El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Hombre con brazos y piernas flexionados, en estado de congoja o veneración funeral | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Hombre con brazos y piernas flexionados, en estado de congoja o veneración funeral

Cultura Tumbas de tiro
Estilo San Juanito
Región Centro de Jalisco y sur de Nayarit
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje

Medidas 19.4   x 11.4  x 11.2  cm
Ubicación Sala 3. Cuerpos, rostros, personas
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1102
Investigador

En el arte cerámico de la cultura de las tumbas de tiro es excepcional la figuración de individuos muertos; si se considera que el funerario fue un uso predominante de las esculturas, llama la atención su énfasis decidido en las representaciones diversas de lo vital; la doctora Beatriz de la Fuente se refirió a ello como la biofilia o el amor a la vida en las ofrendas a la muerte. Probablemente la escultura que vemos sea la imagen de un difunto; así lo indican los rasgos siguientes: las extremidades tan pegadas al torso, como si hubiera estado atado o envuelto; el rostro huesudo, con los arcos superciliares y los pómulos tan resaltados, en contraste con las cuencas oculares hundidas; si se le mira con atención se advierte que su configuración es la de un cráneo apenas cubierto de piel y con nariz; aun cuando se modelaron ojos con párpados, éstos parecen estar cerrados y tal es una convención mesoamericana para plasmar a los individuos muertos; finalmente, el orificio en el pecho remite al que en otras culturas presentan las cerámicas “matadas” mediante una perforación; cabe decir que en esta cerámica hueca no se trata de un orificio de cocción y también se ve en otras esculturas similares.

Lo identifico como un hombre porque no se ven los senos femeninos. En el estilo San Juanito esta imagen pertenece a la variante o subestilo “A” y entre cuyas características están las cabezas redondeadas y calvas o con una especie de gorro muy liso ajustado; tal forma de cabeza resulta rara porque en la producción escultórica de esta cultura las cabezas se modelaron con alguna deformación y en éstas no se advierte. En la misma variante A, otras esculturas de posibles atados mortuorios llevan en la boca una protuberancia tubular que contribuye en dicha identificación, pues la interpreto como la piedra que comúnmente en Mesoamérica, y la cultura de tumbas de tiro no es la excepción, se depositó en la boca de los difuntos y simboliza el ánima o espíritu vital.

Nuestra pieza no la lleva, pero el resto de la composición remite fuertemente a un difunto; se le ve ornamentado con bandas en los brazos y las orejeras que distinguen al estilo San Juanito, compuestas por hileras de tiras verticales sostenidas por una banda o amarre horizontal que tal vez figuren plumas o textiles. En el imaginario del pueblo constructor de las tumbas de tiro, otras imágenes de muertos pudieran ser las pequeñas figuras sólidas recostadas sobre camillas o el piso  que se ven en otros estilos, a veces como parte de grupos sobre plataformas o de escenas que tienen lugar en recintos arquitectónicos.

En el arte cerámico de la cultura de las tumbas de tiro es excepcional la figuración de individuos muertos; si se considera que el funerario fue un uso predominante de las esculturas, llama la atención su énfasis decidido en las representaciones diversas de lo vital; la doctora Beatriz de la Fuente se refirió a ello como la biofilia o el amor a la vida en las ofrendas a la muerte. Probablemente la escultura que vemos sea la imagen de un difunto; así lo indican los rasgos siguientes: las extremidades tan pegadas al torso, como si hubiera estado atado o envuelto; el rostro huesudo, con los arcos superciliares y los pómulos tan resaltados, en contraste con las cuencas oculares hundidas; si se le mira con atención se advierte que su configuración es la de un cráneo apenas cubierto de piel y con nariz; aun cuando se modelaron ojos con párpados, éstos parecen estar cerrados y tal es una convención mesoamericana para plasmar a los individuos muertos; finalmente, el orificio en el pecho remite al que en otras culturas presentan las cerámicas “matadas” mediante una perforación; cabe decir que en esta cerámica hueca no se trata de un orificio de cocción y también se ve en otras esculturas similares.

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