Cabeza de Ehécatl  | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Región Valle de México
Período Posclásico tardío
Año 1250-1521 d.C.
Técnica Piedra basáltica. Tallado y desgastado.
Medidas 26.5   x 19  cm
Ubicación Piezas de Arte Prehispánico en diálogo
Investigador

Descripción

Una de las deidades más conocidas del panteón mexica es Ehécatl. Su templo se encontraba en el recinto sagrado de Tenochtitlan y algunos escritores como Fray Diego Durán y Fray Juan de Torquemada registran que este edificio era de planta circular y la puerta para entrar estaba enmarcada por unas gigantescas fauces de serpiente. Su importancia fue tal, que algunas de las principales ciudades del centro de México, como Cholula (Puebla), hicieron de Ehécatl su principal advocación, además de encontrarse presente en los principales mitos de creación. Por ejemplo, el mito del Quinto Sol relata que, después de haberse aventado Nanahuatzin y Tecuciztecatl al fuego y convertirse en el sol y la luna respectivamente, como no se movían por el firmamento, fue necesario que Ehécatl soplara y de esta forma el sol se puso a andar primero y después la luna, creándose el tiempo del humano.

            A pesar de todo ello, la asociación que le dio una mayor popularidad fue con la lluvia y el agua. Así, Sahagún comenta que “(…) teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto decían que [..] el dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover”. Esta asociación en que el viento – Ehécatl – anuncia el agua, aún se puede observar en varios poblados de México, donde las personas al observar el punto de donde proviene el viento a inicios del año saben si la temporada de lluvias será buena o mala. Estas cualidades produjeron que el viento no se concibiera de manera unitaria, sino que existían distintos tipos de vientos, de diferentes colores y cada uno de ellos traería la fertilidad o la aridez, sería bueno o malo.

            Así, Ehécatl se muestra como una deidad versátil, aunque su figura, como lo muestra la pieza 1413, estaba fuertemente normada. Esta escultura, pese a que se encuentra solamente la cabeza, debió de alcanzar cerca del metro de altura y, por la semejanza que muestra con otras piezas, debió de encontrarse el resto del cuerpo en una posición sedente, en cuclillas. Pese a lo deteriorado de la pieza se alcanzan a distinguir algunos aspectos, como el desplante de un tocado de plumas o un gorro cónico – tipo huasteco – que tenía sobre la cabeza, la presencia de dos grandes adornos de papel en las orejas y en la parte posterior y, además, se marcaron gruesas líneas para simular el cabello como se acostumbraba en la escultura del Posclásico tardío.

            A pesar del deterioro, los atributos que le dan una personalidad a la pieza se hallan en el rostro: sus ojos son almendrados, con un iris circular prominente y un pequeño orificio marca la pupila, mientras que una nariz triangular se proyecta hacia enfrente. De todo ello, el rasgo más destacado es la máscara bucal, la cual simula el pico de un pájaro y está compuesta, en la parte inferior, por una banda ancha, mientras que en la parte superior la forma adquiere un mayor grosor.

            La pieza, debió de encontrarse estucada, lo cual permitía colocarle los colores identitarios de Ehécatl, encontrándose los adornos de papel de color blanco; el tocado, blanco o amarillo; el pico rojo brillante; mientras que el rostro del personaje debió estar pintado de negro, identificándolo como sacerdote.  Estos contrastes hacían que la atención se fijara en su atributo: la máscara bucal, la cual lo definía y lo distinguía del gran cúmulo de deidades del panteón mexica.

Una de las deidades más conocidas del panteón mexica es Ehécatl. Su templo se encontraba en el recinto sagrado de Tenochtitlan y algunos escritores como Fray Diego Durán y Fray Juan de Torquemada registran que este edificio era de planta circular y la puerta para entrar estaba enmarcada por unas gigantescas fauces de serpiente. Su importancia fue tal, que algunas de las principales ciudades del centro de México, como Cholula (Puebla), hicieron de Ehécatl su principal advocación, además de encontrarse presente en los principales mitos de creación. Por ejemplo, el mito del Quinto Sol relata que, después de haberse aventado Nanahuatzin y Tecuciztecatl al fuego y convertirse en el sol y la luna respectivamente, como no se movían por el firmamento, fue necesario que Ehécatl soplara y de esta forma el sol se puso a andar primero y después la luna, creándose el tiempo del humano.

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