El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Figurilla de jaguar | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Figurilla de jaguar

Región Valle de México, Las Bocas, Puebla
Período Preclásico medio
Año 1200-500 a.C.
Técnica

Barro moldeado con incisiones y estuco.

Medidas 13   x 8.5  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 376
Investigador

Todas las ciudades del mundo, a lo largo del tiempo, les han dado distintos atributos a los animales. En ocasiones se les han dotado de cualidades buenas o malas, benéficas o maléficas para el hombre; se han ocupado como metáforas para representar la astucia, la valentía, la lealtad o la ignorancia, entre otras muchas cualidades e, incluso, se les ha dado un carácter divino.

            Pese a las grandes lagunas que tenemos acerca de las creencias y la religión en el Preclásico, estamos seguros de que dos animales eran fundamentales: la serpiente y el jaguar. Estos dos animales, que muchas veces representaban fuerzas contrarias, los encontramos representados en esculturas, vasijas e, incluso, en las pocas muestras de pintura rupestre que tenemos de esta época. También, otras veces, su figura se mezcla con objetos de poder, los hombres toman características de estos seres e incluso se pueden mezclar, integrándose los significados que portan.

            De acuerdo con las distintas representaciones que tenemos, es muy probable que ambas imágenes se asocien al agua, distinguiéndose la serpiente como la representación del agua que cae del cielo, mientras que el jaguar podía representar el agua que brota de la tierra. Estos dos animales representaban aspectos tan importantes de la naturaleza que se relacionaban con el gobernante, por lo cual estos animales también se vinculaban con el poder y eran constantemente representados.

            La pieza 376 corresponde con una de las representaciones de pequeño formato realizadas en barro de un jaguar. Esta pieza fue realizada en dos moldes separados. Uno de ellos se usó para darle la forma general a la cabeza, formándose las cuencas de los ojos, el hocico, la nariz y la boca entreabierta que muestra los afilados dientes. Posteriormente, con incisiones se crearon los ojos almendrados – con una línea debajo de ellos –, los bigotes y la parte interna de la oreja, creando con ello una expresión de fiereza.

            El otro molde se usó para crear el cuerpo, usándose como base una forma de patojo. En la sección más ancha sobresalen dos grandes extremidades que terminan en una forma esférica; en la sección más angosta, las patas son simuladas por medio de una forma de escuadra que termina también en una esfera; mientras que en la parte posterior se colocó una pequeña protuberancia.

            Sobre el lomo se encuentra un orificio, lo cual indica que esta pieza no era una mera figurilla, sino que se utilizaba para contener algún líquido y, dado la profusa decoración que tenía, es muy posible que no tuviera un uso cotidiano, sino que fuera usada en un ritual específico.

            De igual forma, toda la pieza se encontraba estucada y pintada con un color anaranjado, simulando la piel del jaguar, donde seguramente también se encontraban puntos negros para representar las manchas características de este felino. Asimismo, se alcanzan a distinguir líneas negras que contornean las piernas, mostrándonos que se encontraban delimitadas de este color las principales partes del jaguar. La unión del colorido y la forma debió resultar en una hermosa pieza de un gran naturalismo, la cual, hoy en día a estos atributos se le ha sumado el paso del tiempo.

Todas las ciudades del mundo, a lo largo del tiempo, les han dado distintos atributos a los animales. En ocasiones se les han dotado de cualidades buenas o malas, benéficas o maléficas para el hombre; se han ocupado como metáforas para representar la astucia, la valentía, la lealtad o la ignorancia, entre otras muchas cualidades e, incluso, se les ha dado un carácter divino.

Obras de la sala

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