Ardillas y monos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Tradición Mezcala
Región Cuenca media del río Balsas
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Escultura en piedra tallada, acanalada, punzonada, perforada, pulida y con pigmento rojo

Medidas

Largo: 4.40 cm

Medidas 11.4   x 1.8 
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 523 4
Investigador

Descripción

La identificación de especies de animales en el arte mesoamericano es una tarea problemática. La intención mimética no predomina en sus imágenes o sólo se procura en detalles significativos acordes con la intencionalidad simbólica o funcional de la obra; con frecuencia se produjeron seres híbridos y sobre todo la fauna fue recreada según las convenciones plásticas y estéticas de cada cultura.

            En la lapidaria de la tradición Mezcala se privilegió la talla sintética de un repertorio acotado de formas figurativas, en el que las cualidades ópticas y táctiles de la materia en la que están hechas, así como la técnica de ejecución, siempre se mantienen como componentes principales de este arte.

            El conjunto de cuatro animales con larga cola y sentados está integrado, a mi parecer, por dos monos y dos ardillas. Su manufactura geometrizante y posición son similares, si bien, los primates presentan la espalda recta y dirigen la cabeza al frente, mientras que las ardillas se curvan o inclinan hacia delante, sus cuatro extremidades son más cortas, la cola más gruesa en la sección media y la parte superior de la cabeza está afilada (a la de color oscuro le falta la parte superior del hocico). Las supuestas ardillas también tienen en común la aplicación de un pigmento rojo en las acanaladuras que definen su anatomía. Acaso sea cinabrio, un mineral rojo compuesto por sulfuro de mercurio, altamente valorado en la ritualidad mesoamericana por su color semejante a la sangre, y del cual se encuentran minas en Guerrero.

            La elaboración especializada de estas pequeñas esculturas y la mínima variedad de fauna en el arte de piedras duras de Mezcala, testimonian la importancia de los conceptos vinculados con los monos y ardillas en esa sociedad, asentada en el territorio norte de la Sierra Madre del Sur, en gran parte de Guerrero y zonas vecinas de Morelos, el Estado de México y Michoacán.

            Además de los mencionados rasgos parecidos en la fisonomía, monos y ardillas comparten comportamientos arborícolas, pues trepan y se desplazan muy ágilmente por la copa de los árboles, también son mamíferos terrestres. En náhuatl se denominan respectivamente ozomatli y techalotl.

            En la cola prensil y a menudo enroscada de los monos se ha notado la evocación del movimiento de la corriente de aire, al modo de remolinos; su figuración artística con atributos del dios del viento conocido como Ehécatl entre los nahuas del Centro de México, como la máscara bucal de pico de pato, confirma su sacralización y simbolismo religioso. Asimismo, este primate se ligaba con la irreverencia, la fiesta, la música, el canto, el gozo sexual y el deseo pecaminoso. En este orden de ideas, llama la atención que uno de los monos que vemos, el más esbelto y con una perforación transversal al inicio de la cola, tiene un abultamiento fálico.

            Contadas piezas de la lapidaria Mezcala han sido registradas de manera científica en sus contextos originales; de estas cuatro obras se ignora si primariamente estaban agrupadas, no obstante, resulta interesante detectar valores culturales mesoamericanos coincidentes entre el mono y la ardilla.

            En el mismo panteón nahua la ardilla es el animal representativo del dios Techalotl; con base en el estudio de fuentes etnohistóricas, Agnieszka Brylak identifica su campo de acción en burlar, embaucar y divertir a los demás; igualmente lo vincula con las fiestas, los bailes y las actividades performativas en general.

            Aun cuando la figuración escultórica de este conjunto sigue la estética hierática de la lapidaria mezcalense, considero que en cada figura de monos y ardillas se halla latente su conducta festiva, traviesa, dinámica y arborícola; el que cuenta con la abertura al inicio de la cola se vería en sugerente en movimiento colgando con la cabeza hacia abajo. Probablemente la aparición de ambos animales pudo alternarse o mezclarse en narraciones míticas, actividades rituales, en la expresión plástica de la cosmovisión y como parte de atavíos.

            Concluimos el acercamiento a las cuatro piezas volviendo la atención al mono esbelto diseñado como colgante. Uno muy parecido fue localizado por la arqueóloga Louise Paradis en el sitio Ahuináhuac, ubicado en la cuenca sur del río Mezcala-Balsas, en el municipio guerrerense de Tepecoacuilco. Se interpreta que fue depositado de modo contemporáneo a un grupo de seis objetos lapidarios de figuras antropomorfas; excepto una, todas contaban con un orificio apropiado para usarlas como pendientes. El hallazgo los presenta como ofrenda en una de las etapas constructivas de un conjunto arquitectónico de funciones residenciales y funerarias, fechado entre el 700 y el 230 a.C.

            En nuestro conjunto también muestra perforación la ardilla con la parte superior del hocico faltante –se ubica en la ranura entre la cola y la espalda- y el mono más robusto tiene un punzonado al inicio de la cola, que no llegó a atravesar la piedra.

Verónica Hernández Díaz

La identificación de especies de animales en el arte mesoamericano es una tarea problemática. La intención mimética no predomina en sus imágenes o sólo se procura en detalles significativos acordes con la intencionalidad simbólica o funcional de la obra; con frecuencia se produjeron seres híbridos y sobre todo la fauna fue recreada según las convenciones plásticas y estéticas de cada cultura.

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