Vasija escultórica con forma de perro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija escultórica con forma de perro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija escultórica con forma de perro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija escultórica con forma de perro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija escultórica con forma de perro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Vasija escultórica con forma de perro

Cultura Tumbas de tiro
Estilo Comala
Región Colima
Período Preclásico tardío
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, inciso y bruñido

Medidas 27.5   x 24.7  x 30.3  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1085
Investigador

Descripción

En el arte de la cultura de las tumbas de tiro los perros se plasmaron en una variedad extraordinaria de formas: se ven como figuras individuales o de conjunto, con afanes realistas o de abstracción, a veces tienen elementos fantásticos y pueden distinguirse varias razas; en especial destaca la diversidad de posturas, actitudes y estados de ánimo, todos coherentes con el comportamiento y la naturaleza de los perros, de modo que, además de la extraordinaria calidad de los artistas, se deduce que poseían un conocimiento agudo de los perros y no descarto que en ocasiones los usaron como modelos directos.

Una muestra de lo anterior es esta escultura en la cual es factible reconocer un perro, del sexo masculino, con miedo; en un perro real podemos apreciar similares postura corporal y expresión del rostro. Se modeló echado de lado, con el cuerpo enroscado, las patas encogidas y la cola pegada al cuerpo, como si intentara protegerse. La cabeza está vuelta hacia arriba, a donde parece mirar con angustia con sus ojos alargados, caídos y con párpados; las orejas erguidas indican que está en alerta. Un rasgo notable es el hocico, que le añade un gesto sumamente realista de agresividad: tiene los labios fruncidos y los dientes a la vista; la dentadura, con cada pieza marcada por incisión, está cerrada; dado que las comisuras de la boca están inclinadas hacia abajo es más visible la sección central de los dientes y hacia los lados sólo la hilera inferior.

La expresión integral es la un perro asustado, a punto de morder o atacar si se le sigue acosando. Otros detalles anatómicos que el escultor plasmó son la nariz con las fosas perforadas, la separación de los dedos de las patas, los genitales e incluso la abertura anal que sobresalen en relieve. Cabe la posibilidad de que la raza figurada sea la del tlalchichi, un término náhuatl que refiere un perro con pelo, de patas cortas y delgadas, torso y cabeza alargados, frecuentemente figurado por los artistas del valle de Colima, en el famoso estilo Comala. Justo otro rasgo característico de dicho estilo consiste en que las esculturas tengan atributos de vasija, en lo particular una vertedera, de ahí la proyección tubular sobre el dorso.

En el arte de la cultura de las tumbas de tiro los perros se plasmaron en una variedad extraordinaria de formas: se ven como figuras individuales o de conjunto, con afanes realistas o de abstracción, a veces tienen elementos fantásticos y pueden distinguirse varias razas; en especial destaca la diversidad de posturas, actitudes y estados de ánimo, todos coherentes con el comportamiento y la naturaleza de los perros, de modo que, además de la extraordinaria calidad de los artistas, se deduce que poseían un conocimiento agudo de los perros y no descarto que en ocasiones los usaron como modelos directos.

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