Olla-sonaja con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla-sonaja con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla-sonaja con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla-sonaja con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Olla-sonaja con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Chupícuaro
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato
Período Preclásico tardío
Año 400-100 a.C.
Técnica

Barro modelado, inciso y policromado

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 785
Investigador

Descripción

Las vasijas cerámicas son el arte más sobresaliente de la cultura Chupícuaro, la diversidad de sus siluetas es impresionante; una parte ostenta elementos figurativos humanos y animales, tal como lo ejemplifica la olla trípode que nos ocupa, del tipo cerámico llamado negro polícromo.

En la parte superior de su perfecto cuerpo globular se le añadieron, por medio del modelado, formas sintéticas de ave: cabeza y cuello, alas y cola cortas. La protuberancia del cuello permite identificarla como un guajolote (Meleagris gallopavo). Se trata de una especie domesticada por los mesoamericanos que sirvió como alimento, proveedor de plumas y también se le atribuyeron valores simbólicos míticos y religiosos. Debido a su limitada habilidad para volar es un ave asociada con el nivel terrestre del cosmos.

Para la interpretación de este recipiente con atributos de guajolote debe considerarse el tratamiento pictórico que se ve en toda la superficie exterior, excepto en la base. Una serie de motivos se plasmó en negro sobre crema, en una base pintada de rojo. Los motivos y las composiciones son de tipo geométrico, abstracto y simétrico; esta decoración policromada se encuentra asimismo en esculturas huecas que figuran humanos. El repertorio de motivos y la paleta cromática son limitados, no obstante fueron combinados y dispuestos con asombrosa versatilidad, y como lo apuntó Muriel Porter, pionera en el conocimiento de la cultura Chupícuaro, se conjunta con una cuidadosa planeación del espacio y las proporciones.

En este caso, hay triángulos lisos, triángulos con uno o dos lados escalonados, líneas rectas y aserradas, bandas y óvalos concéntricos. El abultamiento del cuello es acentuado por un diseño con los óvalos concéntricos y triángulos a manera de rayos, que remite a un sol.  Los diseños del cuerpo están enmarcados por dos bandas con triángulos lisos negros que a su vez figuran triángulos lisos en crema; en la parte media destacan dos bandas anchas con los triángulos con un lado escalonado, en una similar secuencia de alternancia cromática; la banda inferior es especial porque presenta conjuntos de triángulos negros. En el frente se ven separados tres triángulos y dos líneas largas aserradas, que en el rojo del fondo trazan otros tres triángulos.

La ingeniosa composición plástica integral en lo que respecta al color, los motivos el volumen, la forma exterior y la interior funcional – en tanto recipiente –, además incorpora el sonido. Los soportes cónicos están huecos y perforados, y encierran pequeñas bolitas de barro: nuestra vasija-guajolote es también una sonaja, por tanto, podemos deducir que su uso ritual implicó el movimiento, en principio por parte de quien la portaba.

Las vasijas cerámicas son el arte más sobresaliente de la cultura Chupícuaro, la diversidad de sus siluetas es impresionante; una parte ostenta elementos figurativos humanos y animales, tal como lo ejemplifica la olla trípode que nos ocupa, del tipo cerámico llamado negro polícromo.

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