Mujer con ojos en forma de diamante | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Mujer con ojos en forma de diamante | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Mujer con ojos en forma de diamante | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Mujer con ojos en forma de diamante | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla

Mujer con ojos en forma de diamante

Región Jerécuaro Michoacán
Período Protoclásico
Año 100 a.C. – 100 d.C.
Técnica Barro modelado, con decoración al pastillaje y pintura blanca y roja.
Ubicación Piezas de Arte Prehispánico en diálogo
Investigador

Descripción

En la región de occidente se desarrollaron diversas tradiciones que tenían características comunes en la forma de representar el cuerpo humano, pero que ponían especial énfasis en un aspecto particular. Estas figurillas seguían en buena medida una forma común de representación, donde se le daba un mayor énfasis a la cadera, la vagina y los senos y se omitía una representación más detallada de los brazos o los pies.

            En el caso de la figurilla 811 de la colección del Museo Amparo, se trata de una mujer de pie. Las piernas se encuentran ligeramente separadas, las caderas y el torso son rectos, creando en la figura una forma rectangular y la cabeza mira hacia enfrente. La sección con un mayor tratamiento es la cabeza, la cual se suscribe en un rectángulo. El tocado es sencillo y se compone por un cilindro con líneas incisas en su interior, atado en cada extremo por una banda inclinada. Debajo de ésta se coloca, al pastillaje, un medio círculo con incisiones en el contorno para simular el cabello. A los lados de la cabeza se encuentran dos grandes formas tubulares que representan las orejeras y que ayudan a centrar la atención en la cabeza. El rostro es uno de los focos de atracción de la pieza y en especial los ojos. La cara se crea con dos círculos a la altura de la cuenca de los ojos que se funden con las mejillas y la barbilla, resaltándose únicamente la curvatura superior. En medio de estas circunferencias se colocó un ojo en forma de diamante, es decir, una forma oblonga con un triángulo formado por dos líneas incisas. La nariz es prominente y aguileña y posee en la parte inferior dos pequeños orificios simulando las fosas nasales. La boca sigue un procedimiento semejante al de los ojos, al colocarse al pastillaje una forma oblonga con dos líneas horizontales incisas en el centro.

            La unión de la cabeza y el cuerpo se realiza con un cuello delgado que se pierde entre las grandes orejeras y el collar compuesto por una banda con líneas incisas en su interior. La forma del torso es cuadrada y de la parte superior salen unas pequeñas bandas con un grosor uniforme para simular los brazos. Al final se redondea la forma y se colocaron cuatro líneas incisas para representar las manos.

La parte más llamativa del cuerpo son los grandes senos, colocados en los extremos del torso. Su forma es cónica y tienen dos pequeños círculos puestos al pastillaje para representar los pezones. Debajo se encuentra una banda horizontal y en el centro cae un medio círculo, simulando los modernos mandiles. Debajo hay una gruesa incisión que representa la vagina.

A diferencia de las piezas del Preclásico, donde las caderas y los muslos son muy marcados, en esta pieza el torso se mantiene con el mismo ancho y, la cadera, en lugar de hacerse más grande, comienza poco a poco a reducirse. Es en la parte inferior donde salen dos formas cónicas que son achatadas al final y se les colocan tres incisiones, con lo cual se marcan los dedos de los pies.

Esta pieza, que deja entrever el color del barro y las nubes de cocción, estaba pintada con rojo, blanco y negro. El rojo aún se alcanza a distinguir en el rostro, en el interior de las orejeras y en el collar. De blanco estaban pintadas las bandas del tocado y las secciones externas del ojo; mientras que quedan vestigios de color negro en las piernas.

Esta figurilla es un gran ejemplo de cómo las distintas tradiciones se apropiaron de un canon estilístico y con él representaron aquello que era más relevante para su agrupación. Así, aunque mantienen un interés por representar la fertilidad, se ocupan los senos y la vagina como principales elementos de este concepto; la delgada cintura y las grandes caderas, que son muy notorias en otras tradiciones, pierden interés en esta pieza. Asimismo, las manos y los pies son apenas simulados, pero los ornamentos de la cabeza, el tocado, las grandes orejeras y el collar, destacan y enmarcan unos llamativos ojos, los cuales en la época prehispánica servían para mostrar cualidades tan importantes como la vida o la muerte de la persona; la presencia de la energía divina o el abandono de ésta.

En la región de occidente se desarrollaron diversas tradiciones que tenían características comunes en la forma de representar el cuerpo humano, pero que ponían especial énfasis en un aspecto particular. Estas figurillas seguían en buena medida una forma común de representación, donde se le daba un mayor énfasis a la cadera, la vagina y los senos y se omitía una representación más detallada de los brazos o los pies.

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