Orejeras de piedra verde | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Orejeras de piedra verde | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Orejeras de piedra verde | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Orejeras de piedra verde | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Orejeras de piedra verde | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Técnica Desgaste y pulido. Restos de cinabrio
Medidas

Diámetro 6.70 cm

Medidas x 2.5  cm
Ubicación Piezas de Arte Prehispánico en diálogo
Investigador

Descripción

Desde el periodo Preclásico, con el auge de las sociedades estratificadas en la costa sur de Veracruz y Tabasco, las piedras con tonos verdes, que podrían incluir la serpentina, la nefrita o la jadeíta, fueron utilizadas para elaborar diversos objetos, entre ellos orejeras. Éstos, así como otras piezas que incluyeron pectorales, collares, anillos e incluso máscaras, y que servían como adorno, se elaboraban en los talleres de los conjuntos residenciales en grandes asentamientos humanos como San Lorenzo, Veracruz desde el periodo Preclásico medio, y continuó elaborándose hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

Las orejeras eran uno de tantos símbolos de poder entre los antiguos mesoamericanos. Se utilizaban, valga la redundancia, en los lóbulos de las orejas y podían incluir más de un aditamento que complejizaba su significado (como espigas y contrapesos). En muchos casos incluso tenían inscripciones esgrafiadas y eran un elemento importante en los ajuares funerarios de los gobernantes, como fue el caso de las localizadas en la tumba del gobernante palencano K’inich Janahb’ Pakal, en el Templo de las Inscripciones. Hoy en día, los estudiosos de la escritura e iconografía maya han logrado descifrar la asociación que esta cultura del periodo Clásico hacía entre las orejeras y el aliento, o bien con las gotas de lluvia, de tal manera que la forma circular de las mismas, y en muchos casos la manera en que fueron representadas tenía la intención de recalcar esta analogía simbólica.

Las tres piezas de las que aquí se habla presentan una cara frontal de forma discoidal y plana, mientras que en su sección posterior tienen un cuerpo tubular en forma de cono truncado, el cual se introducía en orificios de los lóbulos de las orejas. Las tres piezas presentan cinabrio en la sección del interior, lo cual podría indicar su procedencia del contexto funerario de un personaje con cierto estatus social. La procedencia geográfica de estas obras es difícil de identificar, dado que el material en el que fueron talladas, un tipo de piedra verde, está presente a lo largo de la mayor parte de Mesoamérica. De la misma manera, sin tener una asociación arqueológica a otras piezas, resulta difícil determinar su temporalidad, pues las orejeras fueron elaboradas durante toda la época prehispánica. Sin embargo, vale la pena anotar que presentan formas, dimensiones y materialidad muy semejantes a numerosas orejeras localizadas en el centro y sur de Veracruz y en Tabasco, localizadas la mayoría de ellas en contextos olmecas fechados hacia el Preclásico Medio (1100-600 a.C.).

La orejera número 152 presenta una despostilladura en la parte externa, y concreciones de tierra. El cinabrio que puede indicar su procedencia de un contexto funerario se localiza en la parte externa proximal, es decir sobre el cuerpo tubular. En el caso de la que tiene el número 153, el cinabrio se localiza en la misma sección, y también en su interior, lo cual recalca la posibilidad de su extracción de un enterramiento. Recordemos la tumba de la Reina Roja de Palenque como un ejemplo de la importancia de este material en los contextos funerarios.  Finalmente, la numerada 154, presenta también en el interior de la sección tubular el mismo pigmento rojo.

Desde el periodo Preclásico, con el auge de las sociedades estratificadas en la costa sur de Veracruz y Tabasco, las piedras con tonos verdes, que podrían incluir la serpentina, la nefrita o la jadeíta, fueron utilizadas para elaborar diversos objetos, entre ellos orejeras. Éstos, así como otras piezas que incluyeron pectorales, collares, anillos e incluso máscaras, y que servían como adorno, se elaboraban en los talleres de los conjuntos residenciales en grandes asentamientos humanos como San Lorenzo, Veracruz desde el periodo Preclásico medio, y continuó elaborándose hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

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