El dios Tláloc, fragmento de pintura mural | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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El dios Tláloc, fragmento de pintura mural

Cultura Teotihuacana
Región Ciudad de Teotihuacán
Período Clásico temprano
Año 200-600 d.C.
Técnica

Pintura mural, fresco-secco sobre estuco

Medidas 80   x 113.3  x 7.7  cm
Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1353
Investigador

Descripción

Por su técnica, estilo y contenido, este fragmento de pintura mural procede indudablemente de la antigua ciudad de Teotihuacán. La mayor parte de los edificios de la ciudad, que cubrió unos 20 kilómetros cuadrados, estaban pintados; los palacios, monasterios y templos tenían ricos programas decorativos con diversas imágenes y símbolos. Muchos de los murales se encuentran todavía bajo tierra, desplomados o adheridos a los muros de las edificaciones enterradas; algunos fragmentos fueron extraídos hace décadas y están en diferentes museos y colecciones particulares.

El color más utilizado en la pintura mural teotihuacana es el rojo, y predomina el rojo obscuro, como el de nuestra pieza, producido a base de hematita u óxido férrico. Este fragmento podría fecharse alrededor del año 500 de nuestra era, cuando el estilo y el repertorio estaban completamente formados y la monocromía era habitual.

El tema de la imagen es religioso y lo más probable es que haya decorado un templo o monasterio. Varios de los temas y símbolos que observamos en el arte teotihuacano coinciden con los que vemos en el repertorio de culturas más tardías, como la mexica del Posclásico. Algunos dioses teotihuacanos aparecen ya con varios de los atributos que los caracterizarán en la etapa tardía: tal es el caso de Huehuetéotl, Quetzalcóatl y Tláloc, uno de los dioses más importantes en Teotihuacán, que se representó un mayor número de veces, dios de la lluvia, responsable también del rayo y de las nubes.

Distinguimos a Tláloc en esta imagen por su máscara y por varios elementos asociados; los aros alrededor de los ojos y la boca prominente con grandes dientes y colmillos torcidos. El personaje con rostro de Tláloc  se encuentra de pie, con la mano izquierda sujeta una forma serpentina que simboliza el rayo; una serie de trazos ondulantes alrededor del rayo representan las nubes. Carga una gran vasija con el brazo y mano derechos que a su vez, tiene una máscara del dios de la lluvia con atributos muy similares a los del personaje principal; de ésta surge y se derrama un flujo de agua: podemos advertir dos bandas con ojos que evocan el brillo del agua en la iconografía teotihuacana y una más, en la parte superior, con unas líneas ondulantes. También emerge de la vasija una gran forma ondulante cuyos contornos hacen pensar en una pluma, dentro de la cual hay una serie de semillas, como si se tratara de una vaina.

Durante los siguientes mil años de la historia de Mesoamérica, y especialmente de la Meseta central, la imagen de Tláloc estará asociada con este repertorio de símbolos y veremos al dios cargando la vasija volcada, vertiendo agua para fertilizar la tierra. Sólo valdría la pena hacer una precisión: tanto en la imagen teotihuacana como en las que aparecerán posteriormente, el portador de la vasija puede ser el propio dios Tláloc, o bien alguno de sus ayudantes, los Tlaloques residentes en las montañas. En algunos relatos se asocia el golpeo o fractura de la vasija con la tormenta que suele acompañar a la lluvia.

Por su técnica, estilo y contenido, este fragmento de pintura mural procede indudablemente de la antigua ciudad de Teotihuacán. La mayor parte de los edificios de la ciudad, que cubrió unos 20 kilómetros cuadrados, estaban pintados; los palacios, monasterios y templos tenían ricos programas decorativos con diversas imágenes y símbolos. Muchos de los murales se encuentran todavía bajo tierra, desplomados o adheridos a los muros de las edificaciones enterradas; algunos fragmentos fueron extraídos hace décadas y están en diferentes museos y colecciones particulares.

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