Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Hombre con figuración fálica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Occidente de México
Estilo Mezcala-Chontal
Región Occidente de México
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Escultura en piedra verde tallada, incisa y pulida

Medidas 18.6   x 12  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 440
Investigador

Descripción

A mediados de la década de 1940 Miguel Covarrubias identificó en las imágenes humanas del estilo lapidario Mezcala tres tipos principales, que eventualmente han sido reconocidos como los subestilos Mezcala, Sultepec y chontal. La denominación de los dos primeros proviene de poblaciones; Mezcala también es como se nombra al río Balsas en su curso por Guerrero, hasta Tetela del Río. Como se ha dicho en otras cédulas, desde la perspectiva histórico-artística Covarrubias fue precursor en las investigaciones dedicadas a lo que arqueólogos como Louise Paradis, Paul Schmidt, Rubén Manzanilla y Rosa María Reyna Robles llegaron a definir como un desarrollo cultural asentado medularmente en territorio guerrerense. 

         Sobre la modalidad chontal Covarrubias apuntó que se presenta en “figurillas y máscaras con rasgos hechos por gruesos rebordes, filo y oquedades distribuidas con un gran sentido plástico, repartidas simétricamente dentro de una cara rectangular o trapezoidal, alrededor de un reborde en forma de T que constituye las cejas y la nariz. Las máscaras de este tipo tienen los ojos y la boca calados en la piedra”. A fines de los años sesenta el coleccionista Carlo Gay amplió el análisis del estilo mezcalense y, como parte de ello, abundó en el subestilo chontal. Dice que suele localizarse en la cuenca norte del río Mezcala y que la designación se toma de un grupo contemporáneo a la Conquista –desde la lingüística se considera una etnia ya desaparecida-. En comparación con el subestilo Mezcala, el chontal, de acuerdo con este autor, es más curvilíneo y naturalista, y en las representaciones predominan las cabezas y máscaras sobre las figuras completas.

         La escultura masculina que nos ocupa es propia del subestilo chontal; los abultamientos en las mejillas son diagnósticos y, en efecto, muestra un tratamiento más redondeado, incluso con la columna resaltada; la figuración fálica en relieve es afín al mayor naturalismo que le distingue, sin embargo, en los términos amplios del estilo Mezcala la representación de genitales es anómala, por lo que resulta pertinente explorar las convenciones que los artistas de esta tradición siguieron para plasmar lo humano, acaso como el concepto de una especie, sin connotaciones de sexo.

         En su repertorio iconográfico figurativo prevalecen las imágenes humanas, sean como figuras completas –con rasgos siempre sintéticos-, cabezas o rostros al modo de máscaras. Por lo que toca a las primeras, las posturas son de pie –en volúmenes aplanados- y sentadas con las rodillas elevadas y las piernas hacia el frente –en formas de bulto-. En ambas posiciones la cabeza es grande, cuya proporción con el resto del cuerpo suele ser de 1:1.5 o 1:2 y, asimismo, las extremidades se recogen sobre el cuerpo con las manos apoyadas sobre el vientre o el pecho. La apariencia es la de cuerpos desnudos, sin cabello ni ornamentos; ocasionalmente con leves abultamientos circulares al modo de senos sin pezones, mientras que los genitales masculinos o femeninos resultan aún más raros. Los torsos son rectangulares, no sugieren estrechamiento en la cintura, caderas anchas ni abultamiento en el vientre; por tanto, mayormente las esculturas representan humanos, como se ha dicho líneas atrás, sin referencias explícitas a lo femenino o masculino.

         Esta característica del estilo mezcalense contrasta fuertemente con las artes de las otras culturas mesoamericanas en las que se distinguen extensos códigos de representación de lo sexual y género. Consisten en rasgos anatómicos, posturas, ademanes, indumentarias, peinados, ornamentos, objetos asociados, actividades que se sugiere realizar y gamas cromáticas, entre otros. No es el caso del arte figurativo Mezcala, por lo menos en las mismas esculturas, pues cabe la posibilidad de que su contexto original o vinculación con materiales perecederos proporcionaran indicaciones masculinas o femeninas. Desafortunadamente, pese a la extraordinaria abundancia de evidencias de las sociedades antiguas, el apoyo institucional para ampliar las investigaciones que permitan los hallazgos in situ ha sido insuficiente.

         Al margen de ello, es oportuno volver a las cualidades intrínsecas de estas imágenes escultóricas, en las que la materialidad parece tener mayor importancia que lo representado. Se trata ciertamente de rocas altamente valoradas en la cosmovisión de los mesoamericanos, consideradas “preciosas” por su vinculación conceptual con líquidos sagrados petrificados y la fertilidad vegetal.

A mediados de la década de 1940 Miguel Covarrubias identificó en las imágenes humanas del estilo lapidario Mezcala tres tipos principales, que eventualmente han sido reconocidos como los subestilos Mezcala, Sultepec y chontal. La denominación de los dos primeros proviene de poblaciones; Mezcala también es como se nombra al río Balsas en su curso por Guerrero, hasta Tetela del Río. Como se ha dicho en otras cédulas, desde la perspectiva histórico-artística Covarrubias fue precursor en las investigaciones dedicadas a lo que arqueólogos como Louise Paradis, Paul Schmidt, Rubén Manzanilla y Rosa María Reyna Robles llegaron a definir como un desarrollo cultural asentado medularmente en territorio guerrerense. 

Otras piezas de la sala