Humano con las manos sobre el abdomen | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Humano con las manos sobre el abdomen

Cultura Occidente de México
Estilo Mezcala-Chontal
Región Cuenca media del río Balsas
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Escultura en piedra verde tallada y pulida

Medidas 22   x 5.2  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 976
Investigador

Descripción

La alteración de las proporciones anatómicas y la síntesis de los elementos en la corporalidad escultórica que nos ocupa derivan del acentuado esquematismo que caracteriza al estilo artístico Mezcala. Otras figuras similares aclaran la postura: está de pie, con las piernas separadas y las manos sobre abdomen. En el rostro dos horadaciones circulares indican que alguna vez tuvo incrustaciones como ojos; en cada mano sólo hay cuatro dedos y la parte posterior es plana, excepto por el leve hundimiento que señala el cuello y la ranura que marca las piernas. No se advierte la pretensión de plasmar un ser deforme o mutilado y más que la representación de un individuo particular, la imagen hace tangible un concepto: el de un humano en un material profundamente apreciado por los mesoamericanos.

         Chalchihuitl era el término náhuatl para denominar las piedras verdes. Simbólicamente se relacionaba con la vegetación, la fertilidad, las aguas petrificadas, la energía vital y lo precioso. En este lenguaje metafórico, la palabra se equiparaba con el himen intocado y líquidos sagrados como el agua y la sangre sacrificial. En este orden de ideas, la aproximación histórica al arte antiguo de México nos desvela estatutos de la imagen muy diferentes a los que en la actualidad determinan su creación y recepción. Se sabe que los pueblos originarios no percibían las expresiones plásticas como representaciones simples, sino que en sí mismas constituían lo que figuran, tenían poder y eran activas. En el vocabulario nahua ixiptla remite a un complejo concepto que abarca la imagen y la personificación; el vocablo se asocia con la idea de cobertura y con órganos de alta sensibilidad que permiten ver, hablar y oir; Danielle Dehouve ha subrayado que la eficacia de acción del ixiptla residía en su materialidad, técnica y atributos.

         En cuanto a las piedras verdes y de otros colores, una práctica común en Mesoamérica consistió en colocarlas en la boca de los cadáveres, para preservar su aliento vital; también se ponían en cavidades en el torso de esculturas antropomorfas, de modo análogo a un corazón que les insuflaba de vitalidad. Alfredo López Austin interpreta estas piedras como depositarias de la entidad anímica llamada en náhuatl teyolía.

         A partir de lo anterior, descuella la preciosa materia de esta escultura pétrea. Si bien, los conceptos referidos provienen de fuentes etnohistóricas propias del mundo nahua, un sinnúmero de evidencias e indicios sostienen la unidad cultural que a gran escala construyeron las sociedades que dieron origen a Mesoamérica, entre ellos, desde luego, los portadores de la tradición cultural Mezcala.

         Se trata de un desarrollo de prolongada temporalidad en una extensa región en torno a la sección central del río Balsas, en los estados de Guerrero y zonas vecinas de Morelos, el Estado de México y Michoacán. La lapidaria constituye su arte más reconocido hasta ahora. El repertorio figurativo creado es limitado y las formas se presentan en volúmenes cerrados. Los rasgos y el fino pulimento exaltan la materialidad, ésta es la protagonista de la imagen. Con base en el sistema de pensamiento mesoamericano, resulta atinado calificar esta escultura en piedra verde como un humano-joya con agencia vital. Acaso, para destacar su vitalidad, originalmente la figura contó con ojos de concha en las cuencas del rostro que hoy lucen vacías. Otras piezas del estilo Mezcala, algunas en el acervo del Museo Amparo, conservan trozos de material malacológico, cuyo color contrasta con el del soporte y enfatiza la mirada de estos seres pétreos.

La alteración de las proporciones anatómicas y la síntesis de los elementos en la corporalidad escultórica que nos ocupa derivan del acentuado esquematismo que caracteriza al estilo artístico Mezcala. Otras figuras similares aclaran la postura: está de pie, con las piernas separadas y las manos sobre abdomen. En el rostro dos horadaciones circulares indican que alguna vez tuvo incrustaciones como ojos; en cada mano sólo hay cuatro dedos y la parte posterior es plana, excepto por el leve hundimiento que señala el cuello y la ranura que marca las piernas. No se advierte la pretensión de plasmar un ser deforme o mutilado y más que la representación de un individuo particular, la imagen hace tangible un concepto: el de un humano en un material profundamente apreciado por los mesoamericanos.

Otras piezas de la sala