El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Figurilla completa  | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Figurilla completa

Región Altiplano central
Período Preclásico medio
Medidas 25.7   x 23.5  x 9.8  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 860
Investigador

La figurilla completa que representa a un personaje humano en posición sedente, con las piernas abiertas en un ángulo amplio y los brazos proyectados hacia los costados. El cuerpo, de proporciones compactas, fue modelado en barro con superficie con un engobe en, técnica habitual en el repertorio cerámico de las comunidades del periodo Preclásico con contacto o afinidad con la tradición olmeca. Sobre esta superficie clara se conservan restos de pigmento rojo-anaranjado aplicado en zonas puntuales, probablemente como parte de un acabado final que acentuaba los volúmenes del cuerpo, como las manos y pies, aunque se logra ver color en pecho y otras partes del cuerpo.

El rostro, redondeado y de mejillas amplias, responde al estilo conocido como “cara de niño” o baby-face, característico de la iconografía olmeca y de sus derivaciones regionales. La boca pequeña, los ojos cerrados o entreabiertos y la suavidad general de los rasgos faciales refuerzan esta apariencia infantilizada que, más que representar infantes reales, parece aludir a una condición simbólica específica o a la etapa biológica de la pubertad. La cabeza muestra una rasura parcial y un tocado modelado que recuerda un pequeño casco con un rectangulo lateral, un elemento recurrente en este tipo de figurillas y que pudo tener connotaciones rituales o de estatus dentro de la narrativa visual de la época.

La postura sedente es una constante dentro de las piezas de estilo olmeca: múltiples ejemplares recuperados en el Golfo y zonas aledañas muestran posiciones similares, donde el cuerpo se abre con soltura y las extremidades se extienden en un gesto que sugiere quietud, reposo o preparación para un acto ritual. En este caso, la posición abierta enfatiza la solidez del tronco y dirige la atención hacia el rostro y la cabeza, que funcionan como ejes centrales de la composición.

Aunque este ejemplar muy probablemente proviene del Altiplano Central, su estilo no es común dentro de los complejos locales, que desarrollaron repertorios. En lugares como Tlatilco, por ejemplo, estas figurillas de tipo baby-face están presentes pero no constituyen un porcentaje considerable dentro del conjunto total; más bien aparecen como piezas excepcionales que señalan contactos interregionales, circulación de bienes o imitación estilística selectiva.

Entre las interpretaciones propuestas para estas representaciones destacan las observaciones de Ann Cyphers, quien ha sugerido que numerosas figurillas de este estilo corresponden a mujeres jóvenes, no embarazadas, identificables por la presencia de senos apenas nacientes. De ser así, su apariencia infantilizada no estaría asociada a la niñez literal, sino al momento de la pubertad y al reconocimiento de un tránsito vital cargado de significado social y ritual.

La figurilla aquí descrita combina, por tanto, una postura característica, un lenguaje formal de clara filiación olmeca y un tratamiento cuidadoso de la superficie, elementos que en conjunto ofrecen un testimonio material de las interacciones culturales durante el Preclásico Medio. Su presencia en el Altiplano Central no sólo señala la recepción selectiva de estilos foráneos, sino también la manera en que los artesanos locales reinterpretaron motivos y valores simbólicos para integrarlos a sus propias concepciones del cuerpo, la edad y la identidad ritual.

La figurilla completa que representa a un personaje humano en posición sedente, con las piernas abiertas en un ángulo amplio y los brazos proyectados hacia los costados. El cuerpo, de proporciones compactas, fue modelado en barro con superficie con un engobe en, técnica habitual en el repertorio cerámico de las comunidades del periodo Preclásico con contacto o afinidad con la tradición olmeca. Sobre esta superficie clara se conservan restos de pigmento rojo-anaranjado aplicado en zonas puntuales, probablemente como parte de un acabado final que acentuaba los volúmenes del cuerpo, como las manos y pies, aunque se logra ver color en pecho y otras partes del cuerpo.

--Obras de la sala --

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