Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mono en cuclillas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tradición Mezcala
Estilo Estilo Mezcala
Región Cuenca media del río Balsas
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Escultura en piedra verde ¿serpentina? tallada, incisa, punzonada y pulida

Medidas 9.2   x 4 
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 479
Investigador

Descripción

No obstante, sus dimensiones reducidas y composición cerrada, esta obra ostenta con plenitud la plástica de la escultura, el arte de las formas tridimensionales que tangiblemente ocupan un lugar en el espacio, con el cual interactúan en mayor o menor medida, y cuya materialidad y técnicas de elaboración son diversas. Ello hace necesario mirar la pieza desde todos sus ángulos, pues cada uno confiere información de lo representado. En este caso, la vista de perfil nos muestra un hocico pronunciado y afilado, y las órbitas acentuadas; en la parte posterior la larga cola curvada termina por revelarnos que el individuo es un mono. Me parece que de la especie Ateles geoffroyi, comúnmente llamada mono araña; si bien, la imagen dista de ser mimética al seguir los cánones estéticos de la sociedad mezcalense.

            Esta antigua cultura pobló ambas márgenes de la cuenca media del río Mezcala-Balsas, abarcando el norte de la Sierra Madre del Sur en Guerrero y zonas de Morelos, el Estado de México y Michoacán. En lo escultórico optó por las tallas en rocas de consistencia fina y compacta cuyo cromatismo natural y durabilidad eran altamente apreciados. Su arte lapidario se caracteriza por la enfática síntesis de los modelos visuales plasmados, tales como humanos, animales y construcciones arquitectónicas. Los bloques de piedras como la serpentina dieron origen a figuras que cuando muestran el cuerpo contraen las extremidades, por tanto resultan formas hieráticas que no son penetradas por el espacio.

            Es así como nuestro mono se aleja de su habitual postura dinámica con los brazos, patas y la cola desplegados. En lugar de ello, aparenta sentarse en cuclillas con las piernas juntas; los brazos se pegan al torso y la cola a la espalda encorvada y la cabeza, rebasando la altura de ésta; otro detalle anatómico definido son las nalgas, mientras que en el rostro se indican los ojos, una de las fosas nasales y la boca cerrada. Resulta admirable la lograda expresión concentrada del primate.

            En la tradición Mezcala, y en el resto de las culturas del México antiguo, la representación artística de la fauna y la vegetación no tuvo el propósito de generar un catálogo de las especies con las que se convivía o que eran explotadas, domesticadas o cultivadas. Su selección se inscribe en el pensamiento mítico y religioso de cada sociedad. En la escultura en piedra mezcalense está ausente la flora (acaso hay mazorcas) y cuenta con un mínimo repertorio faunístico de producción relativamente escasa, en el cual descuellan los monos. Es probable que antaño éstos habitaran los bosques de montaña de la región y las selvas de la costa de Guerrero. Otros animales esculpidos son aves, ardillas, serpientes, peces y anfibios. La escueta selección de animales subraya su significación simbólica, en un sentido sobrenatural.

            Hipotéticamente, la imagen que nos ocupa pudo emplearse como objeto votivo, ceremonial o amuleto con propiedades mágicas; al carecer de perforaciones no se identifica un uso como joya colgante. No obstante, su posición estática, cabe suponer su asociación con las corrientes de aire.

            Es ampliamente conocido que los mesoamericanos vinculaban las rocas de grano fino y compacto en tonalidades verdes con el aliento vital, la humedad, las preciosas aguas petrificadas, el frío y el subterráneo nivel marino del universo. Al igual que lo acuático, el viento pertenece a ese ámbito, pues su ascenso a partir de las profundidades precede y trae consigo las aguas que luego se precipitarán desde el nivel celeste.

             Conjeturo que la dinámica agilidad de los monos para trepar a la copa de los árboles pudo emular al viento; respecto a su cola prensil que frecuentemente se enrolla, Gabriel Espinosa ha señalado la similitud formal con los remolinos. La imagen en piedras duras y finas de los monos, entre ellas las verdes, como en esta sugerente escultura de la tradición Mezcala, manifestaría su esencia inframundana. Acaso la postura pasiva enfatiza ese carácter, pues la quietud y el silencio son otros atributos de ese estrato primigenio del cosmos.

Verónica Hernández Díaz

No obstante, sus dimensiones reducidas y composición cerrada, esta obra ostenta con plenitud la plástica de la escultura, el arte de las formas tridimensionales que tangiblemente ocupan un lugar en el espacio, con el cual interactúan en mayor o menor medida, y cuya materialidad y técnicas de elaboración son diversas. Ello hace necesario mirar la pieza desde todos sus ángulos, pues cada uno confiere información de lo representado. En este caso, la vista de perfil nos muestra un hocico pronunciado y afilado, y las órbitas acentuadas; en la parte posterior la larga cola curvada termina por revelarnos que el individuo es un mono. Me parece que de la especie Ateles geoffroyi, comúnmente llamada mono araña; si bien, la imagen dista de ser mimética al seguir los cánones estéticos de la sociedad mezcalense.

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