El occidente de México, durante el Preclásico tardío y el Clásico temprano, vivió una notable explosión artística. Aunque las aldeas se encontraban relativamente próximas entre sí y compartían temáticas generales —como la representación del cuerpo humano, las actividades cotidianas y las jerarquías sociales—, cada una desarrolló un estilo artístico propio, en el que destacaron distintos recursos formales, soluciones plásticas y acentos expresivos.
En el caso de estas figurillas, se trata de piezas que representan hombres de pie, con las piernas separadas y los brazos en posición de jarra, apoyados sobre la cadera, y la cabeza acoplada al cuerpo. En la parte posterior de los pies presentan un soporte adicional, lo que indica que fueron concebidas para mantenerse erguidas.
Las figurillas se caracterizan por presentar piernas cortas, equivalentes aproximadamente a la altura de una cabeza, y de forma cónica. Los pies no están diferenciados del resto de la extremidad; únicamente se marcan mediante líneas verticales incisas que simulan los dedos. El torso es recto y ancho, con una altura aproximada de una cabeza y media.
Un elemento distintivo es la presencia de una banda que parte del hombro izquierdo y se proyecta hacia la axila derecha. A la altura de la clavícula, de esta banda se desprende otra más que desciende en forma angulosa hacia la zona de la cadera.
De la parte superior del torso salen los brazos, trazando una forma curvoconvergente que recuerda las asas de una vasija. Estos se funden a la altura de la cadera, sin que se diferencie la forma de las manos. Asimismo, a la altura del bíceps se observa un brazalete, elemento que podría asociarse con un marcador de jerarquía.
La cabeza se integra al torso sin que se represente el cuello. Su forma responde a un doble volumen convergente, semejante a un bule, lo que acentúa la prominencia de la frente. La boca se modela como un óvalo con una línea incisa en el centro; la nariz es triangular y de gran tamaño, con dos orificios marcados en su base, mientras que los ojos se presentan cóncavos. Asimismo, se colocan orejeras, simuladas por dos esferas con una perforación central. Cada una de las piezas, además, porta un tocado particular.
Las piezas fueron elaboradas mediante molde, razón por la cual los relieves no son pronunciados. Presentan, además, una capa de engobe rojo pulido característico. En el caso de la pieza 848-1, se observan pequeñas manchas negras sobre la superficie.
Asimismo, se aplicó pintura para remarcar algunos elementos; al haber sido añadida después de la cocción, esta capa pictórica se ha ido desprendiendo con el tiempo, dejando en muchos casos apenas un tenue indicio de su presencia. En la figurilla 848-1 aún se conservan restos de pigmento en los brazaletes, la banda que cruza el pecho, los ojos y las orejeras. En la 848-2 apenas se distingue una línea a la mitad del pecho, así como vestigios muy tenues en los ojos y los brazaletes.
De igual forma, el tocado se convierte en un elemento distintivo. La pieza 848-1 presenta una forma de casco rematada por un elemento circular, mientras que la 848-2 muestra un casco con una banda horizontal que lo atraviesa a la mitad.
El elemento más distintivo de estas piezas se encuentra en la zona inferior del cuerpo: los brazos convergen hacia la entrepierna, de donde emerge una forma cónica que representa el sexo masculino. Este atributo se muestra de manera explícita y destacada; en su parte central presenta un orificio, recurso que acentúa su protagonismo formal y dirige la atención del espectador hacia esta sección de la figura.
Estas piezas parecen buscar resaltar tanto la jerarquía del personaje —evidenciada por el tocado y la banda que cruza el pecho— como su masculinidad. La postura con las piernas abiertas y la disposición de los brazos, que conducen visualmente hacia la entrepierna, refuerzan esta posible lectura. La representación explícita del sexo masculino podría sugerir no solo una alusión a su autoridad y posición dentro de la estructura social, sino también a su papel en la reproducción y la continuidad del grupo. En este sentido, la jerarquía no se expresaría únicamente en términos políticos, sino también en la capacidad simbólica de asegurar la permanencia del linaje.