Desnudos femeninos con peinados elaborados | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Desnudos femeninos con peinados elaborados

Cultura Chupícuaro
Estilo Ojos rasgados
Región Valle de Acámbaro, Guanajuato
Período Preclásico tardío
Año 400-100 a.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje e inciso

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 826
Investigador

Descripción

Las cuatro imágenes presentan las características más distintivas del estilo "ojos rasgados" o “slant eyes”, definido por Muriel Porter, quien realizara indagaciones arqueológicas en el sitio de Chupícuaro antes de que lo cubrieran las aguas de la presa Solís en 1949. Son de formato pequeño, en apariencia paradas – los pies simplificados no pueden sostenerlas –, con cuerpos aplanados, de contorno redondeado y cabeza grande, cuyo largo puede alcanzar la mitad de la altura total; el uso del pastillaje para la figuración de los detalles es abundante.

Los ojos son rasgados y la nariz como un fino prisma triangular que se extiende casi hasta la barbilla; ésta es remetida y prácticamente inexistente pues la cubre una boca diminuta; el rostro es triangular invertido; no tienen cuello, aunque sí collares, y representan mujeres, el tema predominante en la escultura Chupícuaro; tienen los genitales resaltados, los senos, en cambio, pueden estar planos, o separados y levemente abultados; la de menor altura del conjunto los exhibe prominentes. Junto con el gran tamaño de la cabeza, destacan sus variados peinados, tocados y los otros ornamentos corporales, que sobre todo evocan textiles y cuentas de concha. La parte posterior siempre es lisa.

Obras de este tipo fueron ofrendadas en entierros de los chupicuareños; de otra parte, junto con otras expresiones de cerámica, constituyen una evidencia sobresaliente de la influencia de esta cultura fuera del valle de Acámbaro y la zona colindante del lago de Cuitzeo. Destaca su presencia, o imitaciones locales, en sitios del Centro de México que le fueron contemporáneos, como Cuicuilco, Cerro del Tepalcate, Ticomán, el valle Puebla-Tlaxcala y aún Teotihuacán en su fase inicial de desarrollo.

Otro interesante testimonio de esa trama de relaciones son los basamentos piramidales de planta circular extensa y altura baja registrados en el valle de Acámbaro, los cuales remiten directamente a las construcciones más famosas de Cuicuilco, en el sur de la cuenca de México.

En la arquitectura de Chupícuaro igualmente se encuentran edificios y patios hundidos que parecen anteceder la llamada tradición de los patios hundidos del Bajío guanajuatense. La temporalidad de la cultura Chupícuaro que tuvo su asiento en el valle de Acámbaro pudo extenderse hasta el 200 de nuestra era, si bien, ciertos elementos de sus vasijas cerámicas continuaron repitiéndose y sirvieron de base en la elaboración de la cerámica de otras zonas de Guanajuato, el norte de Mesoamérica y Michoacán para el Clásico y el Posclásico, de modo que se ha identificado una “tradición Chupícuaro”.

En tanto, las pequeñas esculturas cerámicas que vemos nos legaron una especie de “retrato” a todas luces selectivo y recreativo de los pobladores del valle de Acámbaro durante el Preclásico tardío. La representación de hombres e infantes es mínima; como se ha dicho, la imagen de la mujer fue el tema privilegiado, se le mira como figura individual y además individualizada, con una atractiva y femenina desnudez ornamentada. El manejo de las proporciones anatómicas parece determinado por la enorme importancia que para esta sociedad tendrían el peinado y sus adornos. En principio, podemos advertir ciertos conceptos de lo femenino, la belleza y atributos de élite; de otras de sus significaciones, entre ellas las de orden religioso en su carácter de ofrendas funerarias, falta mucho por discernir.

Las cuatro imágenes presentan las características más distintivas del estilo "ojos rasgados" o “slant eyes”, definido por Muriel Porter, quien realizara indagaciones arqueológicas en el sitio de Chupícuaro antes de que lo cubrieran las aguas de la presa Solís en 1949. Son de formato pequeño, en apariencia paradas – los pies simplificados no pueden sostenerlas –, con cuerpos aplanados, de contorno redondeado y cabeza grande, cuyo largo puede alcanzar la mitad de la altura total; el uso del pastillaje para la figuración de los detalles es abundante.

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