Representación de un cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Representación de un cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Representación de un cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Representación de un cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Representación de un cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tradición Mixteca-Puebla
Región Meseta central, posiblemente
Período Posclásico tardío
Año 1200-1521 d.C.
Técnica

Obsidiana tallada, con incrustaciones de concha y hueso

Medidas 10.8   x 9.6  x 15.2  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 227
Investigador

Descripción

Esta escultura de obsidiana áspera con las órbitas de los ojos hechas de concha y los dientes de hueso nos recuerda que en el arte mesoamericano son constantes las representaciones de cráneos; pintados y labrados en piedra, son muestra de prácticas que nos hablan de los diferentes rituales y ceremonias que incorporaban alguna modalidad de exposición de los mismos.

El culto consiste en la preservación del cráneo de un antepasado o de una persona importante para la comunidad, y por ello este acto es de veneración. El culto a la cabeza- trofeo, es decir tomar la cabeza de un enemigo vencido, cargarla o llevarla en el atuendo, es una demostración muy diferente, ligado a cierto código. El término cabeza-trofeo o cráneo-trofeo corresponde a un premio, aunque no necesariamente un botín de guerra, pero sí algo adquirido o conquistado, y el objeto, cabeza  o cráneo, conservado o exhibido como una remembranza, se vuelve ofrenda.

Debido a que los cráneos y su representación posiblemente eran considerados como receptáculos de fuerzas naturales, puesto que contenían el espíritu o alma, obtener y transformar cabezas y exhibirlas o mostrar los cráneos en vez de enterrarlos, es parte de variadas ceremonias y rituales de muchos pueblos del México prehispánico desde épocas muy tempranas. Christopher Moser, en su estudio Human Decapitation in Mesoamerica, estudia la iconografía asociada a estas prácticas a la luz de la evidencia arqueológica. Registra las escenas de decapitación y de personajes que portan o muestran cabezas y cráneos, prácticas que se llevaban a cabo en diferentes contextos para una multiplicidad de fines.

Es importante señalar que la imagen de un cráneo aislado tiene probablemente significados y funciones variables a través del tiempo y del espacio, pero que son similares en su manera de resaltar las cualidades físicas, efímeras y sobrenaturales de la cabeza humana. El cráneo de obsidiana se suma a una serie de representaciones de cráneos confeccionados en cristal de roca que se encuentran en el Museo del Hombre en París, en el Museo Británico en Londres y en la Colección Smithsonian en Washington DC., que fueron fabricados en época moderna, finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Estudios microscópicos y de rayos X publicados en el Journal of Archaeological Science en 2008 demostraron que ciertos ejemplos fueron realizados de roca semipreciosa, exógena a la región americana, y que a otros se les trabajó con substancias y procedimientos desconocidos en la época precolombina. A su vez, es pertinente mencionar otro ejemplo semejante que pertenece a la colección de Dumbarton Oaks que, aunque de menor dimensión y fabricado en jadeíta, también nos habla de las prácticas e interés de los coleccionistas. En estos ejemplos el desarrollo y la aplicación de técnicas científicas y metodologías modernas para determinar los procedimientos en su factura y el material con el cual se fabricaron son de peculiar relevancia y nos enseñan mucha información útil.

Este cráneo de obsidiana requiere de un mayor estudio, para llegar a descubrir su técnica de factura y determinar el yacimiento de donde provino la obsidiana; ésta es un vidrio volcánico que se forma cuando las lavas incandescentes se enfrían rápidamente; y dependiendo del lugar de origen, posee una composición química diferente que permite establecer la fuente geológica de obtención, y determinar así las relaciones que hubo entre las regiones. En Mesoamérica existen varios yacimientos de obsidiana por ejemplo en Nayarit, en el Estado de México a la vez que en el de Puebla, y algunas de las primeras grandes urbes mesoamericanas se fundaron cerca de sus yacimientos.

Como lo señala Alejandro Pastrana, por sus cualidades físicas, la obsidiana fue la materia prima más importante para los antiguos mesoamericanos, ya que se usaba para crear artefactos que se utilizaban en casi cualquier actividad: domésticas, medicinales, artesanales, militares y religiosas. El simbolismo de la obsidiana subyace en el hecho de que su superficie es reflejante, como Karl Taube nos lo ha mostrado. La colección del Museo posee muchos objetos fabricados con este material: pequeñas puntas que servían para cazar aves, así como excéntricas formas que hablan del sacrificio humano y la decapitación. Estos objetos y el cráneo nos muestran las variadas formas que puede tomar la obsidiana y la importancia del conocimiento de las técnicas con las que estos objetos fueron elaborados.

Esta escultura de obsidiana áspera con las órbitas de los ojos hechas de concha y los dientes de hueso nos recuerda que en el arte mesoamericano son constantes las representaciones de cráneos; pintados y labrados en piedra, son muestra de prácticas que nos hablan de los diferentes rituales y ceremonias que incorporaban alguna modalidad de exposición de los mismos.

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