Entre los estudios que han contribuido a comprender la producción cerámica del occidente de México, en particular la de Colima, destaca el trabajo de Carolyn Baus Reed Czitrom, Figurillas sólidas de estilo Colima: una tipología. En este estudio se identifican, entre otros grupos, las llamadas figurillas “acinturadas”, caracterizadas por su configuración casi plana, a manera de tablilla, y por la marcada acentuación tanto de la cintura como de la entrepierna. A este tipo corresponde la pieza.
Representa a una mujer de pie, con las piernas ligeramente separadas. Los brazos descienden a los lados y, debido a su longitud y al ensanchamiento de los hombros, no se adhieren completamente al cuerpo. Un cuello curvodivergente da paso a una cabeza ovalada.
La proporción corporal supera las seis cabezas de altura, lo que le confiere un naturalismo mayor en comparación con muchas otras tradiciones cerámicas mesoamericanas. Asimismo, la predominancia de la línea curva en la configuración general de la figura contrasta con ciertos rasgos aún esquemáticos del cuerpo, generando una tensión formal que le otorga una expresividad particular y distintiva.
La pieza se encuentra pulida y presenta concreciones de cal en el torso, en la parte superior de la pierna izquierda y en casi toda la pierna derecha. Asimismo, se observa un ligero proceso de intemperización en los brazos.
Las piernas son de gran tamaño, equivalentes aproximadamente a tres cabezas de altura, y presentan una configuración curvoconvergente que les otorga una forma almendrada. El torso es grueso y adopta una forma trapezoidal, más angosto en la parte inferior y más ancho en la superior. A la altura de las axilas se observan dos pequeñas protuberancias que aluden a los senos.
De las aristas externas del trapecio, que configuran los hombros, emergen dos bandas rectas y breves que simulan los brazos, casi del tamaño de una cabeza, lo que les confiere una apariencia reducida y desproporcionada respecto al cuerpo. Las manos se indican mediante una serie de líneas incisas; sin embargo, no guardan correspondencia anatómica precisa, pues se representan hasta siete incisiones.
Esta sección es una de las más ornamentadas: en los hombros se disponen medallones añadidos al pastillaje y decorados con punciones. Asimismo, una banda circular rodea el cuello, con líneas verticales incisas que simulan un collar. Del torso emerge un cuello curvodivergente que se une a una cabeza ovalada.
En el rostro, formas ovaladas convergentes configuran la boca y los ojos, cada uno acompañado por una línea horizontal central. La nariz es prominente, de forma ovalada, y se proyecta hacia el frente. Las orejas presentan una perforación que simula una orejera, de la cual penden cuatro anillos a manera de arracadas, un rasgo característico de la tradición del Occidente.
En la parte superior se encuentra el tocado, compuesto por una tira gruesa de barro colocada horizontalmente, que separa el rostro del cabello y forma círculos decorados con punciones. Además, en la zona superior de la cabeza se añaden dos círculos al pastillaje, uno a cada lado.
Si bien la pieza mantiene una configuración predominantemente plana, este volumen se acentúa únicamente en la cabeza, el tocado y en la región de la entrepierna, donde se añadió una forma circular convexa que representa el monte de Venus y la vulva. Asimismo, mediante una incisión se traza una forma en “Y” que define explícitamente la anatomía femenina.