Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina con nariguera de media luna | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Figura masculina con nariguera de media luna

Cultura Mexica
Región Valle de México
Período Posclásico tardío
Año 1400-1500 d.C.
Técnica

Piedra tallada para escultura en bulto, desgaste

Medidas 132.5   x 42.5  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1466

Descripción

Las esculturas posclásicas conocidas tradicionalmente como “portaestandartes” representan a personajes masculinos de pie con una posición asimétrica de los brazos. Una mano se eleva al nivel del hombro, mientras que la otra descansa extendida sobre el costado. La mano superior forma un hueco entre sus dedos, permitiendo la introducción de una vara cilíndrica, razón por la cual se creyó con anterioridad que cargaban una especie de estandarte.

Al posar la vista sobre esta pieza, inmediatamente capta la atención una serie de atavíos concentrados en la cabeza. Estos son el tocado xiuhuitzolli, o diadema triangular de mosaico de turquesa, la nariguera de media luna o yacameztli, el moño de papel plegado, y las grandes orejeras rectangulares. Sobre el cuerpo encontramos el característico máxtlatl o braguero.

En cuanto a sus rasgos fisionómicos, sorprende el alargamiento excesivo de la cabeza y la enorme nariz. En especial, llama la atención la longitud real del brazo derecho, el cual, de encontrarse extendido, sobrepasaría 1.6 veces la longitud del izquierdo. También reconocemos el aplanamiento del cuerpo que fuerza a posicionar todos los miembros dentro del mismo plano, así como la abertura rectangular entre las piernas y el pedestal.

Todas estas características, sin excepción alguna, son reencontradas en el grupo de esculturas depositadas como ofrenda en las escalinatas de la etapa III del Templo Mayor. De las nueve piezas descubiertas en 1978, seis llevan la posición asimétrica de los brazos con un hueco en la mano derecha para sostener, presuntamente, un hacha de obsidiana. El resto lleva sus manos sobre el pecho a semejanza de la escultura con el número 1441 de este museo. Tanto su cromatismo, como algunos de sus atavíos, han sido relacionados con las deidades del pulque (como la nariguera de media luna que también porta esta escultura) y con los guerreros Centzon Huitznahua que lucharon contra Huitzilopochtli en el mítico Coatépetl. Con base en esta hipótesis, las impresionantes semejanzas formales e iconográficas harían de esta figura prácticamente un “hermano” más de Coyolxauhqui. 

Es posible que la superficie pétrea también fuese cubierta por vivos colores. Hoy día se ha perdido casi todo su cromatismo dejando al descubierto el intenso tono rojizo de la roca. Tan sólo es posible percibir a simple vista la pigmentación blanca sobre el moño, que coincide con el color que porta este objeto en otras esculturas mexicas.

Probablemente, esta pieza fue labrada antes del año 1440 d.C., dentro del desarrollo escultórico temprano mexica, que coincide históricamente con la fase preimperial. Durante esta época todavía presenta una fuerte afinidad con el lenguaje visual tolteca, como la producción escultórica del sitio de Castillo de Teayo. Es más difícil suponer su lugar de procedencia, el cual podría no corresponder al núcleo de ocupación nahua. Una escultura con el glifo del dios del pulque, acompañada de rasgos semejantes como la nariguera y el moño de papel, fue encontrada en el alejado sitio de Poza Larga en Papantla. Esta región coincide con las primeras expansiones nahuas en Tuxpan llevadas a cabo desde 1444 por los acolhuas de Texcoco, hasta el completo sometimiento de esta provincia atribuido a Axayácatl en 1480.

La planimetría del cuerpo incita a relacionarla con la escultura huasteca. En efecto, existen numerosos “portaestandartes” masculinos procedentes de la región huasteca que llevan brazos asimétricos y huecos entre las manos, sin embargo, los rasgos fisionómicos del rostro frustran por completo cualquier parentesco. Del mismo modo, la extensión exagerada del brazo derecho, que parece haber tenido la finalidad formal de llevar el codo hasta el nivel de la cintura, es algo que jamás veremos en la estatuaria huasteca, la cual, a pesar de su extrema estilización, mantiene los dos codos a la misma altura.  

 

Las esculturas posclásicas conocidas tradicionalmente como “portaestandartes” representan a personajes masculinos de pie con una posición asimétrica de los brazos. Una mano se eleva al nivel del hombro, mientras que la otra descansa extendida sobre el costado. La mano superior forma un hueco entre sus dedos, permitiendo la introducción de una vara cilíndrica, razón por la cual se creyó con anterioridad que cargaban una especie de estandarte.

Otras piezas de la sala