Humano con rasgos del estilo olmeca | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Humano con rasgos del estilo olmeca

Cultura Occidente de México
Estilo Mezcala-olmeca
Región Occidente de México
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Escultura en piedra verde tallada y pulida

Medidas 22.8   x 5.9  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 977
Investigador

Descripción

El reconocido artista Miguel Covarrubias (1904-1957) fue asimismo un historiador del arte y un etnólogo por medios autodidactas quien, entre su extenso y rico legado, dio origen a contribuciones que conciernen a la fina escultura masculina en piedra verde que nos ocupa.

         Los estudios de Covarrubias dedicados a la historia del arte mesoamericano se entretejen con su propia actividad artística y el coleccionismo que desarrolló en una etapa en la que todavía no existía la legislación que restringiera la extracción y el resguardo particular de piezas de tipo arqueológico. En la etapa posrevolucionaria de México, él y otros personajes como Diego Rivera y Rufino Tamayo promovieron la valoración estética y el interés científico en plásticas prehispánicas hasta entonces muy poco atendidas, si bien, Covarrubias sobresale porque rebasó el enlace entre un artista moderno con un arte del pasado y generó avances en su entendimiento histórico, consignados con mayor extensión en sus libros El águila, el jaguar y la serpiente: arte indígena americano y Arte indígena de México y Centroamérica, con primeras ediciones en inglés respectivamente en 1954 y 1957. 

         Covarrubias fue precursor en la investigación de las culturas olmeca y Mezcala; en su colección, que fue integrada en el Museo Nacional de Antropología para su fundación en 1963, destacaban piezas lapidarias de Guerrero y zonas vecinas de otros estados con tales atribuciones. En una reunión académica celebrada en 1946 planteó la posibilidad de que la ocupación olmeca en Guerrero y Oaxaca fuera más antigua en la región Costa del Golfo, con base la abundancia de objetos de ese estilo, los cuales, dice, “aparecen frecuentemente rotos y mutilados, muy desgastados por el uso, y es posible que fueran guardados y usados como ofrendas, ya como objetos arqueológicos por los pobladores subsecuentes”. Fechamientos e indagaciones posteriores rebatirían esa suposición, no obstante, las aportaciones de Covarrubias dieron luz al carácter panmesoamericano del fenómeno olmeca durante el Preclásico medio y a la importancia de las imágenes portátiles talladas en piedras finas. Sus análisis formales expusieron la diversidad de interacciones culturales que se distinguen en Guerrero a través los periodos Preclásico y Clásico en tanto que en su clasificación de la lapidaria guerrerense también incluyó objetos “olmecoides”, “teotihuacanos”, “teotihuacanoides”, “olmeca-teotihuacanos” y “de estilos puramente locales”; estos últimos los situó en particular en la zona de Mezcala, atravesada por el río Balsas y finalmente en la publicación de 1957 referida, los definió con la denominación de estilo Mezcala.

         La obra que vemos tiene esta adscripción cultural; indagaciones arqueológicas que siguieron permitieron asociar tal estilo con un desarrollo de prolongada temporalidad que abarca desde la fase tardía del Preclásico hasta el periodo Clásico. En comparación con el acentuado esquematismo y geometrización de lo figurado a base de cortes rectos que distinguen al estilo Mezcala, los detalles naturalistas de la imagen atestiguan lo que Covarrubias detectó como “una continua influencia ´olmeca´ dentro de los estilos locales” de Guerrero. 

         Rasgos como la cabeza larga, ovalada y con modificación tabular erecta, los labios gruesos, los párpados superiores e inferiores y los glúteos y pantorrillas en relieve guardan reminiscencias de los cánones plásticos olmecas en la producción lapidaria Mezcala.

         Teopantecuanitlan, Oxtotitlán y Juxtlahuaca son algunos de los sitios del Preclásico Medio que evidencian lo olmeca en las zonas central y noreste de Guerrero. El primero es un gran centro ceremonial con vestigios arquitectónicos como tumbas subterráneas con bóveda falsa y lo que se ha interpretado como un modelo simbólico de cancha de juego de pelota hundida y delimitada en sus esquinas por cuatro esculturas monolíticas de tamaño colosal grabadas con imágenes antropomorfas de aspecto fantástico. Juxtlahuaca y Oxtotitlán ofrecen excepcionales pinturas rupestres que de modo explícito manifiestan la profunda relación sagrada y política que los mesoamericanos establecieron con las cuevas y los cerros. En lo general, en todo el estado han sido prolíficos los hallazgos de piezas portátiles olmecas, afines al dinamismo de los procesos históricos de Mesoamérica. A la par de lo cambiante, nuestra escultura tiene implícita la presencia del pasado y las probables significaciones de ello necesariamente deben plantearse en múltiples vías.

El reconocido artista Miguel Covarrubias (1904-1957) fue asimismo un historiador del arte y un etnólogo por medios autodidactas quien, entre su extenso y rico legado, dio origen a contribuciones que conciernen a la fina escultura masculina en piedra verde que nos ocupa.

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