El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Desnudo femenino con senos prominentes | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Desnudo femenino con senos prominentes

Cultura Chupícuaro
Estilo Estilo ojos rasgados
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato /Cuenca del lago de Cuitzeo y valle de Morelia, Michoacán
Período Fase Chupícuaro tardío
Año 400 - 100 a.C.
Técnica

Escultura cerámica modelada, con pastillaje e incisión

Medidas 8.2   x 7.7  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 806
Investigador

Acaso se trata de una mujer lactante; en nuestra figura sedente destacan tanto las mamas como los pezones casi esféricos, todos sobrepuestos en la estructura del cuerpo; al parecer su gran tamaño obligó al escultor que modeló esta pequeña obra, a dotarle de un soporte que tomó la forma de parte alta del estómago; no parece en estado de pregnancia. En el mismo sentido, inclinó acentuadamente hacia atrás la espalda, el cuello y la cabeza.

         La cabeza alta y aplanada exhibe modificación del tipo tabular erecto, uno de los detectados en cráneos registrados en entierros del cementerio arqueológico de Chupícuaro, en Acámbaro, Guanajuato, durante las labores de investigación previas a su inundación en 1949 por la presa Solís.

         Al arte escultórico cerámico de la renombrada cultura Chupícuaro, una de las más relevantes del Occidente mesoamericano durante el Preclásico tardío, le distingue una iconografía que privilegia la representación de mujeres. Hay piezas huecas y sólidas; en las últimas, el sistema de proporciones está supeditado a la ostentación de la modificación craneana, de ciertas partes del cuerpo desnudo, y del adorno con tocados y peinados elaborados, collares y pulseras. El uso de aplicaciones o pastillaje fue intensivo y algunos elementos aparecen pintados sobre el color. En la escasa altura de nuestra pieza, apenas de 8.20 cm, sobresale el uso de la primer técnica para formar el tocado de banda con acanaladuras horizontales y verticales, sobre una cabellera con fleco corto y larga por detrás. En la vista posterior el pelo aparenta caer naturalmente por medio de incisiones trazadas con desorden, de modo que se adivinan los movimientos de la experta y sensible mano del artista, así como su intención imprimir en la imagen rasgos de individualidad, aún en una vista que no era atendida con detalle.

         El pastillaje igualmente sirvió para figurar los ojos y la boca del tipo llamado grano de café, la nariz, el collar que simula varias vueltas y las grandes orejeras circulares con depresiones cónicas. Volviendo al sistema de proporciones, los brazos y las piernas cortos, los primeros incluso de menor largo que los senos, evitan distraer la atención del espectador o usuario de la imagen de los elementos favorecidos en la composición artística.

         En la extensa variedad de peinados y tocados que caracteriza la escultura sólida del estilo Chupícuaro, pueden advertirse convenciones de belleza y alto estatus, quizá también hagan referencia a ciertos roles desempeñados por las mujeres. El empleo de estas figuras como ofrenda funeraria no indica que retraten individuos específicos, puesto que en las sepulturas se han hallado varias en torno a un solo individuo, adulto o infantil; conjeturo que principalmente materializaron entidades, conceptos y funcionamientos propios de la parte femenina del cosmos. Además se han localizado en contextos de superficie y como parte de grupos de objetos sepultados intencionalmente de manera aislada.    

         A mediados del siglo pasado Muriel Noé Porter sentó las bases para el conocimiento de la cultura Chupícuaro; determinó que la producción de las figuras del estilo ojos rasgados fue abundante y exhibe variantes; en su clasificación la que ahora vemos corresponde a la que llama “ojo entrecerrado”.

         Además de habitar el sureste de Guanajuato –el valle de Acámbaro, que abarca los municipios de Acámbaro, Tarandacuao y Jerécuaro-, la sociedad chupicuareña ocupó el territorio colindante de Michoacán: la cuenca del lago de Cuitzeo -municipios de Cuitzeo, Huandacareo, Chucándiro, Copándaro, Álvaro Obregón, Queréndaro, Zinapécuaro y Santa Ana Maya- y el valle de Morelia, también parte de esta cuenca.

         Otros testimonios de los chupicuareños son: basamentos piramidales de planta circular –semejantes a los de la contemporánea ciudad de Cuicuilco-, patios hundidos de planta cuadrangular o circular –que anteceden a los desarrollados durante el periodo Clásico en la tradición de los patios hundidos del Bajío-, entierros directos en cementerios y algunos en pequeñas tumbas excavadas en el suelo con forma de tiro y cámara –se infiere que bajo el influjo de la cultura de las tumbas de tiro-, ornamentos e instrumentos musicales en cerámica y objetos de uso cotidiano en piedra.

Acaso se trata de una mujer lactante; en nuestra figura sedente destacan tanto las mamas como los pezones casi esféricos, todos sobrepuestos en la estructura del cuerpo; al parecer su gran tamaño obligó al escultor que modeló esta pequeña obra, a dotarle de un soporte que tomó la forma de parte alta del estómago; no parece en estado de pregnancia. En el mismo sentido, inclinó acentuadamente hacia atrás la espalda, el cuello y la cabeza.

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