Cajete trípode con soporte plano | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cajete trípode con soporte plano | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cajete trípode con soporte plano | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cajete trípode con soporte plano | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Mixteca
Región Puebla-Oaxaca
Período Posclásico
Año 900-1521 d.C.
Técnica

Barro modelado, pellizcado y pintado

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 206
Investigador

Descripción

Durante el Posclásico tardío existió una muy extensa y cuantiosa producción de cerámica en Mesoamérica; era uno de los objetos que acompañaban la vida cotidiana de sus antiguos pobladores. Por ello, son fuente de información de primera mano indispensable para conocer las sociedades que las fabricaron a lo largo de los siglos. Su estudio revela también información sobre el conocimiento que tenían del uso de los materiales, sus cambios físicos y químicos, así como los efectos que se producen bajo determinadas variables que, por vía de la experimentación, aprendieron a  manipular hasta crear objetos que lograron conservar por larguísimos períodos de tiempo.

Las investigaciones arqueológicas han avanzado en la identificación de vasijas que son manufacturadas en ciertos sitios, en ciertas épocas y con cierta distribución. Dentro de las vasijas que fueron un bien de lujo de la élite se hacían unas vasijas pintadas; en ocasiones esta pintura sólo era un baño de engobe que luego se pulía para darle más brillo e impermeabilidad, como se puede observar en este cajete.

Al sur de Puebla, desde Cuauhtinchan hasta Acatlán, se hacía un tipo de vasijas con patas que terminan en forma plana y almenada. Este tipo de patas divergentes, que salen redondeadas y terminan rectas en los extremos, en donde se recibe el peso de la vasija, son típicas de la zona que se conoce como Mixteca Baja. Una zona en donde confluyen grupos chocho-popolocas y nahuas.

Las formas de las vasijas son variadas y pueden dar información sobre su uso y función. Se pueden distinguir por su apariencia si fueron vasijas de uso doméstico, de servicio o de cocina, así como las de uso ritual. Gracias a que fueron depositadas como ofrendas para los difuntos, estas vasijas se conservan casi completas. Sabemos, por el contexto en el que se han encontrado, que pertenecían a personajes de cierta jerarquía dentro de las sociedades que vivieron estas tierras durante la época Posclásica tardía.

Esta vasija es de barro café claro y tiene un ligero baño o engobe de color negro ya desgastado por el uso, sobre todo en el interior. En ocasiones las vasijas sufrieron algún daño y fueron restauradas, como en este caso, y sus fragmentos reintegrados completaron la vasija.

No tiene decoración pintada, pero si se observa con atención, las patas planas de la vasija tienen modeladas en la cara exterior pequeñas caritas antropomorfas que miran hacia abajo. Las bases de las patas forman un curioso tocado trapezoidal que les da un carácter ceremonioso a los pequeños bustos moldeados en sus tres patas. Los restos de estuco en los soportes pueden indicar que, al momento de su creación, pudo estar decorada con pintura, lo que refuerza su uso en contextos ceremoniales.

Durante el Posclásico tardío existió una muy extensa y cuantiosa producción de cerámica en Mesoamérica; era uno de los objetos que acompañaban la vida cotidiana de sus antiguos pobladores. Por ello, son fuente de información de primera mano indispensable para conocer las sociedades que las fabricaron a lo largo de los siglos. Su estudio revela también información sobre el conocimiento que tenían del uso de los materiales, sus cambios físicos y químicos, así como los efectos que se producen bajo determinadas variables que, por vía de la experimentación, aprendieron a  manipular hasta crear objetos que lograron conservar por larguísimos períodos de tiempo.

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