El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Venado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Venado

Cultura Tumbas de tiro
Estilo Comala
Región Nayarit o Jalisco
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado e inciso

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1092
Investigador

La representación del venado es escasa en el arte de la cultura de tumbas de tiro (300 a.C. – 600 d.C.) y en general en el del antiguo Occidente, no obstante, en esta región es una especie muy común desde la costa hasta las elevaciones de las sierras; además, es ampliamente conocido su aprovechamiento casi integral: en primer lugar, la carne como alimento, y luego las astas, los huesos, la dentadura, la piel y las pezuñas como materia prima para la manufactura de numerosos artefactos utilitarios y ornamentales. Se añaden asimismo sus usos rituales y valores simbólicos: en el ámbito de la tradición mesoamericana el venado es considerado sagrado y se vincula con lo solar.

La escultura representa un venado cola blanca; sobresale el interés del artista por la fidelidad anatómica: claramente se trata de un macho pues tiene modelados los genitales y las astas; otros detalles son las pupilas, el ano, las pezuñas marcadas en las cuatro patas, los orificios nasales y la pintura de color crema en los ojos, las astas y en ciertas zonas que en efecto están cubiertas de pelo claro, esto es, en el cuello, el pecho y el vientre. Tiene la cola levantada, que es como la suele mantener en actitud de alerta y mientras corre. En la parte posterior de la cabeza y sobre el lomo se ven cuatro orificios de cocción.

La pieza resulta peculiar entre el arte del pueblo de las tumbas de tiro porque figura un venado y sobre todo por la manufactura. El estilo artístico que le es más cercano es el Comala, localizado en la actual zona de Colima, al cual remite por el color rojo de la superficie, con algunas secciones en crema, igualmente por la construcción hueca de la pieza y la configuración realista; más, a diferencia de éste, la pieza no exhibe bruñido, es decir, que no fue tallada con un objeto duro, como una piedrita de pirita o cuero para producir brillo en la superficie; el pronunciado punzonado de las pupilas y la precisión de algunos detalles corporales, como el ano y los párpados, parecen también anómalos.       

Aunque el venado no está ausente en el imaginario artístico de esta cultura, es un hecho que no aparece frecuentemente. Esto me da pie para enfatizar la idea de que primordialmente su repertorio iconográfico no concierne a la comida o la reproducción inmediata del entorno. Esta mínima figuración contrasta con la detección constante de restos de venado en ciertas indagaciones arqueológicas en las que ha sido factible profundizar en el análisis biológico de los materiales; tales restos ponen en evidencia que fue importante en la alimentación y en la producción de objetos diversos. Si acaso en los contextos funerarios de esta cultura se hubiera procurado recrear bienes comestibles para los difuntos, en cuanto a la fauna, además del venado abundarían las representaciones de la liebre, el pecarí, la ardilla, el guajolote, y no es así. Es necesario indagar en la ideología religiosa de esta sociedad para aproximarnos al entendimiento de su arte.

La representación del venado es escasa en el arte de la cultura de tumbas de tiro (300 a.C. – 600 d.C.) y en general en el del antiguo Occidente, no obstante, en esta región es una especie muy común desde la costa hasta las elevaciones de las sierras; además, es ampliamente conocido su aprovechamiento casi integral: en primer lugar, la carne como alimento, y luego las astas, los huesos, la dentadura, la piel y las pezuñas como materia prima para la manufactura de numerosos artefactos utilitarios y ornamentales. Se añaden asimismo sus usos rituales y valores simbólicos: en el ámbito de la tradición mesoamericana el venado es considerado sagrado y se vincula con lo solar.

Obras de la sala

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