El occidente de México, durante el Preclásico tardío y el Clásico temprano, vivió una notable explosión artística. Aunque las aldeas se encontraban relativamente próximas entre sí y compartían temáticas generales —como la representación del cuerpo humano, las actividades cotidianas y las jerarquías sociales—, cada una desarrolló un estilo artístico propio, en el que destacaron distintos recursos formales, soluciones plásticas y acentos expresivos.
En el caso de esta figurilla se trata de pieza que representan a un hombre de pie, con las piernas separadas y los brazos en posición de jarra, apoyados sobre la cadera, y la cabeza acoplada al cuerpo. En la parte posterior de los pies presentan un soporte adicional, lo que indica que fue concebida para mantenerse erguida.
Presenta la pérdida del pie derecho y de la cabeza. Además, en ella se observa erosión del engobe y la presencia de concreciones de tierra adheridas a la superficie.
Este tipo de figurillas se caracterizan por presentar piernas cortas, equivalentes aproximadamente a la altura de una cabeza, y de forma cónica. Los pies no están diferenciados del resto de la extremidad; únicamente se marcan mediante líneas verticales incisas que simulan los dedos. El torso es recto y ancho, con una altura aproximada de una cabeza y media.
Un elemento distintivo es la presencia de una banda que parte del hombro izquierdo y se proyecta hacia la axila derecha. A la altura de la clavícula, de esta banda se desprende otra más que desciende en forma angulosa hacia la zona de la cadera.
De la parte superior del torso salen los brazos, trazando una forma curvoconvergente que recuerda las asas de una vasija. Estos se funden a la altura de la cadera, sin que se diferencie la forma de las manos. Asimismo, a la altura del bíceps se observa un brazalete, elemento que podría asociarse con un marcador de jerarquía.
La cabeza se integra al torso sin que se represente el cuello. Su forma responde a un doble volumen convergente, semejante a un bule, lo que acentúa la prominencia de la frente. La boca se modela como un óvalo con una línea incisa en el centro; la nariz es triangular y de gran tamaño, con dos orificios marcados en su base, mientras que los ojos se presentan cóncavos. Asimismo, se colocan orejeras, simuladas por dos esferas con una perforación central.
La pieza fue elaborada mediante molde, razón por la cual los relieves no son pronunciados. Presenta, además, una capa de engobe rojo pulido característico.
Asimismo, se aplicó pintura para remarcar algunos elementos; al haber sido añadida después de la cocción, esta capa pictórica se ha ido desprendiendo con el tiempo, dejando en muchos casos apenas un tenue indicio de su presencia. Presenta dos líneas pintadas que delimitan los relieves correspondientes a las bandas.
El tocado se convierte en un elemento distintivo de estas piezas, sin embargo, la ausencia de la cabeza impide conocer las características de este atributo.
El elemento más distintivo se encuentra en la zona inferior del cuerpo: los brazos convergen hacia la entrepierna, de donde emerge una forma cónica que representa el sexo masculino. Este atributo se muestra de manera explícita y destacada; en su parte central presenta un orificio, recurso que acentúa su protagonismo formal y dirige la atención del espectador hacia esta sección de la figura.
Parece buscar resaltar tanto la jerarquía del personaje —evidenciada por el tocado y la banda que cruza el pecho— como su masculinidad. La postura con las piernas abiertas y la disposición de los brazos, que conducen visualmente hacia la entrepierna, refuerzan esta posible lectura. La representación explícita del sexo masculino podría sugerir no solo una alusión a su autoridad y posición dentro de la estructura social, sino también a su papel en la reproducción y la continuidad del grupo. En este sentido, la jerarquía no se expresaría únicamente en términos políticos, sino también en la capacidad simbólica de asegurar la permanencia del linaje.