Vasija con forma de cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Vasija con forma de cráneo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tradición Mixteca-Puebla
Región Puebla-Tlaxcala
Período Posclásico tardío
Año 1200-1521 d.C.
Técnica

Barro modelado y pintado precocción

Medidas 23.2   x 19.5  x 17.5  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1511
Investigador

Descripción

En Cholula ha existido una antigua tradición alfarera desde tiempos inmemoriales; con un estilo propio, los habitantes de Cholula de la época Clásica (200-700 d.C.) habían desarrollado una fina vajilla bruñida; aprovecharon las condiciones naturales de su entorno que les permitió tener a la mano barro de muy buena calidad. Los escurrimientos volcánicos formaron un barro que combina arcilla con ceniza, lo que lo hizo un material muy maleable. Los materiales que llevaba consigo este deshielo hacía que en los valles se formaran depósitos de barro de excelente calidad para la industria alfarera.

Los procesos históricos también explican el desarrollo particular que se gestó a partir de una innovación tecnológica, al parecer introducida por gente de tradición maya a la región del Valle de Puebla-Tlaxcala. Varias etapas en la producción alfarera se recorrieron para poder producir una vasija como ésta; resultado de siglos y siglos de experimentación para dejar plasmados para la posteridad una serie de mensajes. Por su apariencia lustrosa a este tipo de vasijas se les conoce como cerámica Polícroma Laca.

Estas vasijas fueron hechas con una innovación tecnológica que se dio en el Valle de Puebla-Tlaxcala a fines del siglo IX y principios del X de nuestra era. Esta innovación consistió en pintar las vasijas antes de su cocción, logrando un efecto de fusión molecular irreversible que hacía prácticamente imposible separar el color de la superficie. Este adelanto tecnológico fue tan exitoso que Cholula se convirtió en el centro alfarero más importante del Altiplano.

Los cráneos son un motivo recurrente en este tipo de vasijas desde que se estableció la ideología tolteca-chichimeca en la región del Valle de Puebla-Tlaxcala después de la caída de Tula. La cosmovisión de estos grupos nahuas se manifestó en diversos motivos relacionados con el culto a la muerte, el sacrificio y la guerra. Por el tipo de convenciones, colores y técnicas pictóricas, este tipo de vasijas pertenecen a una tradición estilística e iconográfica conocida como Mixteca-Puebla. Se les conoce también como vasijas estilo Códice, por sus semejanzas con estos, los cuales forman parte de esta gran tradición artística que se gestó en el Posclásico tardío (1250-1521 d.C.).

Entre una de las convenciones más persistentes está la representación de huesos. Si observamos la mandíbula inferior del cráneo vemos un fondo blanco/crema producido por el baño de engobe, una capa de arcilla blanca que, después de bruñirla, hace tersa e impermeable a la superficie. Encima de esta capa podemos observar pequeños círculos, color naranja o blanco con un delicado contorno rojo, y manchitas de este mismo color. Es una representación simplificada de los huesos vistos en su cara interior, aludiendo a la médula y su apariencia porosa, cuando son segmentados en corte transversal.

En Cholula ha existido una antigua tradición alfarera desde tiempos inmemoriales; con un estilo propio, los habitantes de Cholula de la época Clásica (200-700 d.C.) habían desarrollado una fina vajilla bruñida; aprovecharon las condiciones naturales de su entorno que les permitió tener a la mano barro de muy buena calidad. Los escurrimientos volcánicos formaron un barro que combina arcilla con ceniza, lo que lo hizo un material muy maleable. Los materiales que llevaba consigo este deshielo hacía que en los valles se formaran depósitos de barro de excelente calidad para la industria alfarera.

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