Olla trípode con forma de guajolote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Olla trípode con forma de guajolote

Cultura Chupícuaro
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato
Período Preclásico tardío
Año 600-100 a.C.
Técnica

Barro modelado e inciso

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 769
Investigador

Descripción

El Museo Amparo resguarda otra olla trípode con forma de guajolote muy parecida a la que vemos ahora; la diferencia más evidente radica en que aquella está bellamente policromada en rojo, crema y negro, además de presentar motivos geométricos abstractos; ésta es monocroma. Por lo que toca a la configuración del volumen, son idénticas: los soportes son cónicos y perforados, y los mismos elementos figurativos –cabeza, papada, alas y cola –  se encuentran en la misma disposición. La comparación permite señalar que además del tratamiento pictórico, son diferentes las dimensiones, la pintada es más larga, ancha y alta; lo anterior se traduce en el conocimiento de aspectos del arte cerámico en la cultura Chupícuaro.

Se trata de una producción masiva, por lo menos a lo largo de unos cinco siglos, que evidencia numerosos talleres y cualidades de una industria, no obstante, predomina la técnica básica del modelado, por lo que cada obra es única, exhibe la mano de un artista específico.

Por su sorprendente versatilidad formal y calidad técnica, las vasijas pueden considerarse el arte más destacado del pueblo que se asentara en el sureste de la actual entidad de Guanajuato y la cuenca del lago Cuitzeo en la zona colindante de Michoacán, durante el período Preclásico tardío de la historia mesoamericana. Las más abundantes son monocromas, en café claro u oscuro; los arqueólogos han detectado que las vasijas policromadas datan de una fase más tardía, entre los años 400 y 100 a.C.

Este tipo de obras, hechas con pasta fina, suele mostrar huellas de desgaste que indican su uso en la preparación y el consumo de alimentos (igualmente existió una alfarería de manufactura y materiales simples); comúnmente fueron reutilizadas como ofrendas que acompañaron a los muertos.

En la cultura Chupícuaro se han registrado cementerios conformados por entierros directos, es decir, los muertos no se depositaron en una estructura protectora o recinto arquitectónico. La presencia de las vasijas en las sepulturas sugiere que contenían alimentos o bebidas que servirían a los difuntos en su existencia post mortem; aunado a su función práctica, en sus significaciones funerarias deben considerarse los que aportan como imágenes figurativas. Como ave con cualidades  terrestres, debido a su poca habilidad para volar, el guajolote se asocia con el nivel medio del cosmos; por lo demás, este animal originario de América, fue domesticado y sirvió como alimento a los pueblos mesoamericanos.

El Museo Amparo resguarda otra olla trípode con forma de guajolote muy parecida a la que vemos ahora; la diferencia más evidente radica en que aquella está bellamente policromada en rojo, crema y negro, además de presentar motivos geométricos abstractos; ésta es monocroma. Por lo que toca a la configuración del volumen, son idénticas: los soportes son cónicos y perforados, y los mismos elementos figurativos –cabeza, papada, alas y cola –  se encuentran en la misma disposición. La comparación permite señalar que además del tratamiento pictórico, son diferentes las dimensiones, la pintada es más larga, ancha y alta; lo anterior se traduce en el conocimiento de aspectos del arte cerámico en la cultura Chupícuaro.

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