Cántaro trípode | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Aztatlán
Región Occidente
Período Posclásico temprano
Año 900-1300 d.C.
Técnica

Alabastro excavado y pulido por desgaste

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1276
Investigador

Descripción

A raíz de su materialidad, esta vasija tiene un carácter suntuario, de uso restringido para un grupo exclusivo de la sociedad que desarrolló la cultura Aztatlán desde Sinaloa hasta la ribera sur del lago de Chapala, en la confluencia de Jalisco y Michoacán. Está hecha de alabastro, un mineral de calcio cuya consistencia suave precisó una delicada manufactura y artífices especializados; la translucidez es una de sus cualidades más importantes y para ostentarla se creaban láminas sumamente delgadas, tal como puede notarse en las paredes verticales del cántaro.

Es probable que además de connotar una elevada alcurnia, la pieza cumpliera funciones religioso-funerarias. Hasta donde tengo conocimiento, en los contextos arqueológicos de Aztatlán, las únicas obras de alabastro fueron registradas por Gordon F. Ekholm en Guasave, Sinaloa; se trata del montículo El Ombligo, una elevación artificial de 1.5 m de altura de planta oval bajo la cual se hallaron más de 100 entierros superpuestos de hombres y mujeres.

Guasave se localiza en el norte de Sinaloa, al margen del río con ese nombre y se considera el límite noroeste de Mesoamérica. Durante el Posclásico temprano, después de un período de desarrollos zonales, la cultura Aztatlán marca una nueva integración regional a gran escala en el Occidente. Además de Guasave, otros sitios destacados son Chametla, Culiacán, Amapa, Los Toriles, Ixtapa, Tizapán y Cojumatlán. De las estrechas relaciones de esta cultura con el Centro de México se halla una imaginería que exhibe el estilo y la iconografía de la llamada tradición Mixteco-Puebla, en la cual se configuraron los códices y constituye en especial un lenguaje plástico distribuido ampliamente en Mesoamérica, por lo que también se le denomina Estilo Internacional.

Las vasijas de alabastro pueden ubicarse en esta red de ideología y expresiones de arte compartidas, puesto que tienen su contraparte en las piezas de ónix o tecalli elaboradas en el Centro de México; el tecalli o tecali igualmente es una piedra blanca y translúcida, aunque de mayor dureza.

El cántaro de cuerpo globular, cuello alto y recto, sin bordes en la boca y con tres soportes cilíndricos es una forma de recipiente distintiva de la cerámica Aztatlán en sus múltiples variantes zonales; de tal modo, la obra expresa a la vez valores mesoamericanos y los particulares de la cultura Aztatlán. Además de cántaros o vasos, los artistas de este pueblo tallaron en alabastro vasos con forma de un mono sentado que levanta sus brazos para tomar su cola, la cual se enrolla en la parte superior del recipiente; junto con otros rasgos, como la decoración de vasijas cerámicas con motivos geométricos dispuestos en bandas, pudieran indicar lazos históricos con la posterior cultura mexica.

A raíz de su materialidad, esta vasija tiene un carácter suntuario, de uso restringido para un grupo exclusivo de la sociedad que desarrolló la cultura Aztatlán desde Sinaloa hasta la ribera sur del lago de Chapala, en la confluencia de Jalisco y Michoacán. Está hecha de alabastro, un mineral de calcio cuya consistencia suave precisó una delicada manufactura y artífices especializados; la translucidez es una de sus cualidades más importantes y para ostentarla se creaban láminas sumamente delgadas, tal como puede notarse en las paredes verticales del cántaro.

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