Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura masculina quebrada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Centro de Veracruz
Región Sur de Veracruz
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Barro modelado en dos secciones

Medidas 39.5   x 16.5  x 12.5  cm
Ubicación Sala 3. Cuerpos, rostros, personas
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1234
Investigador

Descripción

El litoral marino del Golfo de México suele ser un territorio prácticamente desprovisto de piedra, con excepción de ciertas regiones costeras donde se presentan afloramientos de basalto, el caso de la sierra de los Tuxtlas, y las estribaciones de la Sierra Madre que en el centro-norte de Veracruz permitieron edificar con lajas de arenisca la antigua ciudad de El Tajín, son extremadamente raros. Por lo demás, se trata de una planicie muy vasta que al tocar la cuenca del río Papaloapan, donde los asentamientos fueron enteramente construidos con adobes, incluso las piedras de río se vuelven escasas.

Aquellas eran ciudades de tierra, aunque no por ello dejaban de contar con verdaderos templos piramidales y hermosos palacios decorados con figuras modeladas con barro crudo y pintadas con vistosos colores. La cerámica alcanzó un nivel de desarrollo técnico como en pocos lugares del México antiguo y probablemente hizo propio –en cierta forma- el papel que en otras regiones de Mesoamérica se le confería a la escultura. No sólo se fabricaron las más hermosas figurillas de barro, también se produjeron grandes esculturas de tierra cocida que por sus dimensiones tenían que hacerse en partes para que una vez cocidas se ensamblaran a modo de formar verdaderas obras de arte dignas de los templos del período Clásico tardío (ca. 600-900 d.C.).

De estas magníficas representaciones de más de metro y medio de altura quedan vestigios en El Zapotal, El Cocuite y otros varios lugares de los municipios veracruzanos de Tlalixcoyan y Tierra Blanca, ambos inmediatamente al sur de la Laguna de Alvarado. La pieza que aquí nos ocupa, un personaje de cuerpo entero, es ejemplo de estas representaciones de barro modelado dejando el torso separado de las piernas. Las dos piezas que la conformaban se habrían unido en la cintura haciendo coincidir una suerte de sistema de “espiga y cajón” que aseguraba su estabilidad una vez ensambladas; hoy sólo se conservan la cabeza y el torso, las piernas no llegaron hasta nosotros, pero se puede ver al final del cuerpo, por debajo del cinturón, un reborde que servía precisamente para encajarlo en la pieza faltante.

El torso y los brazos fueron decorados con la técnica del pastillaje, aplicando cordoncillos de barro a modo de formar los brazaletes, los pezones del personaje y una serie de figuraciones que aparecen directamente añadidas al cuerpo y que eventualmente podrían parecer la representación de escarificaciones, una técnica de adorno corporal que estuvo en uso en el México prehispánico. Hay que recordar que Gonzalo Guerrero, náufrago de las expediciones españolas a tierras mexicanas en el siglo XVI, se negó a acompañar a Cortés en su empresa militar porque, entre otras razones, tenía el cuerpo lleno de escarificaciones. La pieza fue reconstruida luego de su adquisición, fue hallada en partes y esta condición probablemente la adquirió al ser desechada en época prehispánica en un vertedero ceremonial. Se trata de basureros reservados para las piezas de culto y donde se arrojaban después de haber servido en ciertos rituales por considerarlas contaminadas y por ello inservibles.

El litoral marino del Golfo de México suele ser un territorio prácticamente desprovisto de piedra, con excepción de ciertas regiones costeras donde se presentan afloramientos de basalto, el caso de la sierra de los Tuxtlas, y las estribaciones de la Sierra Madre que en el centro-norte de Veracruz permitieron edificar con lajas de arenisca la antigua ciudad de El Tajín, son extremadamente raros. Por lo demás, se trata de una planicie muy vasta que al tocar la cuenca del río Papaloapan, donde los asentamientos fueron enteramente construidos con adobes, incluso las piedras de río se vuelven escasas.

Otras piezas de la sala