuración revelan a nivel compositivo cierta relación con la iconografía teotihuacana en términos de una producción que se desarrolla lejos de la gran metrópoli del centro de México, lo que permite acotar el período de su manufactura al Clásico temprano (ca. 300-600 d.C.).

También son interesantes las congruencias formales entre la decoración de este último anillo y la que exhibe otro ejemplo de esta misma clase de joyas (1689) cuya factura incluso podríamos atribuirla aquí al mismo artesano. El rostro posee igual estructura, los rasgos se solucionan de idéntica manera y tanto la intención como la profundidad de las incisiones es igual en ambos casos. Sin embargo, son estas características que en principio acercan a dichos objetos en términos de manufactura los que a la vez hacen dudar sobre su origen prehispánico.

Las piezas que conforman la colección del Museo fueron adquiridas en la segunda mitad del siglo XX a distintos comerciantes de antigüedades. Es un hecho que estas personas ofrecían en un mismo lote tanto objetos procedentes de excavaciones clandestinas como una variedad de copias modernas de inspiración prehispánica. Estas últimas por lo general se fabricaban sobre piedras duras o con materiales distintos al barro, aunque no son raros los ejemplos de falsificaciones hechas en cerámica. Buena parte de esta "industria" que en la actualidad es sancionada por la ley operaba en el esquema de circuitos de traficantes y de artesanos que los proveían de "copias".

Como podrá verse, cabe sobradamente la posibilidad de que se trate de objetos falsos, de un lote de anillos vendido por el mismo comerciante y hechos pasar por auténticos. Con todo, siempre es posible tomar una muestra mínima del hueso que los conforma, más pequeña incluso que una astilla, para procesarla en laboratorios especializados en fechamientos de radio carbono por la técnica de espectrometría de masas con aceleradores (AMS) y así obtener una datación precisa de este singular grupo de anillos.

Probablemente encontrados en una misma tumba, se trata de tres anillos fabricados en hueso y de los cuales dos conservan adherido cantidades discretas de un polvo rojo que podría ser identificado como cinabrio, cuando se realicen los exámenes de laboratorio pertinentes. Con todo, no siempre se utilizó este mineral de color bermellón compuesto de mercurio en los rituales funerarios de antaño, muchas veces se substituyó por óxidos de hierro que resultan ser mucho más abundantes en el territorio.

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