Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija con la forma de un perro echado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Vasija con la forma de un perro echado

Cultura Tumbas de tiro
Estilo Comala
Región Colima
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, inciso y bruñido

Medidas 12.2   x 24.2  x 20  cm
Ubicación Sala 7. La muerte
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1112
Investigador

Descripción

Los múltiples trazos lineales que surcan el rostro, la cabeza y el torso figuran un perro con la piel arrugada, un rasgo distintivo del xoloitzcuintle en su variedad sin pelo, el famoso perro originario de México desde tiempos remotos. Los análisis biológicos determinan que la falta de pelaje se debe a una mutación genética y es lo que deja ver una piel delgada y con arrugas. Xoloitzcuintle es un término náhuatl con el que fray Bernardino de Sahagún y sus sabios informantes refieren, en el siglo XVI, a esa clase de perros en el Códice Florentino. Comúnmente se traduce como “perro raro”, aunque cabe entenderse también como “perro arrugado”. Está formado por las voces xolo o xólotl e itzcuintli; este último es un genérico de perro y pudiera hacer referencia a sus dientes filosos en relación con itztli, que es obsidiana o navaja de obsidiana; entre las acepciones de xolo o xólotl se encuentran monstruoso -en el sentido de anormal-, sirviente, sentarse en cuclillas, plegar y arrugar.

Respecto al pasado precolombino mexicano los estudios arqueozoológicos son muy limitados y, pese a la enorme abundancia de hallazgos de restos óseos de cánidos, son contados aquellos que han sido analizados por los especialistas; hacia el 2007 el biólogo Raúl Valadez informa que la cifra se reduce a veinticuatro perros pertenecientes a las cuatro razas de perros reconocidas en dicho territorio y temporalidad; a excepción de la variedad mencionada del xoloitzcuintle, los otros tipos de perro tenían pelaje. Algunos de los sitios antiguos en los que se han identificado xoloitzcuintles sin pelo son Teotihuacán, Tula, Copán, Champotón y Guadalupe, este último localizado en el centro norte de Michoacán y fechado entre los siglos VI y X, los restos aparecieron en basureros domésticos y muestran evidencia de que se aprovecharon como alimento.

Para el territorio de la cultura de las tumbas de tiro no se han realizado indagaciones que permitan reconocer osamentas del xoloitzcuintle pelón e incluso son escasos los registros de perros en general. No obstante, las obras de arte testimonian con solidez que los canes convivieron estrechamente con esta sociedad y fueron parte importante de sus creencias religiosas y costumbres mortuorias. Tal vez las representaciones más antiguas del xoloitzcuintle lampiño se hicieron hacia el año 800 a.C. en el marco de la cultura Capacha, de la cual es heredera directa la de Tumbas de tiro: en el valle de Mascota, en el noroeste jalisciense, el arqueólogo Joseph Mountjoy ha registrado en contextos funerarios algunas esculturas de barro de manufactura descuidada y formato pequeño que semejan perros, tres tienen atributos que remiten a los pelones, como el torso arrugado y la columna vertebral resaltada. Sin margen de duda, la cultura de las tumbas de tiro aporta al arte del México antiguo la mayor cantidad de imágenes de xoloitzcuintles, así como de otras razas de canes.

Se sabe que los perros pelones estuvieron en peligro de extinción desde la etapa virreinal. Para el siglo XX, un claro referente de su existencia ligada con las culturas indígenas prehispánicas fueron justamente estas esculturas cerámicas: varios artistas famosos que las coleccionaron, como Frida Kahlo, Diego Rivera y Raúl Anguiano, tuvieron como mascotas xoloitzcuintles y los utilizaron como motivos en su propia producción plástica. El que vemos ahora está plácidamente echado y enroscado, con la cabeza descansando sobre las patas delanteras; los ojos con la incisión lineal media le dan la apariencia de adormilado; perdió la cola y es factible que el círculo en relieve adjunto sea la abertura anal.

En comparación con otros perros del mismo estilo Comala no se percibe como una figura realista, aunque es definitivo que el artista plasmó con maestría una actitud de reposo típica de estos animales y modeló con detalle la figura: muestra la dentadura como dos hileras de pequeños rectángulos; las arrugas del torso rodean todo el torso tubular alargado; las extremidades son robustas, las cuatro con los dedos señalados, si bien las patas delanteras y traseras tienen formas diferentes. La vertedera en el dorso -la proyección cilíndrica con ancho borde recto divergente- y el hecho de que todo el volumen sea hueco otorgan a esta escultura la cualidad de recipiente, esto es uno de los rasgos frecuentes y distintivos del estilo Comala, así como de otros ubicados en las zonas colindantes de Colima, Jalisco y Michoacán. 

Los múltiples trazos lineales que surcan el rostro, la cabeza y el torso figuran un perro con la piel arrugada, un rasgo distintivo del xoloitzcuintle en su variedad sin pelo, el famoso perro originario de México desde tiempos remotos. Los análisis biológicos determinan que la falta de pelaje se debe a una mutación genética y es lo que deja ver una piel delgada y con arrugas. Xoloitzcuintle es un término náhuatl con el que fray Bernardino de Sahagún y sus sabios informantes refieren, en el siglo XVI, a esa clase de perros en el Códice Florentino. Comúnmente se traduce como “perro raro”, aunque cabe entenderse también como “perro arrugado”. Está formado por las voces xolo o xólotl e itzcuintli; este último es un genérico de perro y pudiera hacer referencia a sus dientes filosos en relación con itztli, que es obsidiana o navaja de obsidiana; entre las acepciones de xolo o xólotl se encuentran monstruoso -en el sentido de anormal-, sirviente, sentarse en cuclillas, plegar y arrugar.

Otras piezas de la sala