Olla acanalada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Chupícuaro
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato /cuenca del lago de Cuitzeo y valle de Morelia, Michoacán
Período Fases Chupícuaro temprano y tardío
Año 600 – 100 a.C.
Técnica

Cerámica modelada, alisada y engobada

Medidas

Diámetro: 13.40 cm

Medidas 10   cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 757
Investigador

Descripción

La obra muestra elementos distintivos de la estética de los chupicuareños, como el gusto por las vasijas con siluetas de perfiles compuestos y angulosos. Aún en sus dimensiones reducidas, se creó un recipiente de forma elaborada.

         La boca ancha y el cuerpo espacioso permiten identificar la pieza como una olla. Su boca tiene un reborde anguloso que se replica en la base cóncava y de mayor diámetro. El cuello liso se angosta y luego el cuerpo presenta una serie de acanaladuras horizontales anchas. En la alternancia de lisura y salientes, la base de la olla es lisa de nuevo. Las acanaladuras tienen como modelo el enrollado, la técnica de manufactura a partir de la superposición en un acomodo en espiral de la pasta amasada como una tira alargada. Es usual que el alisado de la superficie borre las huellas de las uniones, pero en este caso permanecen.

         La pieza fue cubierta de una capa de arcilla con pigmento para producir una coloración naranja, si bien, el cromatismo no es uniforme; las tonalidades oscuras se generaron durante la cocción en un espacio insuficiente ventilado. Se inscribe en el tipo cerámico monocromo. En su contexto de ubicación se le adhirieron capas de sales.

         La cultura Chupícuaro destaca por su amplísima fabricación de fina cerámica en el formato de vasijas y esculturas. Las primeras, en parte con elementos figurativos modelados y adicionados a las formas de los recipientes, tuvieron usos variados: se emplearon para cocinar y almacenar, seguramente tanto en ámbitos cotidianos como rituales, no obstante, en parte de ellas las huellas de uso son marcadas y en otros no se detectan. Vasijas y esculturas han sido registradas en trabajos arqueológicos como ofrendas en entierros humanos e incluso de perros; asimismo, en contextos de superficie y en grupos aislados de objetos sepultados intencionalmente.

         Otros testimonios de la cultura Chupícuaro son: basamentos piramidales de planta circular -semejantes a los de Cuicuilco-, patios hundidos de planta cuadrangular o circular –que anteceden a los que se diversificaron y construyeron masivamente en la llamada cultura de los patios hundidos del Bajío que data del periodo Clásico-, entierros directos en cementerios y algunos en pequeñas tumbas excavadas en el suelo con forma de tiro y cámara -se infiere que bajo el influjo de la cultura tumbas de tiro-, ornamentos en materiales como concha y piedra, instrumentos musicales en cerámica y objetos de uso cotidiano en piedra.

         En cuanto a la cerámica en particular, su estudio tiene una enorme relevancia, pues por tratarse de objetos portátiles se distribuyeron fuera del territorio de esta cultura del Occidente de Mesoamérica. Su presencia, como piezas importadas o estilos imitados, ha sido detectada en sitios como Gualupita, Ticomán, Tlapacoya, Cuicuilco, Teotihuacán y en el Valle de Tlaxcala-Puebla. De esta manera, testimonian la continuidad de los vínculos que, desde el Preclásico Medio, por lo menos, existieron entre el Occidente y el Altiplano Central de México, en detrimento de la prejuiciosa idea de la marginalidad de las sociedades occidentales respecto a la dinámica de Mesoamérica.

         En lo estilístico, esta olla monocroma acanalada presenta las cualidades que he definido para el estilo de la alfarería de la cultura Chupícuaro: geometrismo, abstracción, angulosidad y simetría.

La obra muestra elementos distintivos de la estética de los chupicuareños, como el gusto por las vasijas con siluetas de perfiles compuestos y angulosos. Aún en sus dimensiones reducidas, se creó un recipiente de forma elaborada.

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