Maqueta con escena ritual | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Maqueta con escena ritual | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Maqueta con escena ritual | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Maqueta con escena ritual | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tumbas de tiro
Estilo Ixtlán del Río
Región Nayarit
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje y pintura

Medidas 33.2   x 22.8  x 18.2  cm
Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 2000
Investigador

Descripción

En la cultura de tumbas de tiro destacan las esculturas que figuran una gama extensa de recintos arquitectónicos y reciben el nombre de “maquetas”. El término no aplica en el sentido de modelos que servirían para imitar en una labor constructiva o para mostrar las características distintivas de un proyecto, sino como la representación en formato pequeño de obras existentes. Las maquetas constituyen un testimonio sumamente valioso para aproximarnos a una arquitectura cuya antigüedad pudiera remontarse a más de dos mil años y de la cual la mayor parte ha desaparecido o ha sido destruida.

Descubrimos la casa en una sorprendente variedad formal y además como una entidad que aglutina múltiples valores funcionales y simbólicos. Las maquetas de esta cultura se distinguen de las de otros pueblos mesoamericanos por la concepción plenamente tridimensional, con espacios interiores y especialmente porque incluyen a los habitantes de esos espacios en actividades y actitudes variadas, por lo general dinámicas y vitales. El edificio que vemos consta de una cámara rectangular con dos paredes laterales; el techo es trapezoidal a cuatro aguas, alto y muy inclinado, su forma remite a un prisma con la sección media constreñida que acentúa la proyección de los aleros, los cuales protegen las paredes y las aberturas de los cuatro costados; en los extremos del remate sobresalen dos protuberancias que identifico como dos postes cruzados que formarían parte de la estructura; las vistas laterales del techo exhiben forma triangular.

La construcción se levanta sobre un basamento elevado, al que se adosa la pendiente de una escalera, misma que señala la fachada. La decoración polícroma corresponde a las concepciones estilísticas que caracterizan a la cerámica de la zona de Ixtlán del Río y es un testimonio de la existencia de pintura mural; los motivos siempre son geométrico-abstractos y aunque el repertorio es limitado, varían las combinaciones; esta ornamentación se restringe a la superficie exterior. La sección media del techo está cubierta de rombos lineales concéntricos en rojo y negro; el remate tiene líneas rojas y negras verticales en la parte central y horizontal en los postes, mientras que en la parte inferior hay una franja de triángulos sólidos negros. El frente y la parte posterior del basamento se pintaron con líneas verticales onduladas rojas; en los costados se ven rombos concéntricos lineales negros. Ahora pasemos al interior de la casa, acerquémonos a sus habitantes y a las cualidades narrativas que les imprimieron los artistas, en el sentido de que configuran escenas.

Pueden verse cinco individuos, que a mi parecer son hombres, y es posible que hubiera otro del cual se conserva un fragmento; todos presentan tocado de banda, orejeras circulares, nariguera de argolla y una especie de cinturón grueso. En relación con estas figuras, dentro del estilo Ixtlán del Río, las maquetas se inscriben en una subvariante de rasgos “caricaturescos”, en tanto que su anatomía luce desproporcionada y aparentan una factura descuidada, sin detalles: en particular los humanos presentan cabezas muy grandes, nariz prominente, manos y pies como muñones.

No obstante, la configuración es precisa para denotar su identidad primordial y apropiada para la expresión de vitalidad y dinamismo. Pese a que pueden carecer actualmente de ojos o que apenas fueron sugeridos, las figuras parecen estar mirando; exhiben las convenciones propias de las esculturas exentas hechas en formato mayor, tales como posiciones del cuerpo, indumentaria, ornamentos, objetos asociados, ademanes y acciones tanto femeninos como masculinos. Sólo uno de los individuos se distingue por llevar una mano a la boca, como si consumiera algo procedente de la gran cazuela que ocupa el centro de la composición; a los lados de ésta hay un par de objetos altos con forma de ánfora, aunque a diferencia de la cazuela se ven cerrados; considero que también son recipientes, puesto que son objetos muy frecuentes en las representaciones arquitectónicas; de hecho, además de los humanos y algunos animales, únicamente se modelaron vasijas; el mobiliario está ausente.

Planteo que está plasmado un ritual de índole privada que involucra la ingestión colectiva, el carácter ritual de la escena lo sustenta el origen funerario de la pieza. En este ámbito religioso, una posibilidad es que la maqueta perpetúe una actividad en la que participó el o los individuos a quienes se ofrendó en la tumba, o quizá cierto acto celebrado en su honor. Conviene destacar que el ritual está intrínsecamente ligado con el espacio arquitectónico; las formas mismas lo subrayan.

En la cultura de tumbas de tiro destacan las esculturas que figuran una gama extensa de recintos arquitectónicos y reciben el nombre de “maquetas”. El término no aplica en el sentido de modelos que servirían para imitar en una labor constructiva o para mostrar las características distintivas de un proyecto, sino como la representación en formato pequeño de obras existentes. Las maquetas constituyen un testimonio sumamente valioso para aproximarnos a una arquitectura cuya antigüedad pudiera remontarse a más de dos mil años y de la cual la mayor parte ha desaparecido o ha sido destruida.

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