Felino recostado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Felino recostado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Nahua
Estilo Contemporáneos al Mexica
Región Valle de México, Puebla-Tlaxcala
Período Posclásico tardío
Año 1345-1521 d.C.
Técnica

Piedra esculpida y pulida

Medidas 36   x 30  x 82  cm
Ubicación Sala 6. Arte, forma y expresión
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1559
Investigador

Descripción

La escultura funcional es uno de los rasgos más sobresalientes del arte mesoamericano y se desarrolló especialmente a partir de la etapa tolteca: esculturas empotradas en escalinatas y pórticos, a menudo con alguna función tectónica, como los llamados atlantes, o bien dispuestas para sujetar estandartes o para flanquear entradas de palacios y templos. Los mexicas y otros pueblos nahuas de origen chichimeca del Posclásico tardío continuaron la tradición tolteca. Coyotes sentados, águilas, felinos recostados completaban las estructuras.

Esta pieza podría pertenecer tanto al valle de México como a la zona de Puebla-Tlaxcala. La afinidad cultural y específicamente la afinidad artística que existió entre los diferentes pueblos nahuas de tradición chichimeca fue muy grande.

Fácilmente podemos advertir en ella dos formas planas, ajenas al diseño del animal mismo, que funcionaron como bases para darle estabilidad, y que debieron estar incrustadas en la mampostería de un piso y parcial o totalmente cubiertas. Por lo tanto esta escultura formó parte de la decoración de la entrada de un palacio o un templo y es muy probable, casi seguro, que haya tenido un par (quizá otro felino, acaso un coyote o, más probablemente, un águila).

A pesar de su notable estilización, varios rasgos, como la forma de las orejas y la cola y, sobre todo, el diseño de los bigotes indican que se trata de un jaguar. Dicho animal tuvo un fuerte valor simbólico en la religión mesoamericana, pero cobró especial importancia en el Posclásico, cuando se le presentó como figura emblemática del inframundo, frente a su opuesto complementario, el águila. El jaguar por sí solo se convirtió en símbolo del poder real y los soberanos se sentaban sobre sillas y taburetes forrados de piel de jaguar. E incluso se creó una fórmula verbal y pictográfica consistente en enunciar el asiento y la piel de jaguar para referirse al sitio del trono.

La pareja águila-jaguar simbolizaba la guerra y cada uno de estos animales daba nombre a los dos principales cuerpos especiales militares. Además, como pareja de opuestos, los dos animales representaban el conflicto cósmico fundamental entre las fuerzas celestes, diurnas (el águila) y las terrestres, nocturnas (el jaguar).   

La escultura funcional es uno de los rasgos más sobresalientes del arte mesoamericano y se desarrolló especialmente a partir de la etapa tolteca: esculturas empotradas en escalinatas y pórticos, a menudo con alguna función tectónica, como los llamados atlantes, o bien dispuestas para sujetar estandartes o para flanquear entradas de palacios y templos. Los mexicas y otros pueblos nahuas de origen chichimeca del Posclásico tardío continuaron la tradición tolteca. Coyotes sentados, águilas, felinos recostados completaban las estructuras.

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