Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Jarras rojo pulido con asa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Región Altiplano Central
Período Período Posclásico
Año Medio (1200-1350 d.C.) y tardío (1350-1521 d.C.)
Técnica

Modelada, alisado, pulido, pintura bruñida, pastillaje

Medidas 11.5   x 11.8  x 8.9  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1602
Investigador

Descripción

Entre los materiales arqueológicos que usualmente se recuperan en las excavaciones están aquellos utensilios, vasijas y objetos que nos parecen muy familiares porque seguramente podemos encontrar algunos muy parecidos en nuestra propia casa. Dichos enseres nos informan cómo los humanos han resuelto las mismas necesidades con soluciones tecnológicas semejantes a lo largo de la historia. Haciendo análisis concretos a estos objetos, es posible saber qué tipo de alimentos guardaban en su interior; si eran o no expuestos al fuego; e incluso cómo eran las familias que los usaban, si tenían cierto estatus socioeconómico u otro.

Durante el periodo Posclásico encontramos la mayor variedad cromática y estilística en las vasijas y objetos de cerámica del Altiplano Central. En las dos jarras que aquí se describen se puede observar que ambas tienen la mayor parte de su cuerpo cubierto de engobe rojo. La que lleva el número de catálogo 1602 presenta diseños geométricos (espirales, grecas escalonadas) pintados en negro sobre el engobe rojo y un acabado pulido. Por dentro del cuello el engobe cubre hasta su mitad y también toda la vertedera. Estas características permiten reconocerla como del tipo Rojo Pulido o cerámica guinda, un tipo cerámico que se ha localizado en Morelos, siendo en algunos casos de elaboración local o bien importada del sur de la Cuenca de México. Tiene además un cuerpo de silueta compuesta, curvo convergente y una agarradera vertical que va del borde hasta el cuerpo. Su cuello es curvo divergente y presenta una boca oval con vertedera abierta de canal. Su base y fondo son planos.

La jarra que lleva el número 1603 también tiene un cuerpo de silueta compuesta formado por dos cajetes curvo-convergentes. Dos agarraderas a los lados del cuerpo colocadas por pastillaje y un asa vertical que va del borde hacia la sección media del cuerpo. Éste a su vez está cubierto de engobe rojo, y sobre la mitad superior, así como en el borde de la boca y sobre el asa se aplicó pintura negra plomiza o color grafito. Presenta salpicaduras del color plomizo en la zona del cuello. Su acabado es bruñido. Tiene una base convexa y el fondo plano y sobre el cuerpo se alcanzan a percibir los brochazos del momento en que el engobe y la pintura fueron aplicados por el artesano. Al interior se encuentra alisada.

Como se ha mencionado anteriormente, ambas jarras pueden ser clasificadas en el tipo Rojo Pulido, que, de acuerdo con Michael Smith, también se ha llamado como el tipo Rojo Texcoco. Esta clase de cerámica guinda era producida en la Cuenca de México, Morelos y el Valle de Toluca y se intercambiaban comúnmente, incluso aparecen enlistadas en la época colonial temprana como parte de las mercancías ofrecidas a la venta en distintos mercados. La cerámica de este tipo se presentó también en formas como copas y vasos, además de las jarras, que probablemente fueron usadas en grandes banquetes.

Entre los materiales arqueológicos que usualmente se recuperan en las excavaciones están aquellos utensilios, vasijas y objetos que nos parecen muy familiares porque seguramente podemos encontrar algunos muy parecidos en nuestra propia casa. Dichos enseres nos informan cómo los humanos han resuelto las mismas necesidades con soluciones tecnológicas semejantes a lo largo de la historia. Haciendo análisis concretos a estos objetos, es posible saber qué tipo de alimentos guardaban en su interior; si eran o no expuestos al fuego; e incluso cómo eran las familias que los usaban, si tenían cierto estatus socioeconómico u otro.

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