El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Jugador de pelota con yugo ornamentado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Jugador de pelota con yugo ornamentado

Cultura Huasteca
Región Huasteca
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Barro modelado con decoración incisa y acabado bruñido

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1174
Investigador

La realidad social y cultural de la Huasteca es realmente mucho más compleja de lo que hemos supuesto hasta ahora, en buena medida porque aún tiende a prevalecer una visión hasta cierto punto centralista del fenómeno cultural que se advierte al norte del río Tuxpan.

Por años, sobre la base de una cronología muy discutible y buscando referirlo todo al centro de México, se construyeron premisas que no conciben en su justa medida la problemática social que define regionalmente a la Huasteca, particularmente a los territorios que le corresponden en la llanura costera del Golfo de México. Tal parece que siguieran pesando en nuestros días los señalamientos tendenciosos que hicieron los antiguos mexicanos sobre el estado de “barbarie” en el que vivía aquella gente.

La Huasteca es un lugar inmenso, marcado por contrastes medio ambientales. Aunque sus pobladores compartían una lengua ancestral, forjaron una civilización llena de disparidades que confieren a los distintos asentamientos características individuales. Su diferente grado de interacción con otros pueblos de Mesoamérica se asocia con un equilibrio desigual de su influencia política en el territorio. No es que debamos desatender la importancia real de un sustrato cultural común, lo que en realidad sucede –por lo menos para el período Clásico– es que sus manifestaciones se hallan filtradas por las experiencias culturales de cada grupo. Es esto último lo que hace a Tamtoc, en la huasteca potosina, tan diferente –por ejemplo– al sitio de las Flores, excavado por Ekholm (1941) en la periferia de la ciudad de Tampico.

Es decir, el peso de su propia historia termina por imponer rasgos individuales que no por ello implican un distanciamiento real del propio sustrato étnico, lingüístico y cultural.

La figurilla cerámica que tenemos frente a nosotros es en una altísima proporción un producto alfarero típico de la huasteca: el cuerpo estilizado, las caderas voluminosas y las extremidades exageradas. Si nos dejamos llevar por la descripción anterior entonces encontraremos en las vitrinas del Museo Amparo un número realmente muy importante de ellas, pero si buscamos las diferencias podremos reparar de inmediato en su singularidad.

No es que sea de alguna forma “menos” huasteca que las demás, por el contrario, cumple con todos los requisitos formales que se esperan de ellas pero el alfarero que elaboró esta pieza evidentemente formaba parte de una tradición artesanal que se hallaba expuesta a múltiples contactos culturales. Se trata, en efecto, de la representación de un jugador de pelota, lo revela de inmediato el pesado cinturón que viste y la rodillera de la pierna izquierda. Sin embargo, el mismo cinturón –plano y sin decoraciones en la mayor parte de los ejemplos– adquiere aquí volumen y un detalle sorprendente en su ornamentación.

Es en realidad la figuración de un “yugo”, piezas escultóricas muy elaboradas –también muy demandadas por los estratos altos de la sociedad– que reproducen el aspecto de estas pesadas prendas relacionadas con el juego ritual de la pelota. Suelen tenerse por elementos característicos de la cultura de El Tajín y se distribuyen en un vasto territorio de Mesoamérica, llegando inclusive a la Península de Yucatán y a la costa del Pacífico guatemalteco.

Sin apartarse de las convenciones artísticas esperables, también en lo que hace a las pinceladas de pintura negra en el tocado y el cuello, esta figurilla sólo puede explicarse en el contexto de su relación con el “mundo” de la civilización de El Tajín.

La realidad social y cultural de la Huasteca es realmente mucho más compleja de lo que hemos supuesto hasta ahora, en buena medida porque aún tiende a prevalecer una visión hasta cierto punto centralista del fenómeno cultural que se advierte al norte del río Tuxpan.

Obras de la sala

El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico