"Hacha", escultura votiva de un personaje con aros alrededor de los ojos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
"Hacha", escultura votiva de un personaje con aros alrededor de los ojos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
"Hacha", escultura votiva de un personaje con aros alrededor de los ojos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

"Hacha", escultura votiva de un personaje con aros alrededor de los ojos

Cultura Cultura de El Tajín
Región Veracruz
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Piedra volcánica esculpida y finamente pulida en el rostro

Medidas 26.3   x 5.6  x 19.9  cm
Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1257
Investigador

Descripción

Hacia el siglo IX de nuestra era, el complejo de pequeñas esculturas que hoy conocemos con los nombres de hachas, yugos y palmas, llamadas así en función de su aspecto general y no porque sepamos los valores rituales que se les asignaba, fueron llevadas por actividad comercial a territorios tan distantes como el mundo maya. La piedra que solía usarse para labrar las piezas destinadas a los mercados más lejanos era por lo regular de una dureza muy superior a la que ofrece la arenisca de la llanura costera, generalmente talladas en rocas metamórficas obtenidas en las montañas de Puebla y Veracruz, probablemente entre el Cofre de Perote y la actual ciudad de Xalapa

Esto no significa que no pudieran fabricarse con materiales mucho más suaves, pero quizá por razones de orden práctico derivadas de las exigencias propias del comercio a larga distancia prefería excluirse aquellas labradas en areniscas de grano fino por razón de su fragilidad ante tan largos viajes. No sería de sorprender que en el futuro pudiéramos comprobar que en la vertiente oriental del Cofre de Perote se hubieran labrado la mayor parte de estas pequeñas esculturas, por lo menos aquellas que se valen de rocas metamórficas o inclusive de basaltos y andesitas en su fabricación.

Los complicados relieves escultóricos que las distinguen siguieron puntualmente el estilo característico y los temas propios de la iconografía de El Tajín, aunque ya Tatiana Proskouriakoff se había percatado de que es muy posible que el territorio donde surgieron nunca quedara completamente integrado por una sola versión del estilo artístico, lamentándose que resultara tan difícil distinguir entre las variaciones que indican diferencias regionales de aquellas otras que son consecuencia directa del paso del tiempo.

Esta pieza hace propio el rostro de Tláloc, una deidad originaria del Altiplano central que terminó por convertirse en numen de los linajes de gobernantes a partir del año 400 o 450 de nuestra era y que se identifica a partir de los grandes ojos formados por sendos círculos concéntricos. Labrada en basalto, revela una figuración ya muy tardía de la deidad (ca. 850 d.C.) donde los círculos concéntricos evolucionaron hasta dividirse por la mitad y cobrar en la parte superior el aspecto de un cubre cejas.

El rostro luce aquí mucho más humano al haberse desprendido de la dentadura aserrada y de los grandes colmillos que identifican a la deidad cuando se le vincula con el sacrificio humano, tal y como sucede en los relieves de aquellos edificios consagrados al juego ritual de la pelota o en los propios murales de El Tajín. No hay duda de que tan singular pieza formó parte del ajuar funerario de un personaje de alto rango, lamentablemente no fue recuperado en el curso de excavaciones arqueológicas controladas así que no es posible abundar aquí sobre las características de su hallazgo.

Hacia el siglo IX de nuestra era, el complejo de pequeñas esculturas que hoy conocemos con los nombres de hachas, yugos y palmas, llamadas así en función de su aspecto general y no porque sepamos los valores rituales que se les asignaba, fueron llevadas por actividad comercial a territorios tan distantes como el mundo maya. La piedra que solía usarse para labrar las piezas destinadas a los mercados más lejanos era por lo regular de una dureza muy superior a la que ofrece la arenisca de la llanura costera, generalmente talladas en rocas metamórficas obtenidas en las montañas de Puebla y Veracruz, probablemente entre el Cofre de Perote y la actual ciudad de Xalapa

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