Vasija con asa-vertedera de estribo y larga vertedera lateral | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Vasija con asa-vertedera de estribo y larga vertedera lateral

Cultura Tarasca
Estilo Tipo B
Región Michoacán
Período Posclásico tardío
Año 1200-1521 d.C.
Técnica

Barro modelado, pintado y bruñido

Medidas 20.5   x 19.1  x 25.6  cm
Ubicación Sala 6. Arte, forma y expresión
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1434
Investigador

Descripción

Esta peculiar vasija cerrada tiene reminiscencias en algunas de las expresiones artísticas más antiguas del Occidente mesoamericano: el asa curvada -llamada de estribo o tipo canasta- que a la vez sirve de vertedera porque es hueca y presenta un gollete corto, recuerda a las vasijas con asa-boca de estribo de la cultura Capacha, que se remontan hacia los años 1500 o 1200 antes de nuestra era y, a la vez, a las botellas con asa-vertedera de estribo que distinguen la cerámica de la región andina de Sudamérica, con la cual los pueblos de la región occidental de Mesoamérica mantuvieron ligas a lo largo de los siglos, desde los tiempos de la cultura Capacha y hasta los del Posclásico tardío; de este último período se sabe que la destacada producción metalúrgica tarasca recibió influencias tecnológicas de la del noroeste sudamericano.

Como una innovación que pudiera atribuirse a los ceramistas tarascos, nuestra vasija cuenta con otra vertedera cilíndrica lateral larga. El cuerpo de silueta compuesta remite a dos cuencos de paredes curvo divergentes unidos por la boca. En el marco de esta cultura, se trata de un modelo repetido, tanto en la forma del recipiente como en la decoración pictórica. Su excelente estado de conservación indica su carácter ritual, con alta probabilidad como ofrenda funeraria de un personaje de alto estatus. En la clasificación de vasijas tarascas propuesta por Raúl García corresponde al tipo B. Exhibe una manufactura elaborada; está pintada en rojo y blanco, las dos vertederas exhiben ambos colores por mitad.

En la cima del cuerpo de la vasija se ve, de modo esquemático y de color blanco, un caracol marino del género Strombus cortado transversalmente; el motivo es una espiral cuya vuelta exterior consiste en triángulos que representan las puntas en las que termina la espiral de la concha; en la iconografía mesoamericana este motivo es símbolo del viento, el cual tiene su origen en el inframundo acuático, en relación con ello, las dos líneas blancas onduladas a los lados remiten a corrientes de agua. En la sección media del recipiente y siguiendo toda la circunferencia hay una amplia franja blanca en la que destacan: una banda con rectángulos en rojo, líneas rectas y una banda con líneas semejantes a “S” en acomodo diagonal.

El brillo de la pieza se debe a un fino bruñido, del que pueden verse las marcas del tallado en trazos rectos con un pequeño objeto duro. El brillo y el color rojo que predomina visualmente son característicos de la cerámica tarasca. Hacia finales del siglo XIX, cuando dio inicio el conocimiento científico de las culturas del antiguo Occidente, las vasijas con estos rasgos de diversas culturas, como la de Chupícuaro y de las tumbas de tiro, fueron atribuidas erróneamente a los tarascos, en particular a los purépechas de los siglos inmediatos a la Conquista, no sólo por las similitudes, sino porque existía la creencia anti-histórica, desde luego también equivocada, de que los pueblos indígenas vigentes entonces habían habitado la región en el período prehispánico.

Esta peculiar vasija cerrada tiene reminiscencias en algunas de las expresiones artísticas más antiguas del Occidente mesoamericano: el asa curvada -llamada de estribo o tipo canasta- que a la vez sirve de vertedera porque es hueca y presenta un gollete corto, recuerda a las vasijas con asa-boca de estribo de la cultura Capacha, que se remontan hacia los años 1500 o 1200 antes de nuestra era y, a la vez, a las botellas con asa-vertedera de estribo que distinguen la cerámica de la región andina de Sudamérica, con la cual los pueblos de la región occidental de Mesoamérica mantuvieron ligas a lo largo de los siglos, desde los tiempos de la cultura Capacha y hasta los del Posclásico tardío; de este último período se sabe que la destacada producción metalúrgica tarasca recibió influencias tecnológicas de la del noroeste sudamericano.

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