Flauta de émbolo con una efigie femenina ataviada con faldilla y yelmo fantástico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Flauta de émbolo con una efigie femenina ataviada con faldilla y yelmo fantástico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Flauta de émbolo con una efigie femenina ataviada con faldilla y yelmo fantástico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Flauta de émbolo con una efigie femenina ataviada con faldilla y yelmo fantástico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Flauta de émbolo con una efigie femenina ataviada con faldilla y yelmo fantástico

Cultura Remojadas
Región Los Cerros, centro de Veracruz
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Barro modelado, con pastillaje y pintura

Medidas 12.2   x 16.5  x 31.1  cm
Ubicación Sala 6. Arte, forma y expresión
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1288
Investigador (es)

Descripción

Dentro de los instrumentos mesoamericanos con mayor complejidad acústica e iconográfica se encuentran las flautas de émbolo del centro-sur de Veracruz. La flauta está conformada por un tubo largo en cuyo interior se aloja un balín de cerámica que se desplaza libremente a lo largo del tubo; para su ejecución se requiere inclinar la cabeza hacia atrás y luego hacia adelante. Este movimiento permite el desplazamiento del balín de un lado a otro y de esta manera se logra acortar o agrandar el tamaño de la cámara tubular lo que genera sonidos microtonales semejantes al gorjeo de ciertas aves.

A diferencia de otros instrumentos, la manufactura de las flautas de émbolo requería un conocimiento especializado en acústica musical y de una gran habilidad plástica. Respecto a la iconografía, las flautas de émbolo exhiben un patrón común: la figura de un reptil, posiblemente una iguana, combinada con rasgos ornitomorfos y una mujer ataviada con enredo o falda. El ejemplar exhibido conserva restos de pintura blanca y azul como decoración de superficie. Al parecer, la flauta se hizo con la técnica de modelado mientras que el disco y la efigie fueron hechos en molde. Estas flautas sólo tuvieron vigencia durante el Clásico tardío.

Gonzalo Sánchez

Los orígenes de la música en Mesoamérica nos resultan desconocidos; no obstante, a partir de los mitos que fueron conservados por los pueblos originarios y registrados por los frailes a su llegada a las diferentes regiones es posible conocer algunas de las ideas formuladas en torno a la música y la manera en la que figuró en los rituales en el siglo XVI. La leyenda de los soles nos habla del origen de la trompeta de caracol: Quetzalcóatl, con la ayuda de los insectos perfora el caracol espiral (del género Strombus) y lo soplan las abejas en la quinta era cuando desciende al inframundo para recuperar los huesos de los seres de las cuatro eras pasadas y Mictlantecuhtli lo deja salir al escuchar el sonido.

En su obra escrita en el siglo XVI, Historia eclesiástica indiana, fray Gerónimo de Mendieta explica que Tezcatlipoca mandó a traer el teponaztli y el huéhuetl, a los instrumentos y los cantores, de la casa del sol con la ayuda de la ballena, la sirena y la tortuga. No contamos, en cambio con un mito que nos hable del origen y la procedencia de la flauta, pero el registro arqueológico nos arroja datos de que en la época Preclásica se fabricaron flautas y silbatos de fino barro en forma de animales, y entre las figurillas de época temprana se representan músicos con flautas, tambores y sonajas.

Más adelante hay flautas dobles y en Teotihuacán se desarrollan flautas cuádruples en el Clásico. En esta época y a lo largo del Postclásico también se alcanza en la zona de Veracruz un avanzado desarrollo, muestra de ello es esta hermosa flauta que ahora vemos. Pertenece a la cultura de Remojadas que es mayormente conocida por sus pequeñas figurillas sólidas, modeladas y hechas a mano, así como por sus grandes esculturas huecas en barro que provienen de una variedad de lugares; como lo demuestran los estudios de Medellín Zenil, quien excavó en la región y localizó, en excavaciones controladas, estos objetos rituales que se sitúan al interior de contextos funerarios.

Este ejemplo es muy semejante a aquél que alberga el Museo de Antropología, y que Samuel Martí publica en su libro Música precolombina, México, Ediciones Euroamericanas, 1978, p. 78-79. Ambos están conformados por una larga embocadura de pico que al interior tiene una pelotilla adaptada que funciona como émbolo y permite así que el instrumento produzca diferentes tonos al tapar el orificio y cambiar la inclinación, y están modelados en una forma circular a manera de un abanico.

Nuestro ejemplo fabricado de fina arcilla naranja ostenta además una pequeña figurilla modelada de una mujer con los brazos abiertos, los detalles de su figura se lograron a partir de la presión de la arcilla y con líneas finas en relieve o esgrafiadas, se resaltan con color azul y delgadas líneas en negro que se aplicaron después de la cocción de la pieza, de modo que nuestro ejemplo es singular puesto que en la mayoría de los ejemplos conocidos de flautas no siempre se aprecia la decoración que poseía un importante valor simbólico.

Conocemos muchos otros objetos musicales de los antiguos mexicanos, el conocido huéhuetl de Malinalco o el teponaztli de Guerrero que se toca con dos baquetas con los extremos cubiertos de hule son dos de los más conocidos, igualmente, se han de mencionar los omichichhuaztli, los raspadores que se fabricaban con un fémur humano y que se suman a una serie de flautas, silbatos, caracoles, ocarinas, trompetas, sonajas y cascabeles. Todas estas creaciones son muestra de la importancia de la música en los rituales de todos los pueblos mesoamericanos a lo largo de los siglos, pese a que por mucho tiempo han permanecido mudos. Solamente a partir de los estudios de los etnomusicólogos podemos empezar a escuchar cómo sonaban; se requiere grabar los sonidos de cada uno de ellos y realizar un catálogo de los sonidos y combinaciones posibles que nos permita recobrar e imaginar algunos de ellos.

Emilie Carreón Blaine

Dentro de los instrumentos mesoamericanos con mayor complejidad acústica e iconográfica se encuentran las flautas de émbolo del centro-sur de Veracruz. La flauta está conformada por un tubo largo en cuyo interior se aloja un balín de cerámica que se desplaza libremente a lo largo del tubo; para su ejecución se requiere inclinar la cabeza hacia atrás y luego hacia adelante. Este movimiento permite el desplazamiento del balín de un lado a otro y de esta manera se logra acortar o agrandar el tamaño de la cámara tubular lo que genera sonidos microtonales semejantes al gorjeo de ciertas aves.

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