Collar con pendiente en forma de cabeza humana | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Collar con pendiente en forma de cabeza humana | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Collar con pendiente en forma de cabeza humana | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Collar con pendiente en forma de cabeza humana

Cultura Desconocida
Región Desconocida
Período Desconocido
Técnica

Barro modelado

Medidas 36   x 33  x 1.5  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1120
Investigador

Descripción

El barro fue un material predilecto por los mesoamericanos, a lo largo de su historia es frecuente que entre las evidencias más destacadas o numerosas de las múltiples culturas se hallen piezas de alfarería y escultóricas. Las cualidades de la arcilla junto con sofisticadas técnicas de elaboración permitieron la creación de una extraordinaria variedad de objetos, entre ellos los de uso cotidiano para cocinar y servirse los alimentos -como ollas, molcajetes y platos-,  los de uso ritual y suntuario que además de que podían cumplir funciones prácticas como contenedores ostentaban elaboradas imágenes pintadas, grabadas o modeladas -como los vasos usados en consumos ceremoniales de bebidas cuya superficie exterior muestra escenas cortesanas- y los que cumplían funciones del orden simbólico -como las esculturas de pequeño y gran formato que retratan a los gobernantes, los guerreros, los antepasados y materializaron la apariencia de los dioses-.

Asimismo, con barro se hicieron ornamentos, como este collar; es una pieza larga compuesta por numerosas cuentas tubulares y cortas, destacan tres pendientes: uno con forma de cabeza humana y dos que parecen conchas de moluscos bivalvos. En la cabecita resaltan las aplicaciones de la pasta del mismo barro para formar las cejas y los ojos; tiene una especie mechón de cabello recogido y con una perforación circular que sirvió para que pudiera colgarse. Puesto que collares de apariencia similar se hicieron también con piedras finas duras y conchas naturales, podemos suponer que su uso correspondió a individuos que no pertenecían a las élites de una comunidad determinada. De modo paralelo a esta suposición es importante subrayar la relevancia fundamental que pudo tener la ornamentación para cualquier miembro de una sociedad, incluidos aquellos de los estratos bajos. El embellecimiento, la identidad personal, la adscripción a un grupo particular, la indicación de jerarquías son algunas de las funciones que cumple la decoración corporal, por ello es factible afirmar que es parte sustancial de los atributos humanos. 

El barro fue un material predilecto por los mesoamericanos, a lo largo de su historia es frecuente que entre las evidencias más destacadas o numerosas de las múltiples culturas se hallen piezas de alfarería y escultóricas. Las cualidades de la arcilla junto con sofisticadas técnicas de elaboración permitieron la creación de una extraordinaria variedad de objetos, entre ellos los de uso cotidiano para cocinar y servirse los alimentos -como ollas, molcajetes y platos-,  los de uso ritual y suntuario que además de que podían cumplir funciones prácticas como contenedores ostentaban elaboradas imágenes pintadas, grabadas o modeladas -como los vasos usados en consumos ceremoniales de bebidas cuya superficie exterior muestra escenas cortesanas- y los que cumplían funciones del orden simbólico -como las esculturas de pequeño y gran formato que retratan a los gobernantes, los guerreros, los antepasados y materializaron la apariencia de los dioses-.

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