Brasero con una posible alegoría de la fertilidad masculina | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Brasero con una posible alegoría de la fertilidad masculina | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Brasero con una posible alegoría de la fertilidad masculina

Cultura Tumbas de tiro
Estilo Tuxcacuesco-Ortices
Región Colima
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, con pastillaje y punzonado

Medidas 48.7   x 23.2  x 23.2  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1467
Investigador

Descripción

Por su composición fantástica, la imagen que vemos contrasta con el acentuado apego a la realidad física o visual que predomina en las múltiples modalidades estilísticas del arte de la cultura de las tumbas de tiro. Tiene una doble vista muy interesante: son dos figuras masculinas unidas por la espalda, aunque cuentan con un solo torso y un par de brazos; se apoyan en las cuatro piernas que lucen muy separadas y levemente flexionadas; los rostros son grotescos, con ojos circulares grandes, nariz aguileña corta y muy prominente, boca grande y entreabierta; entre las cabezas de ambas se forma un recipiente semiesférico y a los lados están adheridos los extremos de un asa curva, alta y serpentina.

Se trata de una dualidad de contundente carácter masculino, puesto que en las dos figuras sobresalen los genitales modelados con testículos y pene. La dualidad supone diferencias, oposiciones, complementariedad y con frecuencia jerarquización entre sus componentes; de tal manera, las figuras presentan variaciones en los detalles y es factible reconocer a una como la protagonista. En ésta, y a diferencia de la otra, las zonas abultadas de las cejas y la barbilla exhiben orificios circulares, la boca cuenta con dientes separados entre sí, y en las mejillas sobresalen formas tubulares con la punta redondeada de incierta filiación.

La segunda figura se ve con la boca cerrada. Además, en la protagonista las manos se posan sobre las rodillas y la asociación con el asa es directa, forma parte de su tocado. En un extremo el asa tiene una cabeza; es un ofidio emplumado: en las convenciones estilísticas de este arte, las aplicaciones a lo largo de todo el dorso pueden identificarse como plumas. Sin duda, remite a la muy reconocida entidad divina mesoamericana de la serpiente emplumada, cuyas connotaciones son acuáticas y celestes. Su cuerpo se concibe como un conductor de agua y en nuestra imagen resulta plenamente significativo que se disponga en forma de arco, pues configura una banda celestial, la cual delinea el estrato superior del cosmos. Al cuerpo de esta serpiente se adhieren otras dos con la cabeza hacia abajo que entrecruzan sus cuerpos y figuran así el signo del movimiento denominado ollin en náhuatl. Estas serpientes sólo presentan plumas en la cabeza, al modo de una diadema que continúa en el borde de la cabeza antropomorfa. La cabeza de la figura secundaria también muestra diadema de plumas.

En atención a las referencias sexuales masculinas y el simbolismo de las serpientes emplumadas, pienso que es oportuno interpretar la imagen como una alegoría de la fertilidad masculina y acuática celeste. La contraparte, la figura secundaria, acaso evoca la estación de secas; en lo integral, la imagen pudiera figurar una dualidad estacional, aunque se pondera la etapa de lluvias, la del agua que llega del cielo. En la cosmovisión mesoamericana el origen primordial del agua es subterráneo; asciende en forma de vapor para formar las nubes y alcanzar al nivel superior.

En consonancia con esta idea, esta obra de arte pudo funcionar al modo de un incensario o ahumador: el torso es hueco, como puede verse a través de las perforaciones triangulares invertidas que presenta por el frente y por detrás, las cuales remiten a genitales femeninos. En este espacio hueco pudo colocarse alguna materia para producir incienso o humo, cuya apariencia es análoga a la de las nubes. En el fondo del cuenco que se forma entre las cabezas hay un pequeño orificio por donde también pudo emerger el humo. En este esquema de interpretación, el signo del movimiento mencionado simbolizaría al carácter cíclico de las estaciones.

Por su composición fantástica, la imagen que vemos contrasta con el acentuado apego a la realidad física o visual que predomina en las múltiples modalidades estilísticas del arte de la cultura de las tumbas de tiro. Tiene una doble vista muy interesante: son dos figuras masculinas unidas por la espalda, aunque cuentan con un solo torso y un par de brazos; se apoyan en las cuatro piernas que lucen muy separadas y levemente flexionadas; los rostros son grotescos, con ojos circulares grandes, nariz aguileña corta y muy prominente, boca grande y entreabierta; entre las cabezas de ambas se forma un recipiente semiesférico y a los lados están adheridos los extremos de un asa curva, alta y serpentina.

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