Figurilla femenina con engobe rojo  | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Tlatilco
Región Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1200-500 a.C.
Técnica

Barro modelado con engobe rojo, incisiones y aplicaciones al pastillaje.

Medidas 27.7   x 15.2  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 336
Investigador

Descripción

La fertilidad, es decir la capacidad de un ser de producir descendencia, era uno de los aspectos fundamentales del periodo Preclásico. Ésta se buscaba propiciar en las plantas y en los animales para asegurar su sustento y por lo tanto la existencia de las personas. En los humanos la fertilidad aseguraba que el grupo, al paso de las generaciones, siguiera existiendo y, en el caso de aumentar su población, el asentamiento tuviera una mayor jerarquía que los aledaños.

            La fertilidad se plasmó de distintas maneras: se representaron peces, patos y plantas, que mostraban su importancia para la sociedad y, a su vez, al plasmarlos, posiblemente se buscaba ayudar a su reproducción. En el caso de los humanos, esta condición se representaba por medio de una mujer, generalmente con grandes caderas y en ocasiones embarazada, con lo cual se quería destacar su papel procreador.

            En el caso de la pieza 336 este concepto se hace evidente. En ella se representó a una mujer de pie con los pies separados y los brazos extendidos hacia un lado. La pieza se encuentra completamente recubierta por un baño de engobe rojo el cual se encuentra bruñido, dándole un brillo sin igual. Al verla, se destaca lo andrógino del rostro, ya que en él no existe ninguna característica que lo pueda definir como hombre o mujer. Además, al igual que la mayoría de las piezas del preclásico en ella se destaca la desproporción anatómica de la figura.

La cabeza se crea por medio de una esfera, donde se muestra una frente prominente. Con el pastillaje de dos tiras horizontales se crearon las cejas; la boca y los ojos se realizaron por medio del pastillaje de óvalos y la nariz se formó con una pequeña pieza de barro, mismo procedimiento que se ocupó para simular las orejas.

El cuello une la cabeza con el tronco, de donde salen dos diminutos brazos con unas manos con las palmas extendidas hacia arriba. El tronco, en la parte superior, tiene dos pequeñas esferas que simulan los senos y se va ensanchando en la parte inferior adquiriendo una forma esférica para simular el embarazo y, en el centro, una pequeña concavidad simula el ombligo.

La parte más ancha en la pieza es la cadera de donde salen, de cada lado, dos figuras cónicas que terminan en forma convexa, presentando una gran separación entre ellas.

Como distintivo de la pieza se encuentra un orificio en la parte superior, lo cual indica la posibilidad de ser un contenedor de algún líquido. Estas figuras, comunes en el sitio de Tlatilco (Estado de México), se asocian frecuentemente a entierros, por lo cual debió de ser utilizada para contener una ofrenda.

Es notoria la dicotomía que se crea entre la pieza y su contexto, entre una pieza que representa la fertilidad y un lugar donde se expresa la muerte. Pero esta dicotomía era algo cotidiano para el hombre del Preclásico: las plantas nacían, florecían y de un día para otro comenzaban a morir; los animales nacían crecían y envejecían y, el mismo hombre, tenía la misma suerte. Por ello, ante el paso inexorable del tiempo, lo único que podía hacer el hombre era tratar de propiciar los elementos que permitieran que la muerte no fuera el final, ni de las plantas, ni de los animales y menos de él mismo, por lo tanto, hacía todo lo que estaba en sus manos para propiciar la fertilidad.

La fertilidad, es decir la capacidad de un ser de producir descendencia, era uno de los aspectos fundamentales del periodo Preclásico. Ésta se buscaba propiciar en las plantas y en los animales para asegurar su sustento y por lo tanto la existencia de las personas. En los humanos la fertilidad aseguraba que el grupo, al paso de las generaciones, siguiera existiendo y, en el caso de aumentar su población, el asentamiento tuviera una mayor jerarquía que los aledaños.

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