Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Tapa de bóveda con pintura del dios K'awiil y texto jeroglífico

Cultura Maya
Región Región Chenes, Campeche y sur de Yucatán
Período Clásico tardío
Año 600-909 d.C.
Técnica

Piedra estucada y pintada, esculpida en forma de cubierta de bóveda

Medidas 68   x 36.5  cm
Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1465
Investigador (es)

Descripción

Los mayas emplearon la falsa bóveda para cerrar espacios interiores; estas bóvedas se creaban mediante la aproximación de hileras de piedra, hasta que se unían en la parte superior y cerraban con lo que se conoce comúnmente tapas de cerramiento de bóvedas, pero de todas las lajas que tenían la función de cubrir la bóveda sólo y en algunas ocasiones, la del centro era decorada y pintada de forma especial. El proceso técnico para crear estas tapas de bóveda era el siguiente.

Primero se estucaba, a continuación se pintaba en un solo color la imagen de un dios, el más representado fue K’awiil, y en ocasiones se añadía escritura. La tendencia estilística de pintar las tapas de bóveda se desarrolla al final del siglo VII y se mantiene hasta principios del siglo IX. En donde más tapas pintadas se han encontrado in situ hasta el momento es en la región Chenes, en el sur del estado de Campeche, y en la región Puuc, en el estado de Yucatán, por eso se pensaba que era una tendencia regional y característica de ambas zonas sin embargo, varias tapas de bóvedas se han registrado en las excavaciones de la ciudad de Ek Balam, en el norte de Yucatán, por lo que el mapa de esta tradición artística debe ampliarse hasta el noreste de la Península.

Esta tapa representa al dios K’awiil de perfil y sujetando un saco con granos de maíz o de cacao. Cuando la figura de K’awiil es representada en tapas de cerradura de bóveda suele estar vinculado a alimentos y por tanto en estrecha relación con la abundancia agrícola; se le identifica por sus rasgos físicos y sus atributos principales, su rostro presenta una modelación tabular erecta, es decir que su frente se proyecta hacia arriba; su ojo es cuadrado con una pupila en forma de voluta o gancho; la nariz es alargada y proyectada hacía delante y ligeramente hacia arriba; su boca se muestra abierta y en ocasiones presenta colmillos. Además, lleva los signos de espejo o brillo adornando brazos, espalda y piernas. Estos signos sólo los portaban las deidades, en especial las relacionadas con el espacio celeste.

Entre sus atributos principales se reconoce en su frente una antorcha con voluta de fuego, que a veces es sustituida por un hacha clavada en un espejo. Este dios siempre va a presentar una de sus piernas con aspecto serpentino que estaba estrechamente relacionada con la adivinación y la magia. K’awiil cubre su cabeza con un tocado de plumas colocado en la parte posterior. Una orejera circular que cierra con un tapón tubular cubre su oreja; en el pecho lleva un collar de cuentas del que cuelga una placa circular más grande rematada con cuentas tubulares y cuelga por la espalda. En la cintura se reconoce un atado lateral que sujetaría un faldellín, pese a que éste no sea totalmente apreciable en la imagen.

La escena queda enmarcada por arriba y abajo por dos bandas que contienen escritura, aunque algunos glifos superiores están perdidos. Y todo esto, a su vez, queda enmarcado por una línea que recorre todo el contorno. La figura del dios y el saco que sujeta en sus manos no contienen color, simplemente están delineados sobre un fondo plano que está pintado de rojo oscuro, el color que más se empleó para pintar las tapas de bóvedas.

Erik Velásquez García y Ana García Barrios

Una de las características principales que distingue a la arquitectura maya, es la creación de la bóveda que empezó a utilizarse en templos y tumbas a fines del período Preclásico tardío (400 a.C.-250 d.C.) De la variedad que se edificaron, la más común es la bóveda en saledizo, la cual se construye a partir de la parte superior de los muros laterales, acercando ambos lados al colocar hiladas sucesivas de piedras que sobresalen de la inferior y se aproximen hacia el centro, hasta que a punto de unirse en la sección superior, se deja un pequeño espacio donde se pone la hilada de las piedras del cerramiento de la bóveda. El uso del mortero de cal que da cohesión al núcleo lograba que las piedras se adhirieran, lo que  permitía la consolidación de la bóveda.

Generalmente la única piedra-tapa que tiene una escena pintada es la más próxima al centro, de tal modo que da al eje del vano de acceso al interior del cuarto, así al entrar y voltear hacia arriba, se verá una imagen pintada.

Las que se han descubierto a la fecha, aproximadamente 167, se localizan in situ o en bodegas, algunas de las que se resguardan en museos son de procedencia desconocida, como la pieza aquí expuesta, cuando se desconoce el sitio al que perteneció se les da el nombre del museo, de ahí que esta piedra se conozca como “Tapa de bóveda Museo Amparo”. Todas pertenecen a sitios arqueológicos situados en los estados de Campeche y Yucatán y, su cronología, se ha situado en el período Clásico tardío (600-909 d.C.), algunas pocas son del Clásico terminal (900-1000 d.C.). Gran parte de estas piedras–tapa se han encontrado en muy mal estado de conservación, así que son escasos los ejemplares en los que ha perdurado la escena completa.

En lo que corresponde a la técnica de manufactura, es probable que se pintara antes de ser colocada; se preparaba el enlucido y se bruñía para después aplicar los pigmentos y dibujar las figuras que se deseaban representar.

La mayoría de las tapas de bóveda fueron pintadas de rojo sobre el enlucido blanquecino, la figura principal suele estar enmarcada por los cuatro lados con una sola línea o con anchas franjas en la parte superior e inferior, donde se dibujaron glifos como se ve en este ejemplo. En la pintura se representó un solo personaje, se trata de la personificación del dios K o K'awiil.

Los rasgos que definen a la deidad en esta tapa de bóveda, es el ojo con la pupila en forma de gancho, la nariz alargada e irregular y en la boca se aprecian colmillos. En la frente lleva un elemento rectangular que surge de un espejo y que se proyecta hacia adelante con dos volutas, identificado como un relámpago, antorcha o como un hacha humeante. Esta forma reconocida como espejo se repite en su brazo, espalda y piernas.

Luce un tocado de plumas, una orejera circular, un collar de cuentas que cae por la espalda, un cinturón o braguero que se amarra en la parte posterior y pulseras en ambos tobillos. Otro de sus atributos importantes, es que uno de los pies tiene forma de serpiente, además de que lleva escamas del reptil en sus brazos y en sus piernas. Sostiene con las manos un bulto de granos, la mayoría de las veces son de maíz pero también como es en el caso de esta tapa del Museo Amparo, son de cacao.

El dios K'awiil representa la abundancia, la agricultura y la fertilidad, su relación es directamente con el sustento ya que proveerá el alimento para el hombre.

Lo que se conserva del texto jeroglífico en la parte superior y en el inferior, según la lectura de Erik Velásquez, dice: “abundancia de sustento es (el augurio) de Chel…; Chel…del cacao, ahí está”, “mucha comida”, “muchos ocho mil” y, el glifo que se encuentra sobre el saco de granos de cacao, dice: “nueve ocho mil”. Los textos de las tapas pueden referirse a pronósticos o augurios, en este caso es acerca de la buena o mala cosecha, entonces en esta pieza se menciona que habrá riqueza de granos, “mucha comida”.

Asimismo, en otros ejemplos de estas imágenes, en los glifos se hace mención de “tapar” o “cerrar”, lo que alude al simbolismo de esta peculiar expresión pictórica, pues estas piedras-tapa al ser colocadas en la bóveda, simbolizaban el acto de cerrar o terminar, se trataba también de un ritual de terminación o dedicación.

Leticia Staines

Los mayas emplearon la falsa bóveda para cerrar espacios interiores; estas bóvedas se creaban mediante la aproximación de hileras de piedra, hasta que se unían en la parte superior y cerraban con lo que se conoce comúnmente tapas de cerramiento de bóvedas, pero de todas las lajas que tenían la función de cubrir la bóveda sólo y en algunas ocasiones, la del centro era decorada y pintada de forma especial. El proceso técnico para crear estas tapas de bóveda era el siguiente.

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