Vasija antropomorfa de estribo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija antropomorfa de estribo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija antropomorfa de estribo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija antropomorfa de estribo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija antropomorfa de estribo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tumbas de tiro
Estilo Elefantino
Región Jalisco
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 790
Investigador

Descripción

La pieza reviste gran interés porque testimonia la larga y compleja historia del arte del antiguo Occidente, en cuanto a la existencia de una prolongada tradición cultural desde el Preclásico medio hasta el Clásico temprano y asimismo, los vínculos con el área andina.

Lo que le da el nombre a este tipo de vasijas es el elemento cilíndrico con forma de “u” o herradura invertida, conocido como “estribo”, que pudo funcionar como asa y también como vertedera, ya que por estar hueco permite el flujo de lo contenido en el volumen esférico que constituye la parte inferior de tales recipientes.

En el Occidente mesoamericano, la vasija con asa-vertedera de estribo tiene una antigua presencia, su origen se remonta a la cultura Capacha, cuya temporalidad, en términos amplios, puede ubicarse entre el 1500 o 1200 y el 800 o hasta el 300 a.C. Se trata de un desarrollo puesto al descubierto por la antropóloga Isabel Kelly en Colima y el sur de Jalisco, posteriormente se han encontrado sus vestigios en el centro y noroeste jalisciense. La vasija de estribo se halla entre las evidencias de las remotas relaciones históricas entre la región occidental y el noroeste sudamericano; el modelo es más antiguo en Ecuador y el hecho de que su configuración no replique formas naturales, permite advertir que fue transmitido.

Respecto a la historia del Occidente, múltiples testimonios, como los cementerios, las tumbas de tiro y cámara, el arte cerámico funerario, determinan que la cultura de las tumbas de tiro es heredera directa de la de Capacha; junto con la de El Opeño, contemporánea a esta última, constituyen la tradición cultural más distintiva. En este orden de ideas, el recipiente que vemos es tradicional y también propio de su tiempo, puesto que en la plástica Capacha la sección superior que remataba el estribo era otra vasija con forma de cántaro y en éste tiene la forma de una cabeza humana con un hueco circular en la cima que sirve como boca del recipiente; de tal manera, exhibe el acentuado carácter figurativo de los volúmenes cerámicos creados por el  pueblo de las tumbas de tiro a partir del año 300 a.C.         

En su repertorio artístico esta obra es singular, no se identifica otra que se le parezca; por los rasgos faciales finos y simplificados, y el hecho de que sea un recipiente, se le puede atribuir al estilo “elefantino”, de sobresaliente voluminosidad y en el cual los detalles se hicieron por medio de pastillaje, en este caso los ojos con forma de “grano de café” –como una pastilla con una ranura horizontal al centro— y la banda que rodea la cabeza, por el frente remite a cabello y en lo general a un mecapal.

Del elefantino se conocen muy pocos ejemplares, en la colección que resguarda el Museo Amparo es posible apreciar otros tres, uno de ellos con mecapal; en mayor o menor medida sus cuerpos huecos semejan contenedores. Es un estilo con destacados rasgos compartidos con otros estilos; entre ellos, del Tuxcacuesco-Ortices están las mencionadas formas al pastillaje, y del Ameca-Etzatlán el tipo de pasta y el tratamiento de la superficie.

Al parecer, el color de la pieza es rojo, pero casi toda se halla cubierta por depósitos de tierra, seguramente acumulados a lo largo de siglos, como ofrenda funeraria. La punta de la nariz se ha perdido y más que orejas se ven las orejeras, que consisten en numerosas argollas dispuestas horizontalmente a lo largo de los lóbulos.

La vista de la base de la vasija da la pauta para hablar del proceso de creación: al centro tiene una depresión circular que indica que la cáscara seca de una calabaza se usó como molde de la mitad inferior, el resto fue modelado. La técnica básica se denomina enrollado: a partir del interior de la cáscara, el cuerpo del recipiente se construiría por medio de cilindros alargados de barro dispuestos en espiral que luego se alisarían y pulirían para eliminar las uniones.

La pieza reviste gran interés porque testimonia la larga y compleja historia del arte del antiguo Occidente, en cuanto a la existencia de una prolongada tradición cultural desde el Preclásico medio hasta el Clásico temprano y asimismo, los vínculos con el área andina.

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