Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Figura de mujer joven parada con gruesa trenza horizontal y escarificación en los hombros

Región Costa del Golfo
Período Clásico
Año 300-900 d.C.
Técnica

Barro modelado, pastillaje, pellizcado, alisado, inciso, puntillado

Medidas 27.5   x 11.3  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1193
Investigador

Descripción

El lote que aquí se examina corresponde a algunas de las figurillas más grandes y finas localizadas en la región de la Huasteca. Arqueológicamente fueron nombradas con la nada descriptiva designación “tipo Pánuco C”. Esta denominación data de mediados de los años cuarenta, momento en que fueron encontradas en la región del Pánuco-Tampico, en las tierras bajas. Asimismo, suelen estar distribuidas de manera más común en la subárea del Golfo Norte, y de forma menos frecuente en la subárea Centro-norte del Golfo. Fueron adscritas al Periodo Clásico (300-900 d.C.), pero es posible que su apogeo haya sido durante el Clásico temprano (300-600 d.C.). Se trata de las figuras más llamativas encontradas en la Huasteca. 

Las figurillas de este grupo son mayormente mujeres jóvenes, desnudas o portando poca ropa, con chongos, turbantes y tocados, a veces muy elaborados. Tienen cuerpos alargados, cuellos extendidos y cinturas delgadas. A veces presentan atavíos o ropajes pintados o modelados por la cintura y collares por el cuello. Es común que manifiesten escarificaciones o tatuajes, principalmente en los hombros o en los muslos, y representados por puntos, bulbos, o filetes de barro.

Los rostros, a veces pulidos, tienen rasgos finos y ojos indicados por líneas de incisión con una perforación al centro. En muchos casos tienen la apariencia de estar viendo para arriba. Casi todas tienen orejeras grandes. Sus posturas son con frecuencia dinámicas, como de participación en alguna actividad, requiriendo movimiento corporal. Las piernas normalmente se muestran abiertas, sin sandalias u otra protección.

El porte de estas figuras es de atletas que muy probablemente practicaron alguna variante del juego de pelota. Este ritual, de por lo menos 3000 años de antigüedad en la Costa del Golfo, fue normalmente realizado por hombres con estatus de elite, especialmente del Periodo Clásico (300-900 D.C.). Sin embargo, y a diferencia de la mayor parte de Mesoamérica, en la Huasteca hay figuras de mujeres participando en este rito, sugiriendo que, por lo menos algunos formatos de esta ceremonia contaron con jugadores femeninos y tal vez con parámetros populares.

Estas figurillas fueron normalmente hechas de pastas finas y cocinadas en hornos abiertos como la gran mayoría de las piezas de este tipo en la Costa del Golfo. Es muy común que la parte central de éstas se quedaran sin cocer por completo, debido a que la temperatura de los hornos no era pareja. Asimismo, la gran mayoría se han encontrado rotas en basureros domésticos, debido a su amplio uso. No obstante, el lote que aquí se examina (“Pánuco C”) aparenta estar cocido de manera uniforme a una temperatura muy alta, como si se hubiera realizado en hornos modernos cerrados.

Las superficies no presentan manchas de oxidación, la decoloración que ocurre cuando el aire entra en contacto con objetos en proceso de cocimiento dentro de hornos abiertos. La temperatura fue tan alta y de tanta duración que pudo haber dejado las piezas excepcionalmente frágiles. Y no pocas se encuentran rotas, pero casi todas estas fracturas parecen modernas, probablemente ocasionadas por accidentes al transportarse. Un análisis enfocado en la fabricación de estas piezas debe ser considerado a futuro para despejar o definir cualquier duda respecto a la autenticidad de estas piezas.

La pieza que aquí se examina corresponde a una mujer joven, elaborada por medio de la técnica de modelado, con cabello largo en trenza y postura de pie con las piernas abiertas. Su pelo o tocado parece ser una serie de gruesas trenzas enrolladas sobre la cima de la cabeza, y posiblemente, mantenido parcialmente por una banda sobre la parte superior frontal de la cara. La cabeza pudo haber sido elaborada a parte con molde y luego agregada y retocada. Las manos y pies parecen rudimentarios, sus brazos son largos, llegando a estar un poco más arriba de las rodillas.

Las orejas son muy rudimentarias y terminan en orejeras delgadas con perforaciones cónicas. El cuello tiene un collar grueso de perfil, redondo parecido a un rollo de tela o un cordón muy grueso. En tanto, presenta un torso desnudo con escarificación en forma de bulbos alargados en los hombros. El ombligo es un hueco cónico y por la cintura lleva un cinturón delgado. Las piernas aparecen como bultos pesados. La parte atrás del torso tiene las mismas características, con glúteos exagerados.

El cuerpo está cubierto con un engobe cremoso puesto al final, y con pocas indicaciones de algún intento de pulir la superficie. Una característica de esta pieza es que algún instrumento duro fue utilizado como brocha, probablemente en la aplicación del engobe.

La apariencia de la pieza es rústica y su calidad es más baja que la normal en este tipo de figurillas. Se requieren más estudios para confirmar su autenticidad.

El lote que aquí se examina corresponde a algunas de las figurillas más grandes y finas localizadas en la región de la Huasteca. Arqueológicamente fueron nombradas con la nada descriptiva designación “tipo Pánuco C”. Esta denominación data de mediados de los años cuarenta, momento en que fueron encontradas en la región del Pánuco-Tampico, en las tierras bajas. Asimismo, suelen estar distribuidas de manera más común en la subárea del Golfo Norte, y de forma menos frecuente en la subárea Centro-norte del Golfo. Fueron adscritas al Periodo Clásico (300-900 d.C.), pero es posible que su apogeo haya sido durante el Clásico temprano (300-600 d.C.). Se trata de las figuras más llamativas encontradas en la Huasteca. 

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