El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo
Vasija con vertedera y efigie de una mujer | El tiempo en las cosas II. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Vasija con vertedera y efigie de una mujer

Región Huasteca
Período Posclásico temprano
Año 900-1200 d.C.
Técnica Barro (pasta fina) modelado con decoración pintada en dos tonos de rojo
Ubicación Salas de Arte Contemporáneo. Piezas Prehispánicas
Investigador

La Huasteca ocupa buena parte la llanura costera del Golfo de México. Sus límites llegan al norte hasta el río Tamesí y al sur a la cuenca del Tuxpan. El litoral marino la delimitaba al oriente y las grandes montañas de la Sierra Madre al poniente. Gran parte del territorio se hallaba conformado por la cuenca hidrológica del Pánuco.

Sus habitantes eran en su mayoría hablantes del huasteco (teenek), aunque también los había de lenguas distintas como son el náhuatl, el otomí y el tepehua. En época prehispánica fue escenario de un mosaico muy variado de sociedades que a pesar de su relativa uniformidad lingüística mostraban importantes diferencias culturales.

A pesar de su diversidad, compartían un sustrato cultural ancestral que ahora permite distinguirlas de otras asentadas en áreas distintas de Mesoamérica.

El período Clásico y particularmente el Posclásico, en su parte temprana (ca.900-1200 d.C.), es la época en la que sus manifestaciones culturales ofrecen mayor homogeneidad a pesar de tratarse de expresiones surgidas en regiones distintas.

Esta afirmación se corresponde con la realidad sin necesidad de introducir mayores precisiones cuando se hace valer en las cerámicas de pasta fina, de un hermoso color blanco, modeladas con efigies diversas y pintadas con complicadas ornamentaciones de color negro. 

Famosas y muy demandadas en la Mesoamérica del período Posclásico, dieron paso al establecimiento de talleres especializados que, en todo caso, llegaron a registrar particularidades relacionadas con la versión del estilo que incorporaban. Las más conocidas son las ollas de cuerpo semiesférico provistas de vertedera y asa de tipo “estribo”.

Sin embargo, la característica efigie de un rostro de ojos entreabiertos puede dar paso en lugares distintos de la Huasteca -cuando el cuerpo de la vasija no ha sido construido a manera de gajos- a representaciones mucho más elaboradas que hacen de estas ollas la figuración de un personaje de cuerpo entero. De cualquier manera, todas ellas son coincidentes en cuanto a propósitos simbólicos y en lo que hace a su probado uso ritual.

Esta hermosa pieza es la representación de una mujer sentada. El mayor volumen de la olla se encuentra dedicado a su abultado cuerpo, mientras que la cabeza se aloja en el cuello de la vasija.

En la espalda del personaje se encuentra el asa que también sirve de vertedera. La cara, como es lo usual, presenta ojos entreabiertos y delineados con pintura negra. La boca deja ver los dientes aserrados con un tipo de decoración que es típico de la Huasteca.

El torso se encuentra profusamente ornamentado con diseños pintados en color negro, sólo la banda del tocado es roja y una suerte de ajorca en la pierna izquierda. Los senos se encuentran remarcados por complicados dibujos que incluyen círculos concéntricos.

En la cintura vuelven a aparecer sólo que ahora dispuestos con la intención de sugerir un cinturón, una suerte de faja. La pintura corporal se extiende hacia ambos brazos cubriéndolos hasta la mano. Sobre la cabeza, ocupando incluso el borde de la vasija, se distinguen los mechones de cabello sujeto por la cinta.

La Huasteca ocupa buena parte la llanura costera del Golfo de México. Sus límites llegan al norte hasta el río Tamesí y al sur a la cuenca del Tuxpan. El litoral marino la delimitaba al oriente y las grandes montañas de la Sierra Madre al poniente. Gran parte del territorio se hallaba conformado por la cuenca hidrológica del Pánuco.

Obras de la sala

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